Juez Dredd es una de esas sagas con las que uno no sabe por dónde empezar. Por lo complejo y extenso de su propio folclore, como por la longevidad de la saga en sí.

Pero comenzar por el principio parece lógico.

Es juez, jurado y verdugo. Las calles de la futurista Mega-City Uno son su jurisdicción; su palabra es ley y su puño de hierro, la justicia. Él es el Juez Dredd, policía sin piedad, y ningún delincuente escapará a su control, ya sean criminales en mallas, científicos locos, golfos, invasores alienígenas, robots fuera de control o compañeros renegados. No saben lo que les espera…

En verano de 1981 el avance imparable del Juez Dredd en la cultura pop le llevó a irrumpir en las tiras de prensa semanales del diario Daily Star, convirtiéndose en un éxito inmediato. Inéditas en español durante cuarenta años, ha llegado el momento de descubrir en orden cronológico aquellas aventuras macarras, divertidas y repletas de acción con guion de dos leyendas de la historia del cómic como John Wagner (La Decimotercera Planta, Detective Comics) y Alan Grant (Batman, La Decimotercera Planta) y dibujo de Ron Smith.

Dolmen reedita ahora lo que empezaron siendo unas tiras de prensa, publicadas en Daily Star, y cuya continuidad acabó por transformar la serie en un auténtico referente de la cultura pop. ¿Quién no recuerda la mítica cinta protagonizada por Sylvester Stallone y la coletilla “yo soy la ley”? Lo cierto es que estas y otras cintas de los ochenta y noventas cimentaron una curiosa manera de entender el cine de acción, y muchas de ellas venían directamente de la viñeta.

En lo que solo puedo definir como una edición de auténtico lujo, Dolmen rescata la primera época del héroe (aunque tiene mucho de antihéroe, ya hablaremos de ello), la que va desde inicios de los ochenta a mediados, en tiras que ocupan una sola página (apenas 6 o 7 viñetas) y que narran historias cortas, cuyo inicio, nudo y desenlace se suceden a tal velocidad que el ritmo de lectura se vuelve endiablado. Y es que lo más interesante de esta recopilación de Juez Dredd 1981-1985 (primer volumen de lo que pinta como una colección fetiche dentro de la veterana editorial) es admirar la narrativa constreñida a una tira. Algo que me resulta fascinante y que me ha animado a leer más tiras; la capacidad que tienen los guionistas (John Wagner y Alan Grant) para construir una narración con sentido dramático en un espacio tan corto. Las tiras de Juez Dredd están repletas de acción, pero también de elementos que componen un mundo propio que, juntos, nos dibujan una obra compleja y sólida. En los primeros años se aprecia cómo casi cada tira introducía un elemento nuevo que nos contextualizaba una ciudad y un mundo futuros que, ya en formato cómic, arrojarían un escenario y unas tramas muy logradas. Es un ejercicio muy interesante comprobar hasta qué punto cada elemento es imprescindible en la tira: la elección de las viñetas, los escuetos diálogos y cartelas que deben no solo servir como motor de la narración (junto con el propio dibujo), sino además poner en contexto al lector que quizás entonces no hubiera leído anteriores tiras y comenzara la lectura por primera vez. Un auténtico ejercicio de arqueología del tebeo y de la prensa gráfica.

Por otro lado, el dibujo es espectacular. En sobrio blanco y negro se nos presentan unas viñetas con tanto movimiento, tanta acción, que es fácil olvidar que la tira terminará en apenas unos minutos de lectura. La lectura de este primer volumen de Juez Dredd 1981-1985 se me ha hecho, sencillamente, frenética. Y como guinda del pastel nos encontramos nada más arrancar su lectura con la primera tira del Juez, esta vez dibujada por Mick McMahon en lugar de Ron Smith. Una rara avis que nos presenta un dibujo muy distinto a lo que podremos ver en páginas posteriores (y a la postre, lo que sería el diseño fundacional para posteriores cómics): un Juez Dredd más estilizado, con un traje menos recargado, una escala de grises y negros mucho más pronunciada. Unas viñetas donde predominan el bocadillo y las cartelas frente a la acción y la sobreexplotación de elementos, ese horror vacui tan efectivo y elegante que se da en páginas posteriores.

Juez Dredd, cocreado por John Wagner y Carlos Ezquerra, y que viene amparado en el aura de la mítica 2000 AD, es un personaje cuya rectitud y respeto por la ley lo convierten, en mi opinión, en auténtica parodia del estado policial. Es tal la adecuación del Juez a la ley que en la mayor parte de sus aventuras hostiga a inocente, castiga en desmesura. Es tan literal que parece ridículo, convirtiendo su figura en un auténtico mal ejemplo. El juez no parece humano, parece un código penal al que le han salido piernas, brazos y boca, y que se dedica a seguir al pie de la letra algo tan ambiguo como la vida misma: la justicia. No sé si la crítica es consciente o no (por la época histórica y lugar de creación, sospecho que sí), ni si está clara para todos los lectores. Pero a mí me parece meridiano.

Los amantes de Juez Dredd encontrarán en esta edición un fetiche sin el que cualquier colección resulta exigua. El neófito (como era mi caso) se encontrará con una puerta de entrada inmejorable. No solo he querido adentrarme en el submundo del Juez Dredd (y he comenzado volviendo a ver la cinta, leyendo algunos de los tomos recopilatorio que he podido encontrar y jugando al videojuego de SNES); además me ha servido para valorar mucho más la complejidad de la tira. En un margen narrativo tan constreñido y limitado se pueden crear verdaderos mundos de fantasía y ciencia ficción que no tienen nada que envidiar a las sagas con miles y miles de páginas.

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