Ilustración de cubierta: Hugh Fleming Diseño de cubierta: Doogie Horner

El exorcismo de mi mejor amiga es mi primera aproximación a la ficción de Grady Hendrix, autor al que ya había podido disfrutar en su increíble ensayo Paperbacks from hell. He tenido la oportunidad de leerlo, además, de forma casi simultánea en inglés y en castellano, a través de su edición en Minotauro, y unas semanas antes de que el autor haga su debut en el próximo festival Celsius 232.

Dos jóvenes estudiantes de Secundaria, llamadas Abby y Gretchen, se tienen la una a la otra como mejores amigas desde los tiempos de la infancia. Pero en una noche de juerga en la que se bañan desnudas todo les sale espantosamente mal y Gretchen, a partir de entonces… cambia. Está siempre de mal humor. Irritable. Y empiezan a sucederse extraños incidentes en los que, invariablemente, Gretchen está implicada. Abby empieza a investigar y se adentra en un misterio sobrecogedor…

Cuando la historia llegue a su momento culminante, el destino de Abby y Grechen girará en torno a una única pregunta: ¿La amistad entre ambas será lo bastante fuerte como para derrotar al Diablo?

El exorcismo de mi mejor amiga establece ya algo de su sinopsis: los nostálgicos del terror ochentero, con sus dosis de inocencia, su música macarra, sus personajes adolescentes y referencias a la cultura pop van a adorar esto. Y no lo digo a la ligera: en un verano en que Stranger Things está arrasando con su cuarta temporada, en que vemos el regreso de sagas como Halloween o Scream, encontrarse con un libro que entiende perfectamente cómo usar la nostalgia como arma, y no como excusa, es un vendaval de aire fresco en el algo anquilosado mundo del terror literario.

Y es que en la búsqueda de autores de terror contemporáneo que me interesen (un género literario que, junto con la ciencia ficción, es mi favorito) me voy encontrando una de cal y otra de arena. Por cada libro que saca Joe Hill espero que me conmocione y me divierta como lo hizo en su día Cuernos, pero el autor no parece por la labor. Me acerco a Paul Tremblay para ver si vuelve a conectar con la genialidad que fue Una cabeza llena de fantasmas… y me vuelvo a quedar con las ganas. Lo intento con una novedad que viene laureada por los mejores críticos del mundo (Gótico de Silvia García) y me encuentro con algo tan descafeinado que me pregunto si el terror ha evolucionado algo desde los setentas.

Por suerte lo ha hecho.

Grady Hendrix no es de esos autores que estén moldeando el panorama para convertirlo en algo nuevo. Ni por asomo. Es bastante clásico tanto en sus premisas como en su prosa. Pero qué bien hace lo que hace. El exorcismo de mi mejor amiga es una novela de terror que entiende perfectamente que este tipo de terror precisa contención: una ruptura de la realidad muy clara (la posesión infernal) un contexto histórico que ataca al corazón del lector (los ochentas, continuas referencias a cine, música americana, todo lo que el capitalismo nos ha metido por el gaznate), y unos personajes bien construidos. No necesita muchas páginas, no necesita una narración coral que nos deje patidifusos. Dos amigas, una posesión. Una novela que comprende que el terror puede ser bello. Que las escenas gore pueden ser divertidas. Que el horror en la página (o en la página) puede levantar la risa y el aplauso del público. Leer a Grady Hendrix en esta obra es como encontrarse en una sala de cine durante un festival del mejor cine slasher de los ochentas. Es como reencontrarse con los primeros visionados de La matanza de Texas. Y no lo es por el gore, que no hay mucho, ni por el horror, que es bastante inocente y predecible: lo es porque Hendrix maneja como un maestro la anticipación. Y porque se afana en una sola cosa (que no es darnos miedo): construir dos personajes.

Tan sencillo, tan difícil.

Las protagonistas de El exorcismo de mi mejor amiga son, simplemente, encantadoras. Son un desastre, son mezquinas, son valientes, son divertidas, son estúpidas, son inteligentes. Son humanas. Hendrix construye dos personajes tridimensionales con los que el lector no puede dejar de empatizar, y además lo hace dibujando entre ellas una amistad que se siente tan real que implica completamente al lector en la lectura. La posesión, los problemas de ellas, el cambio de actitud de Gretchen… es un constante ataque al lector. Mira lo que ocurre con los personajes que tanto te gustan. Imagina qué va a ocurrir ahora. Y aunque el terror es, realmente, lo de menos en el libro, la parte sobrenatural está lo suficientemente bien construida como para que no desentone, que sea un añadido sin sentido, que no se convierta en un parodia. No aspira a ser El exorcista, esto es otro rollo. Es una novela que vuelve sobre los pasos de un terror que, por extraño que suene, era más inocente. Un terror donde prima la lucha del bien contra el mal. Donde la amistad es el arma más poderosa y el mal, pues es el mal. Y todas las referencias pop y los huevos de pascua que se deja al lector, al estilo de Ready Player One podríamos decir, no son más que elementos para componer un decorado. No busca sostenerse en la nostalgia para funcionar. Funciona porque funcionan sus personajes.

Sé que he reiterado mucho esta idea, pero es que da gusto encontrar un autor que construye personajes. Porque en todas las mejores obras narrativas que me han atrapado, han sido sus personajes, y nada más, lo que me ha hecho implicarme como lector/espectador.

Me muero por leer más libros de Hendrix. Sobre todo sabiendo que su producción literaria se basa en tomar elementos ya conocidos del terror (vampiros, casas encantadas, final girls) y volver sobre ellos. Minotauro está acercando este autor a los lectores hispanohablantes y no puedo por menos que agradecer la labor. La edición en castellano de El exorcismo de mi mejor amiga presenta una cubierta que imita una caja de VHS, vistosa, cercana a la serie B que tanto añoramos, colorida e interesante. Aunque en castellano se omiten las páginas ajenas a la narrativa que incluyen notas a los padres del instituto de las chicas, fotografías y otros elementos que contextualizan y dan mucha vida al libro. No entiendo la decisión de dejar estos elementos fuera, pero empobrecen la edición. Lo mismo que la traducción, que presenta varios problemas (algo que viene arrastrando la editorial), fallos y juegos de palabra que se pierden completamente y en los que se podría haber trabajado más. No me gusta echar por tierra el trabajo detrás de las ediciones porque nunca sabemos qué condiciones de trabajo se ha tenido, pero lamento decir que esta traducción se podría mejorar mucho.

Con todo, recomiendo muchísimo El exorcismo de mi mejor amiga. En mi opinión es un libro único. Los paladares exquisitos, tanto dentro como fuera del género, clamarán al cielo. Pero lamento decir que este libro no es para ustedes. Es para los que disfrutamos con Stranger Things. Para los que echamos de menos al King de los ochentas y noventas. Los que contamos Viernes 13 entre nuestras películas favoritas. Y sí, claro que literariamente podemos leer cosas más enriquecedoras. Pero a veces no quiero enriquecerme. A veces quiero pasar un buen/mal rato y punto. A veces me apetece una pizza grasienta y a veces un risotto.

Y, madre mía, El exorcismo de mi mejor amiga es la mejor pizza grasienta que me he comido este año.

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