El terror es un género que en literatura es capaz de todo y de nada. Que puede conseguir sobrecoger al lector o dejarle completamente frío. La autora María de Sancha debuta en el género y en la literatura con Un año en Tinieblas, una novela que mezcla la narración histórica y el horror y nos enseña que, a veces, hay caminos en medio.

Septiembre, 1816. El pueblo castellano de Tinieblas aún se lame las heridas de la invasión francesa. La monja Soledad Espinosa asiste al doctor mientras intenta esquivar las obsesivas atenciones de la Hermana Alba; el legendario inquisidor Diego Jubera busca al guerrillero ‘El Empecinado’, oculto en la casa de una celosa adolescente; el secretario del duque de Santiesteban, un arribista profesional, corteja agresivamente a la hija de su señor…

Un día el pueblo amanece sin sol; es el inicio de un sombrío año de muerte que pasará a la historia como el Año Sin Verano. Algo acecha en la oscuridad, asesinando a los lugareños; los cadáveres aparecen mutilados, sin sangre en las venas.

Mientras el reguero de víctimas exangües crece, los habitantes de Tinieblas sucumben al terror y a la locura…

Lo que sucede con Un año en Tinieblas es que el debut de María de Sancha me parece excelente. Ojo: excelente como debut. Me encanta leer voces femeninas en terror, me encanta la ambientación de la España oscura del siglo XIX y, desde luego, me encanta el terror. Es difícil hablar del libro sin desvelar parte de la trama, que es el gran sustento de esta obra. Como comentario a la misma me contentaré con decir que es una trama sólida, construida sobre personajes bien construidos y cuya lectura es deliciosa.

Compone una historia que parece victoriana, pero la hace en la España rural, cosa que agradezco tanto que el mero hecho de leer las primeras páginas y contemplar la ambientación (y lo bien que la autora la establece, la describe, invitando al lector a unirse a un vodevil pueblerino en que todo son apariencias y bailes de máscaras) ya supe que el libro me engancharía. Y es que parece aspirar al barroquismo, a la pompa, huyendo de convencionalismos del género actuales y abrazando la tradición, el horror clásico de Drácula.

Sin embargo, no todo van a ser halagos. Y es que, como decía al principio, el género de terror es capaz de lo peor y lo mejor. Pero a veces también es capaz de lo que hay entre medias. Un año en Tinieblas goza de una virtud de la que muchos (demasiados) libros carecen: una prosa rítmica, bella y robusta. María de Sancha escribe muy bien, y eso salta a la vista desde las primeras páginas.  Ahora bien, la autora parece no saber cuándo es demasiado. Desde los primeros capítulos la sordidez que trata de describir, la nausea que trata de provocar en el lector a través de descripciones detalladas sobre horrores y escenas truculentas se vuelve demasiado evidente. El libro lo intenta demasiado, de tal modo que termina por convertir muchas escenas (demasiadas) en absolutas parodias con las que el lector no creo que consiga ni asquearse ni sobrecogerse. El uso de la sutileza propia de las mejores obras de terror brilla por su ausencia y Un año en Tinieblas se convierte en una suerte de película gore de los ochentas (que me encantan), pero no una de Carpenter o Holland. Más bien una de bajo presupuesto. Y es una lástima porque la trama, la ambientación, los personajes y el poderío de la prosa no se merecen ponerse al servicio de algo tan deliberadamente pensado para asquear al lector. En esto sentó cátedra Clive Barker con Libros de Sangre y el resto de su obra enfocada en el terror, y María de Sancha parece querer seguir ese camino, pero en este caso se ha pasado en la frenada.

Con todo, no puedo no recomendar Un año en Tinieblas a todo el que quiera leer terror. Y lo recomiendo por varias razones: la primera, porque supera la mayoría de obras que aspiran a un terror bien escrito y realmente tétrico; por otra, porque es un buen debut para una autora que demuestra que tiene ideas, que tiene oficio y que es capaz de componer un corpus sobre el que sostener una novela. Y, por último, porque se aleja de los convencionalismos del terror yanki, del mal llamado «terror elevado» y del complejo que parecen tener muchas (demasiadas) obras patrias de horror. En este aspecto, Un año en Tinieblas se enmarca dentro del movimiento de terror en castellano que siguen autores como Rubén Sánchez o Ismael Martínez Biurrun: que trata de personajes, que no se amilana ante el poder de que la trama gobierne la tormenta y que toma España como escenario del horror y no necesita que un personaje se llame Billy para que creamos a pies juntillas en todo lo que le sucede. Tengo ganas de seguir leyendo a María de Sancha y tengo ganas de que vuelva a apostar por el terror, aunque esta vez le pediría contención: muchas veces es mejor sugerir que mostrar.

Un año en Tinieblas es una novela editada por Dolmen en su colección Stoker.

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