EL AUTOR MÁS ROCKERO DEL GÉNERO PATRIO ASALTA AL PÚBLICO GENERALISTA A PUNTA DE ESCOPETA (SIN LICENCIA)

 

Hay autoras y autores a los que leemos simplemente por ser quienes son. No me refiero al famosete de turno que junta cuatro páginas en un intento por convertir un libro en mercadotecnia; ni al que está de moda por cuestiones ajenas a la misma literatura; ni tampoco al best seller del que somos fieles. Me refiero a quienes no son famosos, pero no faltan en nuestras estanterías. Y en España, si lees género en castellano, lees a Emilio Bueso. Y quien no lo haya leído, o lo lea habitualmente, es que no sabe nada sobre el género patrio.

Ganador de premios, habitual en ferias y jerigonzas literarias, protagonista de alguna polémica y principal agorero del biopunk y otros subgéneros que viene ahora a dar una vuelta completa a su trayectoria… para quedarse igual.

Su nueva novela se titula (de forma poco sugerente) Naturaleza muerta. Pasamos de una trilogía de casi mil páginas, ambientada en otros mundos, a una novela de cuatrocientas con los espacios más grandes, el interlineado a todo lo que da, y los cortes entre capítulos más exagerados para ocultar que esas cuatrocientas páginas son, en realidad, doscientas cincuenta. Pero es que Naturaleza muerta ha encontrado su casa editorial en Ediciones B (grupo Penguin) y, claro, ahí los libros tienen que ser gordos y lustrosos para justificar los veinte euros que te clavan por una edición normalita. Este es el gran giro en la trayectoria de Bueso: de vender una trilogía al ridículo precio de cuarenta euros el tocho (con tapa dura y canto dorado, eso sí) en la editorial más hermosamente friki de España (la mítica Gigamesh), a jugar en las ligas grandes y venderse en Carrefour y Relay.

Para ello, Bueso vuelve a los orígenes: un escenario pintoresco sobre el que el autor parece haberse documentado bien (pantanos valencianos); un personaje atormentado (en este caso Claudia, en pleno proceso de divorcio y desintoxicación, no en ese orden) y una amenaza sobrenatural (nunca te fíes de un pantano ni de los fuegos fatuos). En un ejercicio de terror patrio de los que Bueso ya sabe un rato (sus anteriores obras: Noche cerrada, cuya protagonista hace aquí una aparición, Cenital, Esta noche arderá el cielo…), Claudia tratará de huir de la vida refugiándose en un pantano, comprando una finca en ruinas y hablando con un gato. Por el camino, lo que uno esperaría de este argumento: monstruos, cosas viscosas, algo que parece que está, pero no está y una ristra de personajes pintorescos. Una trama que despunta en una traca final que acaba como empieza el libro: con la protagonista del revés.

Y decía que hay autoras y autores a los que leemos porque son ellos. Esto no me había generado tanto conflicto hasta la llegada de Naturaleza muerta: leyendo la nueva obra de Bueso no sé si la leo porque me está gustando o porque me gusta su autor.

Al llegar al final, me doy cuenta de algo: no me ha gustado el libro.

Ni me ha interesado su trama ni me han gustado sus personajes (que, por otra parte, son todos el mismo: la misma voz, las mismas expresiones, las mismas caracterizaciones; todos los personajes son Emilio Bueso con diferentes disfraces), pero me lo he bebido en un par de tardes. ¿Por qué? Porque Bueso ha hecho algo valiente: se ha ido a una editorial grande y poderosa, de esas que lanzan libros con enormes números que asustan, para seguir fiel a lo que él hace. Lo suyo hubiera sido venderse y escribir algo digerible por la masa que suele comprar los libros de esa editorial (yo lo hice y me cargué mi carrera literaria), pero Bueso no. Él decide que, si vas a comprarte y leerte un libro de Emilio Bueso, te vas a leer un Emilio Bueso de verdad. Con sus vicios y virtudes, con sus flaquezas y aciertos. No varía el tono, no rebaja la mala baba, no endulza absolutamente nada. La editorial transige y nos regala con Naturaleza muerta un título que no me ha entusiasmado porque ya he leído mucho al autor y me conozco sus trucos, sus fallos y sus jugadas maestras. No me ha gustado (demasiado, tampoco es que me haya horrorizado) porque ya he leído tanto a Emilio Bueso que sé lo que va a contarme con solo echarle un ojo a la primera página (como me pasa con Palahniuk, Ellis o King).

Pero ay, cuando termino de leer Naturaleza muerta y cierro el libro (y dejo de mirar ya la espantosa y genérica cubierta que le han calzado) y pienso: ojalá no hubiera leído antes ningún libro de Emilio Bueso y lo hubiera descubierto con este. Tiene todo lo que uno esperaría de Bueso, y eso a sus lectores habituales les dejará un poco descafeinados. Después de la trilogía sobre caracoles, uno esperaría el exceso. Pero no; tras varios años reeditando sus clásicos, el autor originario de Castellón decide que hay que hacer las cosas bien: me voy a jugar al mercado mainstream, pero con un clásico. Es como cuando los Rolling Stones o Metallica sacan disco nuevo: los que llevamos años escuchándolos lo disfrutaremos un rato, pero iremos al concierto a que nos toquen las clásicas. Pero quien los descubra ahora (por juventud o por casualidad), alucinará.

Naturaleza muerta es un nuevo disco de Ozzy o de Iron Maiden. Está bien, pero los habituales ya se lo conocen. Los que nunca hayan leído a Emilio Bueso (y ojalá sean la mayoría de los que se lo compren), van a alucinar. Aquí se van a encontrar con todo lo que ha hecho grande a este autor dentro del fándom. A los habituales nos toca esperar a algo un poco más arriesgado.

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