Una de las palabras más usadas en el mundo tiene una historia ligada a un taller textil, una familia italiana y una marca de ropa interior femenina. Cómo en una sobremesa de domingo nació el símbolo de la modernidad. Las escena ocurre en una casa del barrio porteño de Flores. Después vendría la mudanza a otro barrio, a Caballito más precisamente. Los cuatro hermanos Rigoni comparten la mesa con la misma naturalidad con que comparten su trabajo en la empresa familiar: fabrican ropa interior para mujeres, que comenzaron vendiendo en su local de calle Viamonte 611, esquina Florida, en pleno centro de Buenos Aires. Después llevarían sus productos a todo el país. Casa Zule era lo que hoy llamaríamos el emprendimiento de los hermanos Zulema, Amelia, Rodolfo y Ernesto. Los varones se ocupaban de la confección, y las mujeres del local. Era la década del 50.

En 1953, Ernesto Rigoni pone sobre la mesa la idea de lanzar un modelo nuevo, un tipo de bombacha con portaligas pero confeccionadas de modo que no se vieran ni las costuras ni los bordes. Hoy se diría que fue un innovador. Naturalmente una de las necesidades básicas del nuevo producto era el nombre, y ahí es cuando ocurrió el momento mágico. En medio de la lluvia de ideas, una produjo el silencio que reconoció el hallazgo: las medias se llamarían Internet.

Ese mismo año Rigoni registró el nombre como marca, y de esa manera quedó documentado el ingreso al idioma -a todos los idiomas- de una palabra nueva, que con el tiempo se convertiría en algo tan natural y necesario como el aire. Casa Zule comenzó a fabricar y vender sus Medias Internet, y en 1963 Rigoni renovó la patente de su marca. Avatares del destino y de la economía (que en Argentina son lo mismo), hicieron que la llegada masiva de productos importados dejaran en posición fuera de juego a los Rigoni, que lenta pero inexorablemente padecieron la paulatina declinación de su fábrica hasta su cierre definitivo.

En 1987 falleció Rodolfo, el último de los cuatro hermanos, y con la fábrica ya desaparecida desde algunos años antes, la marca fue, como diría Borges, de todos y de nadie, como al principio. Ninguno de los cuatro hermanos llegó a ver en qué se convirtió Internet. Si la hubieran conocido, no sabemos qué hubieran pensado en una de esas sobremesas del barrio de Flores.

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