Icónica escena de El resplandor.

La escritora gótica Ann Radcliffe estableció la diferencia entre horror y terror. El primero se define por su claridad y es el sentimiento de repugnancia que se experimenta al ver directamente lo monstruoso: la bestia que muerde la cabeza de alguien, la sangre en las paredes, el olor pútrido de la carne en descomposición. El segundo, en cambio, se caracteriza por la oscuridad: son los pasos de un monstruo al otro lado de la puerta, la figura sombría que acecha en la oscuridad, la sensación de que todo lo que te rodea está mal de alguna manera imperceptible.

Si bien ambos conceptos puede parecer similares, como puede verse, no solo no son lo mismo, sino que prácticamente representan dos efectos opuestos. Radcliffe argumenta al respecto que «terror y horror son tan opuestos que el primero expande el alma y despierta y el otro la contrae y casi la aniquila». Si te topas con un animal atropellado ensangrentado caminando por la calle es probable que sientas una repulsión absoluta, pero si te despiertas por la noche y escuchas ruidos extraños al otro lado de la puerta de tu habitación se te dispara la adrenalina y te sientes aterrorizado. Algo similar sucede al leer ficción de terror.

En Danse Macabre, Stephen King expande este binomio al agregar la idea de lo asqueroso. Esto último podría ser la cabeza cortada que cae por un tramo de las escaleras o cuando las luces se apagan y algo verde y viscoso te roza el brazo; en cambio, el horror correspondería a lo antinatural, a las arañas del tamaño de osos, a los muertos despertando, como cuando se apagan las luces y algo con garras te agarra el brazo; por último, el terror es cuando llegas a casa y te das cuenta de que te han quitado todo lo que tienes y lo han reemplazado por exactamente lo mismo, es como cuando se apagan las luces y sientes que hay algo detrás de ti, lo escuchas, sientes su aliento, pero cuando te das la vuelta no hay nada. Aunque este último ejemplo de Stephen King también considerarse dentro del concepto de lo siniestro, que a menudo se superpone al terror de muchas maneras.

Para Radcliffe, es el horror lo que nos lleva a experimentar lo sublime, un concepto que ya Victor Hugo oponía a lo grotesco. Esto último conlleva lo exagerado y lo monstruoso, aquello que produce repulsión, pero también cierta fascinación. Lo grotesco puede resultar repelente, pero normalmente es contenido y comprensible. Lo sublime, en cambio, es algo tan vasto e imposible de comprender que produce una extraña sensación de asombro y terror.

A menudo el terror acaba conduciendo a lo sublime. Ocurre con las grandes fuerzas oscuras y violentas de la naturaleza, como con huracanes, terremotos u olas gigantes. Son fuerzas que te abruman con su violencia y su inmensidad, que te hacen sentir lo sublime (al menos cuando se observan desde la distancia). Pero ese concepto de sublime, de oscuridad, en principio parece oponerse a lo grotesco, que es pura claridad. ¿Se pueden combinar en algún momento? ¿Cuando lo horrible se convierte en terror y cuándo lo grotesco puede ser sublime? ¿Hay alguna manera de combinar claridad e incomprensión?

Si bien pueden parecer polos opuestos, hay momentos en los que se tocan. Un ejemplo sería la película El resplandor. Solo tiene algunos momentos de horror claro y explícito, pero en la mayor parte de la película vemos planos e imágenes que no son directamente violentas, como ocurre con las gemelas en el pasillo. En una de sus escenas más icónicas, la de la sangre inundando el pasillo, encontramos una perfecta combinación de lo grotesco y lo sublime. La sangre nos produce asco, pero la escena también provoca una sensación de inmensidad y de asombro que conduce a lo sublime. La sangre nos asquea, pero es la cantidad de sangre lo que nos asombra.

En literatura el ejemplo más célebre es el terror cósmico lovecrcaftiano, en el que los monstruos, vastos y horribles, están mal definidos a propósito. Sabemos que tienen tentáculos, pero poco más, son imposibles de comprender y cuando se describen se hace usando adjetivos abstractos o ambiguos (que nadie se deje engañar por el hecho de que Cthulhu haya sido reducido en el imaginario colectivo a una especie de ser con cabeza de pulpo). Otro ejemplo podría ser Hannibal, en donde los asesinatos se convierten en una especie de proyecto artístico. A medio camino entre el arte culinario y el visual, las imágenes de semejante espectáculo combinan una profunda repugnancia con una especie de espiritualidad y de asombro estético. En lo personal, uno de mis ejemplos preferidos es la trilogía Southern Reach de Jeff VanderMeer. No solo en Aniquilación, donde lo incompresible y amenazador rodea a los personajes en todo momento, y que tiene uno de sus puntos climáticos con la aparición de un ser monstruoso, medio animal y medio humano, que incomprensiblemente tiene en su interior a uno de los personajes, sino que a medida que va avanzando la trama, lo grotesto sublime va invadiendo la realidad.

Lo grotesco sublime no suele atacar ni ser amenaza inmediata para los personajes, sino que más bien es una especie de presagio, un monumento a la oscuridad, un peligro que acecha dentro o detrás, pero en cualquier caso no algo directamente violento. Logra combinar la claridad del horror con la oscuridad del terror. Es decir, vemos imágenes claramente pero su significado es oscuro e incomprensible.

Comentarios

comentarios