William James Sidis

William James Sidis

Si hablas un idioma, entras dentro de la normalidad. Si hablas dos, eres bilingüe. Si hablas tres, eres alguien excepcional y posiblemente muchos te envidien. Pero, ¿qué pasa si hablas diez?, ¿o veinte?, ¿o treinta? En ese caso se te puede considerar políglota o hiperpolíglota, dependiendo del grado de asombro que produzca tu dominio del lenguaje. Ahora bien, si nos ponemos más puntillosos, los políglotas sirven para designar a alguien que habla más de seis idiomas, mientras que los hiperpolíglotas hablan más de doce.

A la pregunta de cuál es la persona que más lenguas ha hablado en la historia, ni siquiera fuentes tan fiables como Google o el Guinness World Records parecen tener una respuesta clara. Esto ocurre porque definir qué es hablar un idioma tampoco es un concepto que esté claramente delimitado. ¿Quién sabe hablar más idiomas, aquel que puede mantener una conversación básica en cien idiomas o el que domina a la perfección la lectura y la escritura de treinta idiomas? ¿Es lo mismo hablar diez dialectos regionales diferentes que hablar diez idiomas? ¿Cuán diferentes tienen que ser esos dialectos para que se puedan equiparar ambas situaciones? ¿Qué pasa si alguien consigue hablar con fluidez doscientos idiomas a lo largo de su vida pero en un momento determinado domina muchos más mientras que alguien que ha aprendido cincuenta idiomas los ha mantenido con fluidez siempre?

Preguntas como estas son las que demuestran la dificultad de dar con la persona más hiperpolíglota de la historia, aunque hay un puñado de candidatos que sin duda estarían cerca de hacerse con la medalla de oro.

Si hablamos de personas vivas, uno de los hiperpolíglotas más aventajados es Ziad Fazah que, según parece, puede hablar unos 60 idiomas (el número exacto no está claro). En una aparición en televisión Ziad fue incapaz de responder a preguntas básicas en varios idiomas, aunque eso solo demuestra que los estudió en algún momento y los llegó a dominar pero los olvidó. Otro hiperpolíglota comprobado es Alexander Argüelles, que domina unos 50. Una vez más, el número no está claro, e incluso en entrevistas Alexander no da la cifra exacta de las lenguas que puede comprender y hablar. En este caso, el propio Alexander atribuye su dominio lingüístico a miles de horas de estudio y de trabajo. Algo similar ocurre con Timothy Donner, que habla más de 20 idiomas diferentes. Teniendo en cuenta que Timothy tiene veintitantos años, tal vez algún día llegue a superar a Alexander. Un detalle curioso es que Timothy se niega a aprender idiomas que considera fáciles, como el español, y en cambio trata de aprender otros más difíciles como el urdu, el ruso, el árabe, el hebreo o el yiddish.

Si nos fijamos a lo largo de la historia, el libro Babel No More, The Search for the World´s Most Extraordinary Language Learners nos dice que el cardenal Giuseppe Caspar Mezzofanti, entre los siglos XVIII y XIX, es quizá uno de los mayores hiperpolíglotas de la historia, con un dominio de 72 idiomas (aunque tampoco hay cifras exactas). Sus habilidades lingüísticas fueron legendarias en su época, pero no hay acuerdo sobre este caso, ya que Mezzofanti hablaba muchos dialectos y hay quienes consideran que no son idiomas distintos. Pero incluso obviando estos dialectos, Mezzofanti podía hablar turco, árabe, alemán, chino, ruso y dos docenas de idiomas más.

Un ejemplo más reciente es el hiperpolíglota Emil Krebs, nacido en el siglo XIX, que hablaba 65 idiomas diferentes. Krebs presumía de poder traducir la frase «bésame el culo» a 40 idiomas. Cuando alguien le dijo que sería imposible aprender todos los idiomas de la Tierra, Krebs decidió buscar el idioma más difícil de todos y lo aprendió. El idioma que Krebs consideró más difícil de aprender fue el chino. Su dominio del lenguaje era tal que cuando murió en 1930 su cerebro fue donado a la ciencia para estudiarlo.

Otro de los más grandes hiperpolíglotas del mundo fue William James Sidis, un niño cuyos padres utilizaron como conejillo de indias para probar métodos que harían que un niño se convirtiera en un prodigio. A los dos años William leía el New York Times y escribía a máquina, tanto en inglés como en francés. Por desgracia, estudiar siete idiomas diferentes y muchas otras disciplinas dejó a William sin tiempo para ser un niño. Sus padres estaban obsesionados con hacer de su hijo un prodigio y que todo el mundo supiera que había sido gracias a su método. Fue aceptado en Harvard a los nueve años, pero la universidad se negó a permitirle asistir a las clases porque se le consideraba emocionalmente inmaduro. Sus padres llevaron este desaire a los medios y William fue noticia de primera plana en el New York Times, lo que le dio una fama para la que no estaba preparado. Sus padres siguieron presionando más a Harvard y cuando William cumplió los once años cedieron. Se graduó con 16 años pero, pese a su éxito, Havard no fue una experiencia feliz para el joven, ya que fue objeto de numerosas burlas y humillaciones.

Después de dejar Harvard, la sociedad y sus padres esperaban grandes cosas de William. Estudió y enseñó matemáticas brevemente en lo que más tarde se conocería como la Universidad Rice en Houston, Texas. Su fama y el hecho de que era más joven que todos los estudiantes a los que enseñó se lo pusieron difícil. Renunció y se mudó de regreso a Boston. William, brillante como era, se pasó gran parte de su vida luchando contra la fama que sus padres le habían conseguido.

Entró en una etapa en la que se mudaba de ciudad en ciudad y cambiaba de trabajo cada dos por tres, cambiando de nombre para evitar ser descubierto. Durante ese tiempo se cree que escribió al menos una docena de libros bajo diferentes seudónimos, ninguno de los cuales fue recibido con entusiasmo por parte de los lectores. En 1924, después de haber perdido el contacto con sus padres y con cualquier persona cercana de su entorno, la prensa logró dar con él y expuso sus miserables condiciones de vida. En 1937, The New Yorker publicó un artículo en el que describía con detalles humillantes la caída en desgracia del ex niño maravilla.

Un día de verano de julio de 1944, la casera de William lo encontró inconsciente en su pequeño apartamento de Boston. Había tenido un derrame cerebral masivo, su increíble cerebro había colapsado. Nunca recuperó el conocimiento y fue declarado muerto a la edad de 46 años. Entonces, ¿Cuántos idiomas llegó a hablar Sidis? Se cree que unos 4o con fluidez, aunque no está claro cuántos llegó a dominar en cada momento determinado.

Dejando a un lado la triste historia de Sidis, el mayor número de idiomas que se dice que ha hablado una sola persona es 100. Esta afirmación fue hecha por Sir John Bowring, cuarto gobernador de Hong King. Según parece, Bowring estaba familiarizado con al menos 200 idiomas y supuestamente podría comunicarse en 100 de ellos. Sin embargo, aparte del hecho de que él y otras personas cercanas afirmaran esta habilidad, no hay pruebas sólidas del nivel de dominio que tuviera de todos ellos. Ahora bien, teniendo en cuenta que estaba obsesionado con los idiomas y a la vista de los testimonios de quienes le rodeaban, todo parece indicar que si no llegó a dominar 100 idiomas sí manejó los suficientes como para estar en un buen puesto en el ranking de las personas más políglotas de la historia.

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