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A menudo la ciencia ficción suele relacionarse con tecnología por el momento inasequible, pero también existe un tipo de ciencia ficción ambientada en un futuro científicamente plausible. Dentro de este último grupo, existe un conjunto de historias que ponen sobre la mesa la degradación ambiental del planeta y el cambio climático y que lo hacen desde un punto de vista extremadamente documentado para ser respetuoso con la ciencia.

Por ejemplo, en Hummingbird Salamander, de Jeff VanderMeer, autor de Aniquilación, se desarrolla una historia que gira en torno al ecoterrorismo y a la pérdida de especies en un futuro cercano. VanderMeer usó la ayuda de Meghan Brown, bióloga del Hobart and William Smith Colleges en el norte del estado de Nueva York, como asesora científica. Brown diseñó las especies ficticias, pero biológicamente plausibles, de aves y anfibios que persigue el protagonista a lo largo de la historia. Para VanderMeer, la influencia de la ficción depende de la obra, qué tan popular sea o cómo impacta en los lectores. «Algo puede parecer muy ecológico pero tener muy poco efecto real», dijo el autor.

La idea de que el entorno de la Tierra podría ser diferente en el futuro es mucho más antigua que la preocupación por el medio ambiente. H.G. Wells lo imaginó en 1895 cuando escribió La máquina del tiempo. Sin embargo, no fue hasta la década de 1960 cuando los autores comenzaron a abordar como tema la degradación ambiental causada por el hombre en sus obras de ficción y el cambio climático no entraría en escena hasta unas décadas después. Una de las primeras obras principales que podría etiquetarse explícitamente como ficción climática fue la Parábola del sembrador, escrita por Octavia Butler en 1993. La historia sigue a una adolescente en un futuro desestabilizado por el cambio climático, aunque gran parte de la fama de esta novela se debe a que muchas de las predicciones de Butler se han hecho realidad. Nada especialmente sorprendente teniendo en cuenta que en el archivo de Butler abundan los recortes de periódicos con noticias que hacen referencia al cambio climático.

Jeff VanderMeer (Fuente).

De hecho, la documentación es fundamental en muchos de los autores de ciencia ficción, que se han tomado muchas molestias para garantizar la precisión de sus representación y la coherencia entre ciencia y naturaleza. «Creo que el escritor tiene la responsabilidad de acertar [los detalles] en una situación realista», dice VanderMeer, porque de lo contrario «promulga algo falso que podría ser potencialmente dañino».

Incluso a sabiendas de que la historia es obviamente ficticia, cometer errores puede ser perjudicial. Por ejemplo, investigadores de la Universidad de East Anglia en el Reino Unido encuestaron a 400 espectadores antes y después de ver El día de mañana de 2004, en el que una nueva edad de hielo aparece de la noche a la mañana. Descubrieron que los espectadores se sentían algo más preocupados por el cambio climático al principio, pero acabaron confundidos al tratar de separar la ciencia ficción de la realidad científica, sintiendo que era menos probable que experimentaran eventos extremos de cambio climático durante su vida. En otras palabras, retratar un escenario tan descabellado puede ser irresponsable porque podrían no tomarse en serio predicciones realistas.

Es cierto que los lectores no leen ciencia ficción para por lo que puedan contener de real, pero eso no significa que no puedan usarse como herramienta para aumentar la comprensión de los hechos científicos. Decir simplemente que la temperatura subirá un par de grados o que el nivel del mar subirá unos metros no le da a la gente tanta idea de cómo sería vivir en un mundo así, con un clima más extremo, como puede hacerlo la ficción. De hecho, un estudio publicado en la revista Environmental Communication llegó a la conclusión de que leer ficción climática aumentó significativamente la creencia de los lectores de que el cambio climático es causado por el hombre y que provocará sequías, inundaciones, pobreza y desplazamiento de comunidades. A fin de cuentas, la ficción ha demostrado ser una forma importante para aumentar la empatía de los lectores.

Leer una novela con temas de degradación ambiental tal vez pueda ser algo deprimente. Este tipo de historias, con futuros climáticos distópicos, pueden hacer que los lectores se sientan mal. Un estudio de 2018 concluyó que solo el 26 por ciento de los lectores de de este tipo de ficción afirmaron haber tenido una respuesta emocional positiva, mientras que la mayoría se habían sentido angustiados, tristes o ansiosos. E incluso los estudios que han demostrado que la ficción climática que impacta positivamente a los lectores, con una mayor motivación para actuar no necesariamente se correlaciona con cambios de comportamiento significativos. Ahora bien, de cualquier modo, la ficción ayuda a crear conciencia.

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