Me he decidido a escribir esta reseña bibliográfica porque he creído oportuno recuperar la figura de Julián Besteiro.

Desde el día de su muerte, hace ahora más de 80 años, su imagen y su persona han sido deliberadamente tiroteadas, calumnias y enterradas bajo un océano de imprecisiones históricas y políticas.

Con el paso del tiempo, Julián Besteiro ha sido convertido en una figura de mármol inerte, por lo tanto, estimo que ha llegado la hora de cincelarlo e insuflar le la vida y la intensidad existencial que un día, no demasiado lejano, poseyera.

En el seno del Psoe del 2023 se ponen de perfil cuando oyen hablar de Besteiro y, ¿saben ustedes por qué?, pues muy sencillo, porque les interpela muy duramente, sobre todo desde que este partido, en un infausto congreso celebrado en Suresnes, a las afueras de París, dilapidara lo que todavía le restaba de marxista y, con ello, cualquier indicio de obrerismo. Ellos lo llaman evolución, adaptación a los tiempos históricos cambiantes, el resto lo llamamos traición.

Este libro en cuestión, «Julián Besteiro. Nadar contra corriente», está dividido en un total de nueve capítulos y  un epílogo en progresión lineal en lo que al tiempo se refiere. 

Ambiente, familia, estudios(1870-1890)/Profesión y sentimientos. Un catedrático de Instituto romántico y radical (1890-1912)/

En la política nacional. La huelga general de 1917/ En el Parlamento (1918-1923)/ Besteiro. El hombre/ Al frente del movimiento socialista/ Julián Besteiro en la Segunda República (1931-1936)/La Guerra Civil. Resistir en Madrid. Trabajar por la paz (1936-1939)/Proceso, prisión y muerte/Epílogo.

Julián Besteiro, a pesar de nacer al calor de una familia acomodada del Madrid de la restauración borbónica, supo darse cuenta desde un inicio de los males endémicos que afligida a una España amordazada por el caciquismo.

Una vez iniciada su participación en política y como concejal del Ayuntamiento de Madrid, luchó con verdadero denuedo por acabar con la especulación urbanística que ya por aquel entonces, 1913, constituía una verdadera lacra económica y social. Desgraciadamente, esta sigue estando de actualidad a día de hoy, sin que ningún gobierno presidido por el transformado neoliberal Psoe haya hecho nada.

En 1917, y de común acuerdo con la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), convocará en nombre de la UGT una huelga general revolucionaria en protesta por el alza generalizada de los precios (¿no les recuerda a ustedes algo?), formando, así mismo, parte del comité de huelga junto a Largo Caballero, Andrés Saborit, Daniel Anguiano o Virginia González. Posteriormente, todos los miembros del comité de huelga serán detenidos y sometidos a un Consejo de Guerra en el que Julián Besteiro es condenado a cadena perpetua.

Seguidamente, esa cadena perpetua le sería conmutada hasta llegar al año 1931 en que será elegido Presidente de las Cortes Constituyentes de la Segunda República Española. 

La guerra perdida. Casado y Besteiro. El Consejo Nacional de Defensa. 

«El día 6 de febrero de 1939, los dirigentes de la República, Azaña, Negrín, Martínez Barrio, junto con Irujo y Companys, cruzaron la frontera a pie. Negrín volvió el mismo día a Valencia para continuar la resistencia. Azaña y Martínez Barrio se establecieron en París. El 27 de febrero  Inglaterra y Francia anunciaron el reconocimiento del Gobierno nacionalista; al día siguiente Azaña enviaba un telegrama al presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, presentando su dimisión. Desaparecido el aparato político del Estado, Parlamento, representaciones superiores de los partidos, etc, carecian dentro y fuera de España, de los órganos de consejo y de acción indispensables para la función presidencial de encauzar la actividad de gobierno en la forma que las circunstancias exigen con imperio. 

Como pueden ver, estas eran las circunstancias y la situación real al final de la guerra. Ante tal tesitura histórica y política, Julián Besteiro tomó la suprema decisión de no salir de Madrid como así hizo el gobierno de la República y continuar al lado de los obreros y de la población civil arriesgando su vida y todos sus bienes.

Ante la descomposición republicana y de su gobierno, tan sólo podían darse dos alternativas u opciones políticas, por un lado la postura del doctor Negrín de resistir hasta el final, y por otro lado, la determinación de Casado y Besteiro por tratar de conseguir un final de la guerra lo menos sangriento posible y, a poder ser, con ciertas garantías para la población civil y el ejército regular de la República. En ningún caso, – y está es la tesis de este libro y la mía también -, se trataba de un intento de traición o de posibles contraprestaciones políticas o personales por parte de Julián Besteiro o del Coronel Casado, repito, en ningún caso. Y la prueba de ello es que una vez finalizada la guerra, Besteiro fue detenido, siendo recluido en varias prisiones por toda la geografía española como el monasterio de San Isidro de Dueñas o la cárcel de Carmona, donde finalmente fallecería negándosele atención médica repetidas veces por parte de las autoridades franquistas.

«Dolores Cebrián quedó impresionada por el sufrimiento de su marido en los últimos meses de su existencia. Al ver sus dedos en carne viva, al presenciar la torpeza de aquel médico incompetente, al leer el papel que Besteiro había escrito el 22 de septiembre no pudo menos que preguntarse:

«¿Por qué sufrió en silencio? ¿Por qué no tuvo la debilidad de quejarse a tiempo cuando hubiésemos acudido inmediatamente para tratar de evitar, dentro de lo posible, muchos de sus dolores? Su estoicismo, la entereza de su carácter y un deseo de no hacerme sufrir le llevaron a un extremo. «Yo creo que puede adquirirse la psicología del mártir», decía cuando por lo visto, su experiencia le demostraba que la iba adquiriendo. Nunca pudo calcular la herida abierta qué siempre habría de dejarme el haber ignorado sus últimos sufrimientos. ¡Con cuánto cariño y tenacidad hubiese luchado por aminorarlos! Pero ya era tarde y el conocerlos cuando no se podían remediar, me hubiese hecho a veces gritar de dolor». 

Para finalizar esta reseña, sólo una reflexión, queridos lectores. Nunca comprenderé del todo cómo es posible que hombres de la talla humana e intelectual de Julián Besteiro hayan sido tan ninguneado y despreciados por la historia y por sus propios correligionarios, siempre de forma fraudulenta, impostando la historia, ad hominem.

Hace unos años, tuve la posibilidad de pasar unos días en la hospedería de San Isidro de Dueñas, en Palencia, el mismo lugar y la misma celda donde en agosto de 1939 permaneciera preso el mismo Julián Besteiro junto a un grupo de sacerdotes vascos contrarios al franquismo. Y si les soy sincero, durante aquellos días de retiro personal, en muchos momentos me hice esta misma pregunta, ¿cómo es posible…?

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