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«Los pianos tendrían que estar sujetos a dos impuestos: el primero en beneficio del estado y el segundo de los vecinos», dijo el escritor Georges Courteline. Puede que el autor tuviese que sufrir a unos vecinos ruidosos, de esos que repiten constantemente piezas de Bach o de Beethoven en mitad de la noche. Lo que está claro es que esta afirmación la podría haber hecho con toda propiedad si hubiera tenido como vecino a Ross Bolleter (algo, por otra parte, imposible, porque cuando Bolleter nació Courteline estaba más que muerto).

Bolleter estudió historia musical y composición en la Universidad de Australia Occidental entre 1964 y 1967, donde pudo descubrir a autores como Webern, Boulez o Cage. Después de tocar el piano durante seis años en el Parmelia Hilton, exploró las posibilidades tímbricas y rítmicas no convencionales del piano y lanzó una casette titulada The Temple of Joyous Bones. Durante las tres últimas décadas se ha dedicado precisamente a trabajar con pianos viejos y abandonados, expuestos durante largo tiempo a los elementos climáticos, para comprobar sus posibilidades musicales. Según Bolleter, en este tipo de pianos, que se han convertido en una caja de sonidos impredecibles, las notas que no funcionan son tan interesantes como las que sí lo hacen.

Para hacerse una idea de lo que representan este tipo de pianos para Bolleter, solo hay que pensar que tiene cinco de ellos en su cocina. En una granja cerca de York, en Australia Occidental, Bolleter, junto a Kim Hack, desarrolló el Ruined Piano Sanctuary, donde unos cuarenta pianos abandonados se van deteriorando poco a poco. El CD titulado Frontier Piano presenta lo mejor de su trabajo entre 2007 y 2014. La muerte acaba llegando a cada piano y, al morir, para Bolleter cada uno toca un tipo diferente de música.

Bolleter ha colaborado con otros músicos. En 1996 se unión a Michal Murin, a Stehen Scott y a otros músicos del Colorado College para grabar el CD Left Hand of the Universe, donde todos los músicos tocan instrumentos abandonados. Andrew Ford en su libro de 2005 En defensa de la música clásica le dedica un capítulo titulado «Las cosas se desmoronan en la música de Ross Bolleter». Por su parte, el cineasta Robert Castiglione realizó una película sobre su obra titulada Invitación a la ruina, mostrada en el Totally Hugeg New Music Festival en 2015.

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