Quizá en estos tiempos reivindicar la familia sea algo considerado como conservador. Pero para nada. La familia es anterior a las ideologías.

Según la Rae, la familia es un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas; que tienen alguna condición, opinión o tendencia común.

La familia no es sólo sangre. La familia es también la ideología, el cariño compartido, la red simbólica que nos sostiene.

Los X men, sin duda, son una familia. Y una de las mejores.

Pero… ¿Qué pasaría si esa familia desapareciese?

En “Logan”, dirigida por James Mangold en 2017, nos encontramos en un futuro donde los X Men han muerto. Del grupo sólo quedan Lobezno y el doctor Xabier, que viven escondidos cerca de México.

El doctor Xabier sufre una demencia que le impide controlar sus poderes mentales. Lobezno, Logan, sobrevive triste y desesperado trabajando como conductor de limusina.

Nuestro superhéroe, apartado de la sociedad, sin ilusiones, recibirá entonces un último encargo: ayudar a una niña mutante creada en un laboratorio a escapar de sus malvados creadores.

“Logan”, a pesar de ser una película de acción, nos muestra como pocas la soledad del último pistolero, aquel que se ha quedado sin familia, sin amigos, sin soporte vital. Y que, por ende, ha quedado fuera del mundo. Un héroe al que ya sólo le queda la aflicción.

Al final de la película, Lobezno conseguirá salvar a la niña, que se encontrará con otros niños mutantes que también escapan y formarán una nueva familia.

Pero el refugio no es para todos. Lobezno, sin la red simbólica que formaban Cíclope, Tormenta o el Hombre de Hielo, morirá y desaparecerá de este mundo. Era ya un muerto en vida.

La muerte nos espera a todos. Es una obviedad. Pero, en esta vida, cuando desaparece la familia, también estamos un poco más muertos.

No la perdamos nunca. No la politicemos. Disfrutemos de ella.

Es el único refugio que nos queda.

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