Joe Shuster. Una historia a la sombra de Superman, de Julian Voloj y Thomas Campi.

En 2021, en el marco de una subasta privada realizada por la empresa ComicConnect.com, Action Comics #1 se convirtió en el cómic más caro de la historia al ser comprado por un coleccionista por 3,25 millones de dólares. No era la primera vez ni mucho menos que ostentaba este título: ya en 2014 otro primer número del mismo ejemplar se había vendido por poco más de 3,2 millones de dólares. Y es que este cómic, lanzado en abril de 1938, contiene la primera aparición de Superman, lo que supuso que sentaran las bases para el género de superhéroes moderno, así como contribuyó a la popularización del formato cómic centrado en este tipo de personajes y en cierto sentido se le puede atribuir el mérito de haber establecido el género como uno de los dominantes de la industria.

Cabría pensar que las personas detrás de semejante invento nadarían en montañas de dinero. ¿Cómo no iba alguien a conseguir el éxito combinando talento, inspiración y trabajo duro? El sueño americano, al fin y al cabo, del mismo modo que lo que el narrador de los dibujos de Superman de la década de 1940 dice que defiende el superhéroe: «Verdad, justicia y el estilo americano». Pero en la historia que hay tras los orígenes de Superman no existe ni verdad, ni justicia ni sueño americano.

Los hechos son bastante conocidos. En la década de 1930 Jerry Siegel y Joe Shuster, dos jóvenes de Cleveland, crearon a Superman. La idea inicial era más cercana a un villano con poderes telepáticos, pero evolucionó hacia el héroe que conocemos hoy. Después de varios intentos infructuosos de vender la idea, consiguieron que en 1938 National Allied Publications (que con el tiempo se convertiría en DC Comics) la aceptara, negociando un acuerdo en el que entregaban los derechos del personaje por 130 dólares. A medida que Superman se volvía cada vez más popular, la relación entre los creadores y la editorial se fue volviendo cada vez más tensa.

Cuando Siegel regresó de servir en el ejército de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, descubrió que National había copiado su idea de Superboy, lo que lo llevó a iniciar su propia guerra personal. En 1947, Siegel y Shuster demandaron a National para recuperar los derechos de autor de Superman y obtener una mayor compensación por el personaje, pero la batalla legal fue larga y difícil. Finalmente, en 1948, un juez falló en contra de Siegel y Shuster, afirmando que su venta inicial de los derechos era válida. La editorial les ofreció un acuerdo de trabajo continuo, pero en condiciones mucho menos favorables. Ambos continuaron trabajando en Superman, pero en roles limitados y con salarios reducidos. En las décadas siguientes, Siegel y Shuster lucharon constantemente por el reconocimiento y una compensación justa. En la década de 1970, el público y la industria del cómic se sensibilizaron con la situación de de Siegel y Shuster y hubo campañas para mejorar sus condiciones.

Voloj y Campi eran conscientes de que estaban recorriendo un camino muy transitado: varios libros anteriores al suyo detallan la historia con más o menos detalle, como ellos mismos recogen en una bibliografía final. ¿Dónde está entonces el punto de novedad?

En primer lugar, como puede intuirse desde el título de la novela, el punto de vista desde el que se enfocan los hechos es el de Joe Shuster, lo que nos permite hacernos una idea sobre su personalidad, al tiempo que se pueden aprender muchos detalles sobre el nacimiento del superhéroe. Aunque, como no podía ser de otra manera, hay mucho de Siegel en la historia, el hecho de que Voloj y Campi se centren en Shuster les permite crear un relato más original, con un más profundo componente emocional. Al fin y al cabo, Jerry fue siempre el líder de la pareja y cuando se les da el debito crédito siempre aparece primero su nombre. Pero aunque Jerry tuvo la ideal, fue Joe quien dibujó al Hombre de Acero por primera vez, fue quien diseñó su traje, su capa, sus botas y el logo estampado de su pecho, símbolos que caracterizado para siempre al personaje.

Voloj y Campi nos invitan a conocer esta figura sencilla y enigmática y lo hacen con una narración marco que se desarrolla en el presente y con una segunda narración encuadrada dentro que tiene lugar en el pasado y que funciona a la manera de un flashback. Cada uno de los dos niveles narrativos tiene un estilo de dibujo completamente diferente: el primero, el del presente, más realista y detallado, gracias al uso de la tinta, mientras el segundo, situado en el recuerdo, construido con manchas de color con muy pocas líneas a tinta y con un uso muy interesante de las luces y de las sombras y del color y las formas (todavía más impreciso en las pocas viñetas que hay antes del nacimiento de Joe). Un estilo que, como el propio Voloj comenta, recuerda al de Edward Hopper, algo que no solo enmarca todo en un ámbito urbano sino que está en absoluta sintonía con el espíritu de cultura pop que hay tras el personaje creado.

A pesar de este estilo de ensoñación, la novela está llena de imágenes históricas reales, como el cheque del pago de National con sus nombres mal escritos, fotogramas de películas antiguas o portadas de cómic. En este sentido, una valiosa y necesaria incorporación al libro es el arte real de Shuster. El ingente trabajo de documentación hace justicia a la verdad histórica a lo largo de una impresionante variedad de detalles: la ropa de época, los interiores, los detalles arquitectónicos o las escenas callejeras están cuidadosamente representados, lo que ayuda a evocar el tiempo y el lugar en el que nació Superman. Es más, en la medida de lo posible, Voloj ha basado la narración y el diálogo en las palabras reales de Joe Shuster.

Fruto de esa documentación hay un relevante material extra al final de la historia, en el que podremos encontrar un relato del propio Voloj sobre cómo concibió y preparó el libro, unas fichas para clarificar la identidad de los personajes históricos más importantes, una pequeña bibliografía sobre el tema que es la que se ha utilizado como base para construir el relato y, sobre todo, un apéndice final con notas explicativas casi de cada página, donde se explica la verdad histórica del relato o se pormenoriza el proceso de investigación.

Joe Shuster. Una historia a la sombra de Superman es una reconstrucción intachable en formato cómic de la historia detrás del superhéroe por antonomasia. Un viaje, en el que realidad y ficción se entrelazan como el entramado de un tapiz, al imaginario de dos jóvenes de Cleveland que soñaron con algo más grande, súper humano. Todo un descubrimiento incluso para aquellos que conozcan o que hayan leído sobre los hechos que se relatan.

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