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Son muchos los robos de obras de arte que se han producido a lo largo de la historia, en algunos casos de piezas tan conocidas que se suponía que estaba protegidas con sistemas de seguridad que eran infranqueables. Sin embargo, incluso en esas obras sucumbieron al robo. En otros casos, hubo ladrones que consiguieron engrosas un curriculum delictivo de cientos o incluso miles de obras robadas. De cualquier modo, a continuación hacemos un repaso por los ladrones de arte más célebres de la historia (al igual que hicimos en su día con los ladrones de libros).

Vincenzo Peruggia

Uno de los robos de arte más impresionantes de la historia lo cometió Vincenzo Peruggia, que consiguió robar nada más y nada menos que la «Mona Lisa» en 1911. Para ello, Peruggia, que trabajaba en el museo, pasó toda la noche en un armario de la limpieza y consiguió salir del museo con la pintura escondida en su abrigo. Este robo se convirtió en un verdadero misterio. El primer sospechoso fue el poeta vanguardista Guillaume Apollinaire, que además fue crítico de arte y uno de los responsables del nacimiento del cubismo, un personaje cuyo odio hacia el Louvre era bastante conocido. Durante el interrogatorio, Apollinaire señaló nada más y nada menos que a Pablo Picasso, que también fue interrogado. Al final, ambos fueron puestos en libertad. Como consecuencia del robo, la museo cerró una semana, los administradores del museo fueron despedidos y se cerraron las fronteras francesas hasta que se registraran todos los barcos y trenes que quisieran salir del país. Además, se ofreció una recompensa de 25.000 francos. Después de dos años, Peruggia fue atrapado cuando intentaba vender el cuadro a los directores de la Galería Uffizi en Florencia. Peruggia se declaró patriota italiano que pensaba que el cuadro debía volver a su país, algo que fue aclamado en Italia. Solo estuvo siete meses en la cárcel.

Pablo Picasso

No es que Picasso fuera un ladrón de arte consumado (como se demostró, no estaba relacionado con el robo de la «Mona Lisa»), pero sí se sabe que fue poseedor de obras de arte robadas del Louvre. En 1907, Picasso compró un par de cabezas de estatuas ibéricas del siglo III a.C. que había robado el ladrón belga Joseph Gery Pieret. A día de hoy todavía no se sabe si Picasso le encargó o no el robo. El artista estaba fascinado por la historia de los íberos y le dijo a Apollinaire que estaba dispuesto a descubrir los secretos de su arte antiguo y bárbaro. Las estatuas, que estuvieron mucho tiempo escondidas en el cajón de los calcetines, sirvieron de inspiración para su pintura de 1907 «Las señoritas de Avignon», obra que hoy se considera como la iniciadora del cubismo. No nos engañemos, Picasso está en esta lista no por ser un ladrón de arte consumado, sino por ser Picasso y por lo que este robo significó en la historia del arte.

Bruno Lohse

Bruno Lohse fue un marchante de arte alemán que durante la Segunda Guerra Mundial ayudó a Hermann Göring a conseguir la colección de arte privada más grande de todo el continente. Lohse, que había sido comerciante de profesión, fue el principal saqueador de arte en París durante la ocupación. Llegó a la ciudad en 1940 para catalogar la colección del marchante franco-judío Alphonse Kann, que al final perdió casi por completo. Entre 1942 y 1944, Lohse supervisó el robo de unas 22.000 obras de arte en Francia, reservando las más valiosas para el Museo del Führer, que Göring y Hitler estaban planeando construir. Tras la rendición alemana, Lohse evitó una considerable condena colaborando con las autoridades en los juicios de Nuremberg (aparentemente, porque también aportó mucha información falsa). Aunque se le había prohibido seguir en el negocio del arte, es sabido que consiguió reunir una importancia colección de pinturas expresionistas, valoradas en millones, tras la guerra.

Kempton Bunton

En ocasiones, una de las motivaciones de un ladrón de arte es la venganza. Kempton Bunton era un conductor de autobuses prejubilado con modestos ingresos. Su complicada situación económica le hizo concebir una idea en 1961. El gobierno británico estaba dispuesto a pagar varios millones de libras para mantener el «Retrato del duque de Wellington» de Goya en el país. Bunton fue capaz de burlar los sistemas de seguridad de la Galería Nacional y escapó por la ventana del baño con el cuadro en su poder. En una carta que envió a Reuters, exigió amnistía y 140.000 libras esterlinas, además de exigir que el gobierno invirtiera más en los ancianos, una petición que fue rechazada. En 1965 devolvió el cuadro de forma anónima y unas semanas después se entregó a la policía. Fue declarado culpable, pero no por robar la pintura, que la había devuelto, sino solo el marco. Bunton fue, en definitiva, un ladrón muy poco convencional, que había sido descartado como sospechoso porque parecía imposible que hubiese cometido semejante atraco. Este robo, el único que se ha producido en la historia de la Galería Nacional, inspiró una película titulada El duque en 2020.

Rosa Dugdale

Aunque ha pasado a la historia como una de las pocas ladronas de arte, Rosa Dugdale debería considerase más una activista que una ladrona propiamente dicho. Heredera de una fortuna, Rosa se rebeló contra su elegante educación y decidió unirse al IRA a finales de la década de 1960, tras radicalizarse en las protestas estudiantiles de 1968. Dio gran parte de su herencia a los pobres y formó parte del movimiento por los derechos civiles, aunque sobre todo se implicó en la independencia de Irlanda y se convirtió en un miembro activo. En 1974, ayudó a asaltar la casa de un político del Partido Conservador Británico y robó 19 obras de arte que incluían piezas de Francisco Goya, Peter Paul Ruben o Thomas Gainsborough, aunque el mayor botín fue «La dama escribiendo una carta con su doncella» de Vermeer. Aunque dejaron una nota de rescate exigiendo dinero y la liberación de presos del IRA, finalmente fueron atrapados y Dugdale fue sentenciada a nueve años de prisión. Después de ese incidente siguió luchando por la independencia de Irlanda, pero desde un ámbito más legal.

Vicenzo Pipino

Vicenzo Pipino fue la primera persona que consiguió robar en el Palacio Ducal, aunque en su curriculum habría que añadir más de 3.000 robos en museos, galerías y bancos. Pipino, que tiene conexiones con el ficticio ladrón francés Arsène Lupin, supuestamente comenzó a robar a los ocho años, mientras trabajaba como chico de los recados. Debido a su miedo a la oscuridad, cometió todos sus robos de día, muchos de ellos en residencias alrededor del Gran Canal de Venecia y de la Piazza San Marco. Pipino era un escalador consumado y se comportó como una especie de Robin Hood moderno, robando solo a ricos. Uno de sus atracos más importantes fue, en 1991, el de la «Madonna col bambino» del Palacio Ducal, la antigua residencia del dux de Venecia, reconvertida en museo, aunque no tardó en devolver el cuadro, ya que buscaba más la notoriedad de el enriquecimiento. Sus robos acabaron en quince sentencias y en más de veinticinco años de prisión, condenas que cumplió en Italia, Alemania, Francia y Suiza. Ha publicado dos autobiografías y aunque está jubilado, todavía afirma que está destinado a morir en la cárcel.

Stephane Breitwieser

Entre 1995 y 2001, el ladrón de arte francés Stephane Breitwieser robó unas 239 obras de arte, valoradas en unos 1.400 millones de dólares, en 172 museos de toda Europa, mientras viajaba por el continente trabajando como camarero. Haciendo cuentas, se podría decir que de media cometía un robo cada quince días, por lo que no es sorprendente que The Guardian lo describiera como el ladrón de arte más prolífico del mundo. Se centró en gran medida en museos locales y regionales, con medidas de seguridad menos efectivas. Lo que diferencia a Breitwieser del resto de ladrones de arte es que no robaba para enriquecerse sino que era un amante del arte y un gran conocedor, sobre todo de las obras de los siglos XVI y XVII. Nunca vendió nada que hubiera robado y algunas de esas obras acabaron colgadas en su propia casa. Sin embargo, su madre destruyó unas cien obras para intentar hacer desaparecer pruebas en su contra. Al final, Breitwieser fue atrapado en 2001 cuando intentaba robar una pieza del siglo XVI del Museo Richard Wagner en Lucerna, Suiza. Cumplió una condena de tres años y publicó unas memorias en 2006. No parece que este ladrón haya dejado atrás su vida delictiva, teniendo en cuenta que después de la condena ha sido arrestado en varias ocasiones más por robo.

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