Joyce en 1915 (Fuente).

El 16 de mayo de 1904 tuvo lugar en Dublín un concurso de canto llamado Feis Ceoil, en el que participaron 22 cantantes, entre los que se encontraba el escritor James Joyce. Joyce, que había recibido clases de Benedetto Palmieri, profesor de canto en la Academia de Música de Dublín, interpretó dos piezas: No Chastening (del oratorio de Arthur Sullivan The Prodigal Son) y A Long Farewell, una melodía irlandesa arreglada por el compositor escocés Alfred Edward Moffat. Sin embargo, cuando le pidieron que cantara una tercera pieza, abandonó el escenario disgustado porque no podía leer la letra. Parece ser que el juez, el profesor Luigi Denza de la Academia de Música de Londres, tenía la intención de darle medalla de oro, pero después de que Joyce se negara a cantar la pieza le otorgó el bronce.

Cuenta la leyenda que después Joyce lanzó la medalla al río Liffey en un ataque de ira. Pero lo que ocurrió de verdad según su biógrafo Richard Ellman, como no podía empeñarlo, se lo llevó a su casa y lo arrojó a los pies de su tía Murray, diciendo: «puedes quedártelo, tía Josephine, no me sirve de nada».

La medalla, que fue realizada por el joyero dublinés Edmond Johnson y en cuyo reverso tiene grabada la leyenda «Tenor Solo James A. Joyce 1904», formaba parte de una colección de recuerdos propiedad de su hermano Stanislaus y apareció en Sotheby´s en 2004, el año del centenario del Bloomsday. De ahí pasó a manos del bailarín Michael Flatley, que lo compró por casi 17.000 euros. Flatley es además un conocido coleccionista de arte y de antigüedades y también posee una valiosa copia de la primera edición del Ulises de Joyce.

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