Super Mario RPG pone en valor que, pese a los cambios y experimentos, Mario es una marca insuperable.

Todas las imágenes son propiedad de Nintendo, cedidas por Nintendo Ibérica.

Cualquier empresa te lo dirá: lo importante es crear marca, comunidad. Un icono hace más por las ventas de cualquier producto, que el producto en sí. Hoy día, primero es la marca, y después la calidad. Nintendo, pionera en el desarrollo de videojuegos y una empresa originaria de Japón que tiene más de un siglo de historia sobre sus hombros, sabe mucho a este respecto. Lo ha demostrado recientemente por partida triple: la película de Super Mario Bros. (Aaron Horvath, Michael Jelenic), el videojuego original Super Mario Bros Wonder con un espectacular regreso al 2D, y el remake de Super Mario RPG, una rara avis que no llegó a exportarse desde tierras niponas y que ahora viene a hacer las delicias de los usuarios de Nintendo Switch con un aspecto gráfico completamente renovado.

Esto me hace preguntarme: ¿cómo es que Mario funcionan tan bien?

Primero, un poco de contexto. Super Mario RPG: Legend of the Seven Stars es un remake gráfico del videojuego del mismo nombre que se lanzó como colaboración entre Nintendo y Square Enix (entonces Squaresoft) en 1996. Este lanzamiento buscaba juntar a los icónicos personajes de la saga Mario con el estilo de combate por turnos de cuyo género Square era la indiscutible experta. Ha llovido desde entonces. Los combates por turnos ya no se llevan demasiado (con gloriosas excepciones como el también reciente Sea of Stars), pero Mario no ha cambiado un ápice. De hecho, su popularidad no hace más que ascender y quizás se encuentre ahora en el mejor momento de su carrera. ArtePiazza, estudio japonés, firma con este Super Mario RPG un remake conservador con las mecánicas del original, pero que coloca el mismo en el podio gráfico de los recientes lanzamientos, aprovechando, como decía, una popularidad que no decae.

Hace poco vi la película que adapta las aventuras del fontanero, y no pude por menos impresionarme sobre lo fresca que resulta una historia que nos han contado mil veces. Unas mecánicas sencillas que se revisitan con cada lanzamiento y que perfeccionan un estilo de juego que aparenta sencillez, pero encierra complejidad. Unos personajes y tramas que funcionan como engranajes. Y, sobre todo, una capacidad de crear iconos que, en este momento en que se encuentra la historia del videojuego, solo le conozco a Nintendo. Y no solo consiguen hacerlo con cada lanzamiento: también la película de animación ha conseguido trasladar esa misma excelencia al cine. Y mira que yo no soy partidario de adaptar videojuegos al cine…

Volviendo al tema de la marca; en los videojuegos la importancia de una mascota es capital. Una mascota vende consolas. Quizás no ahora, en un momento en que la tecnología ha avanzado tanto que el videojuego ya está a otras cosas y otros experimentos. Pero hasta no hace tanto, las mascotas eran importantes. Lo siguen siendo para Nintendo. Sega tenía a Sonic; Playstation se debatía entre Spyro y Crash Bandicoot (aunque ninguno llegó a ser la mascota oficial y, ahora, las franquicias se han vendido y aparecen publicados sus juegos en todas las plataformas). Y Nintendo tiene a Mario. Todavía goza de un plantel de personajes increíble: Mario, Luigi, Kirby, Link… Incluso es imposible pensar en Nintendo sin que nos venga Pikachu a la cabeza (aunque la empresa solo posea un tercio del maremágnum Pokémon). En una industria en que el videojuego busca al público adulto, los gráficos hiperrealistas y la realidad virtual… Nintendo sigue tirando de sus mascotas.

Y qué bien lo hace.

Super Mario RPG es un spin-off; una historia alternativa y un modelo de juego también alternativo que ni siquiera desarrolla Nintendo. Igual que la subsaga Mario Rabbids, parecido a Paper Mario. Es una subsaga, un experimento, pero mantiene unos valores de producción tan propios de la gran N que es imposible no ver en esta obra la excelencia que ha llevado a Nintendo donde está. Y de dónde parece que nadie puede bajarla. En esta obra de rol controlamos a los personajes conocidos de la saga para salvar, una vez más, a la princesa Peach. Solo que esta vez no de manos del malvado Bowser. Y tampoco tendremos que correr y saltar sobre bloques para coger champiñones (bueno, sí, pero con un par de vueltas de tuerca). Ahora, habrá que pelear. Y pelear por turnos: equiparnos armas y armaduras, echar manos de objetos de apoyo y usar habilidades que, combinadas con nuestros aliados, provocarán el caos en las filas enemigas. La exploración se reduce a una serie de niveles por los que navegar, al estilo de los clásicos de la saga, pero volveremos sobre mecánicas conocidas: saltos, carreras, pequeños puzles e incluso niveles con agua. Una suerte de grandes hits de Mario que nos recuerda por qué el fontanero es grande. Muy grande. De hecho, incluso ha sobrevivido a algunos traspiés en forma de videojuegos poco inspirados o películas inusitadas (quien no lo sepa y quiera alucinar, que busque la cinta Super Mario Bros de 1993 dirigida por Annabel Jankel y Rocky Morton). Y es que el personaje es icónico, aunque no por su diseño, en mi opinión. Mario no deja de ser un tipo regordete con sombrero y bigote. No es el carisma personalizado. Pero sí sus videojuegos. Rara vez da puntada sin hilo: las mecánicas de los juegos de Mario, incluso los que no forman parte de los juegos principales o aquellos que se centran en otros personajes de su trasfondo, están pulidas y trabajas hasta la saciedad. Hace algo muy, muy complicado: que el juego aparente una sencillez pasmosa. Lo sabe cualquier que se pone a los mandos de un Mario (y este RPG no es la excepción): los videojuegos de Mario abarcan a un público enorme, están adaptados para casi cualquier tipo de jugador y van desde el reto de bajo nivel al más caótico y salvaje. Pueden ser una experiencia para padres e hijos; pueden jugarse entre amigos, entre parejas, cada jugador/a a solas… Es, quizás, el producto con la capacidad de atracción más alta que me he encontrado en el mundo del videojuego. Es como La historia interminable: da igual cuándo lo leas, te habla a ti como lector, tengas la edad que tengas. Es inmortal.

Super Mario RPG me ha transportado, una vez más, a uno de esos mundos que solo Nintendo sabe crear. Y por ello la empresa le da la espalda a la actualidad de la industria y parece obedecer únicamente a sus propios impulsos, crear su propia industria. Un terreno en el que nadie (ni Sonic, ni Spyro ni Crash) consigue hacerle sombra: lanzan videojuegos con una calidad excelente que consiguen gustar a la gran mayoría, que tienen todos sus aspectos cuidados al detalle, y que perpetúan un icono, una marca, incontestable. Cualquier experto (y no tan experto) en publicidad te lo dirá: conseguir esto no solo es difícil. Es el santo grial de las marcas. Claro que la marca tiene que apoyarse en algo más que la simple visibilidad: si detrás de la marca no hay calidad, no sobrevivirá. Y Nintendo lleva cuarenta años haciendo videojuegos. Unos pocos más haciendo juguetes. Se fundó en 1889 y vendían barajas de cartas por aquel entonces. Se han convertido en una marca unida a la cultura pop. Y, por ende, Mario. Ese bigotudo fontanero, cuyo debut fue en 1981 en el videojuego Donkey Kong (como héroe anónimo), creado por Shigeru Miyamoto, y cuyo lanzamiento más reciente es este remake, Super Mario RPG. Por el camino, una historia que muchas mascotas del mundo del videojuego envidiarán.

Super Mario RPG me ha transportado, una vez más, a uno de esos mundos que solo Nintendo sabe crear.

¿Qué tiene Mario que nos gusta tanto? ¿Cómo es que hay niños disfrazados en las salas de cine para el estreno de la película, y padres que juegan con esos mismos niños a los lanzamientos más recientes? ¿Qué hago yo, a mis treinta y tantos años, aparcando algunos de los lanzamientos más maduros, violentos y complejos de la industria, para volver a los colores y la inocencia de Mario en su vertiente de juego de rol? No tengo una respuesta, aunque me atreveré a dar una receta que pocos pueden seguir: calidad en sus obras, una gran estrategia de marketing, una historia de más de cuarenta años, más de un fracaso por el camino del que aprender, y la osadía no mirar hacia nadie en la industria. Ahora mismo, solo Nintendo sigue acercándose a los videojuegos con la frescura y la sencillez de cuando éramos niños. Si no me creéis, echadle un ojo a este Super Mario RPG. O a cualquiera de los que se han lanzado la última década y de los que se van a lanzar a partir de ahora. Y, cuando lleguemos al final de la tubería verde, lo ponemos en común.

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