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Tal vez porque sea consciente de que nunca podré llegar a abarcarlos, o porque intentarlo siquiera exige una energía que está más allá de mis posibilidades, los libros especialmente grandes tienden a sobrecogerme. En la cima de esos esfuerzos se encuentra, sin duda, Marienbad My Love de Mark Leach. Con sus 17,8 millones de palabras, es casi doce veces más grande que En busca del tiempo perdido, por nombrar uno de esos libros que tradicionalmente se considera extensos. Tan grande es que Leach publicó las 10.710 páginas de su novela en 17 volúmenes.

Sin embargo, el volumen que recientemente ha sido publicado por el artista multidisciplinar Ilan Mamouach puede ostentar sin miedo a ser superado el título de volumen único más largo del mundo con sus 21.450 páginas. Se trata de un libro titulado Onepiece, una edición limitada del manga One Piece de Eiichiro Oda, que desde 1997 ha serializado todas las semanas la revista japonesa Shōnen Jump.

El libro tiene tantas páginas y su lomo es tan ancho que prácticamente se convierte en ilegible, lo que hace que más que un libro de verdad sea similar a una escultura con forma de libro casi imposible de leer. Con este extravagante ejemplar Mamouach quiso criticar el desenfrenado ecosistema de creación y difusión de los cómics digitales, contraponiéndolo a un producto de artesanía único. Este libro también se hace hincapié en el doble valor que tienen los cómics, como libros que se leen, pero también como objetos de coleccionismo, es decir, como literatura y como mercancía, algo que podemos ver claramente con empresas como CGC, que se dedica a evaluar el valor de lo cómics y a protegerlos adecuadamente.

Y parece que Manouach ha dado con el dedo en la llaga, porque las 50 copias que lanzó, a razón de 1.900 euros cada una, se agotaron a los pocos días de su lanzamiento, el 7 de septiembre.

El problema es que Manouach no pidió permiso a Eiichiro Oda ni a Shueisha, la editorial japonesa de Oda, para publicar su libro, amparándose en que el libro es físicamente imposible de leer. Pero aunque Oda no perciba nada en concepto de derechos de autor, no hay que olvidar que se trata del creador manga más rico de la historia, con una fortuna estimada en unos 200 millones de dólares. No en vano, One Piece figura en el Libro Guinness de los récords como el cómic con mayor cantidad de copias publicadas con unos 416 millones hasta la fecha.

No es tampoco la primera vez que el arte se apropia de contenidos del mundo del cómic. De hecho, como recuerda David Barnett en un artículo de The Guardian, el artista pop Roy Lichenstein construyó su carrera gracias a esa técnica, copiando imágenes de cómics existentes en muchos de sus lienzos más conocidos, valorados en decenas de millones de euros.

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