Gatos antropomórficos, ranas asesinas, pájaros muertos o insectos que bailan a la luz de la luna no son precisamente algo que asociemos a la Navidad. Sin embargo, en el siglo XIX, no pensaban que fuera extraño enviar estas sombrías imágenes acompañadas de un mensaje deseando, con los mejores deseos, unas felices fiestas.

Muchas de esas extrañas tarjetas navideñas victorianas circulan por las redes sociales cada temporada navideña. ¿De dónde vienen y qué significan? Gran parte de ee significado se ha acabado perdiendo a través de la historia, pero hay que tener en cuenta que, a diferencia de la época actual, la Navidad no era una fiesta ampliamente celebrada a principios del siglo XIX. A lo largo de ese siglo toda la iconografía y simbología previa a Papá Noel, a los árboles de Navidad, los regalos y la nieve fue poco a poco evolucionando.

El auge de la Navidad en la Inglaterra victoriana se remonta a la reina Victoria, cuyo marido, el príncipe Alberto, nacido en Alemania, celebró sus vacaciones de 1848 decorando un árbol. Según la BBC, la primera tarjeta navideña conocida data de 1843, en la que Henry Cole ilustra a una familia feliz alrededor de una mesa. A pesar de ser un detalle algo caro para el ciudadano medio, la tradición se acabó imponiendo, como demuestra el hecho de que en 1880 la nueva industria generara 11,5 millones de tarjetas. Tanto interés había en las tarjetas que Alfred Tennyson recibió 1.000 guineas simplemente por escribir un poema de tarjeta de Navidad.

Lo interesante de esta festividad, más allá de la cultura cristiana, es que se celebraban los valores de la clase media y de la identidad inglesa, lo que explica que se sumaran a su celebración personas de otras creencias religiosas. Si bien es cierto que muchas tarjetas se centraban en el tema religiosa, también abundaban las que de forma deliberada se apartaban de la religión. A esto hay que sumar que en toda Europa, y por supuesto en la Inglaterra victoriana, las tradiciones paganas han tenido una indudable presencia.

A las tarjetas podían pasar toda clase de imágenes y símbolos no necesariamente identificables con la religión. A menudo, por ejemplo, se evocaban mensajes sociales, como cuando se incluía un pájaro muerto, un elemento que recordaba a las personas los niños pobres que mueren en las calles en invierno. Aunque como felicitaciones navideñas sean extrañas en la actualidad, incluso las tarjetas más espeluznantes tenían un significado para el remitente.

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