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A pesar de haber demostrado ser un sector reticente a los cambios de modelo, en los próximos años vamos a asistir, como en muchos otros ámbitos, a una verdadera revolución de la industria editorial por la entrada en el juego de un nuevo y revolucionario elemento: la inteligencia artificial. Ya hemos visto cómo ha editoriales que la están implementando en ilustraciones infantiles. Sin embargo, la forma en la que la voz artificial puede alterar el mercado de audiolibros todavía está por ver, incluyendo dilemas éticos como utilizar la voz de algún actor fallecido para narrar un audiolibro.

Durante más de dos siglos se ha intentado reproducir el habla humana a través de medios mecánicos, imitando los órganos usados por el hombre para hablar, como fuelles para los pulmones o un tubo para el tracto vocal. Ahora, modelos informáticos como WaveNet, DeepMing o Tacotron han logrado eso virtualmente, utilizando tecnologías como redes neuronales, que imitan la forma en que funciona el cerebro humano para mejorar continuamente la velocidad y la precisión. Muchas empresas emergentes utilizan estos modelos como base para construir sus propias aplicaciones.

El argumento de que un narrador humano es siempre mejor que una IA es una falacia. Las aplicaciones de voz artificial utilizan voces humanas para aprender y usan réplicas de voces humanas clonadas para conseguir un tono y una emoción realistas. La producción de un audiolibro a la manera tradicional, por otra parte, es un proceso lento y costoso. Hace falta implicar a muchas personas en un trabajo que puede llevar decenas de horas, a lo largo de varios meses. Una IA puede reducir este trabajo a días y abaratar el los costes hasta más de una quinta parte.

De entre los más de cien millones de libros impresos en el mundo, hay entre veinte y veinticinco millones de libros electrónicos y solo medio millón de ellos tienen una versión en audiolibro, de los cuales, el 90% está en inglés y la mitad de ellos se produjeron en los últimos cuatro o cinco años. El coste y el tiempo que lleva producir un audiolibro es la principal causa de estas cifras, que son especialmente ridículas en el caso de la literatura que no está en inglés. Para cualquier editorial, implementar una IA en este proceso puede ofrecer enormes oportunidades de mercado. La editoriales pequeñas e independientes cuyos libros no llegan a convertirse nunca en audiolibros o la editoriales en lenguas minoritarias tienen con la voz artificial una oportunidad única para difundir sus libros.

Aparentemente, la voz artificial podría funcionar mejor en textos comerciales o académicos, ya que los lectores de esos libros tienden a comprarlos por la información que ofrecen en lugar de por contar historias, pero eso no significa que la voz artificial no funcionaría igual de bien para la ficción.

Por ahora, el creador y distribuidor de libros más grande del mundo, Audible, solo se dedica a audiolibros narrados por humanos, pero inevitablemente esto acabará cambiando. La actitud de las editoriales ante los audiolibros ha cambiado mucho en los últimos años. Ha pasado de ser un extra a algo que se considera desde un primer momento. A medida que la tecnología avance y la demanda de contenido de audio crezca, las ventajas que suponen la IA hará que la reticente industria editorial se convenza de la necesidad de utilizarla.

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