Todo lo que siempre quiso saber sobre los (Estados Unidos) superhéroes

 

No me entusiasman los superhéroes. Siempre me han gustado Batman y los X-Men, aunque sospecho que más bien por haberme criado en los noventa y haber disfrutado de las series animadas de ambos universos. Hasta la adolescencia tardía no empecé con los cómics de superhéroes, y la mayoría me decepcionaron. He leído Los cómics de superhéroes en los movimientos sociales, trabajo de Andrea Hormaechea, con la suspicacia de quien sabe que no le van a convencer de nada. O, mejor dicho: la terquedad de quien no quiere ser convencido. Así, el trabajo de esta doctora en Historia Contemporánea presentaba varios retos: que me interesen los superhéroes y que quiera leer sobre Estados Unidos, cosa que ya me cansa bastante.

Reseña corta: ha conseguido que vaya a mi biblioteca de barrio a sacarme algún cómic de Marvel.

He dicho que no me gustan los superhéroes, pero no he sido del todo sincero: no me gustan los superhéroes que conocemos (aunque cada vez me empiezan a gustar más: de Batman pasé a Watchmen, a La Cosa del Pantano, de ahí a Flash y el resto es historia). Me encanta la figura del superhéroe y lo que representa. Me alucina Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons (¿y a quién no?). Es decir: todo lo que rodea a la figura, casi como figura mitológica, me fascina. Y un poco por aquí es por donde ataca esta lectura: los movimientos sociales estadounidenses desde la creación del primer superhéroe (Superman), hasta los años 90 (porque sí), a través de unos héroes concretos: Spiderman, Batman, Capitán América, Wonder Woman y Iron Man. Ahí es nada.

Lo primero que me llama la atención del trabajo de Hormaechea es lo profundamente académico que es: olvídense los usuarios rasos que quieren un libro divulgativo y entretenido que analice las relaciones entre los superhéroes y su país de origen. Estamos ante una concienzuda obra académica profusa en citas, referencias y marcos teóricos. Poco amigable para con el lector medio, como lo que suele hacer la Academia (así, en mayúsculas) en España. La editorial (Catarata) parece huir en su catálogo del lector habitual y casual, y espera que todo el que se acerque a leer sus publicaciones tenga, como poco, un máster. Una pena para quien se acerque a estas lecturas con pocos estudios, pero ganas de aprender.

Superada esta crisis inicial (me hubiera gustado ver menos la tesis que hay detrás y más un trabajo original), nos lanzamos al grueso del libro (que no son los superhéroes): la historia de Estados Unidos. Desde un punto de vista sociológico, la autora nos lleva por un recorrido fascinante sobre el establecimiento de la sociedad americana a inicios del siglo XX y las motivaciones, movimientos económicos y sociales que desembocan, casi como si fuera algo inevitable, en la creación de los superhéroes. Pero no nos quedamos ahí: el camino nos lleva por las primeras publicaciones y editoriales dedicadas al nuevo género, el establecimiento del Comic’s Code Authority, la crisis feminista y racial en el país del Tío Sam y el fin del milenio. Un recorrido, como decía, apasionante, que es el verdadero triunfo del libro. Una lástima que los superhéroes lleguen al final, cuando ya hemos entrado bien en el meollo histórico de la cuestión, y lo hagan de una forma somera. A través de las figuras mencionadas (Batman, Spiderman, Iron Man, Capitán América y Wonder Woman) se nos relacionan varios movimientos sociales (raciales, feministas, LGBTIQ, medioambiental, patriótico…) con el nacimiento, establecimiento y desarrollo de estos héroes. Un análisis interesante y lúcido, aunque quizás me pedía una extensión mayor (de las 111 páginas de análisis histórico frente a las 68 de análisis de los cómics); lo que me hace ver dos libros en uno. Por un lado, un análisis clarísimo y apasionante sobre los movimientos sociales en Estados Unidos y su desarrollo en la figura de las grandes casas editoriales. Por el otro, una relación entre superhéroes y su contexto dentro de estos movimientos. Cómo permeabilizan (si es que lo hacen) y cómo se representan en sus páginas.

Al finalizar la lectura de Los cómics de superhéroes en los movimientos sociales uno siente que ha aprendido mucho y que queda mucho por aprender de una figura que, gracias sobretodo (o por culpa) del universo cinematográfico de Marvel, pensamos que conocemos lo suficiente. Advertencia: para nada.

Andrea Hormaechea nos descubre con su publicación que no sabíamos tanto.

También que el cómic, como medio, es una herramienta pertinente para estudiar y entender la Historia (también en mayúsculas). Y, de paso, nos aporta una bibliografía envidiable de la que echar mano para ampliar el conocimiento.

¿Me ha faltado algo en esta lectura? Como en todas, hace tiempo que renuncié a la lectura perfecta. No la busquen, no existe. Me ha faltado profundidad en el análisis de los cómics; menos estructura académica y más diálogo con el lector (y menos con otros autores). Y un aporte gráfico mayor (apenas aparecen reproducidas, en blanco y negro, dos o tres páginas de cómics); estamos ante un libro sobre cómics, la referencia visual debería ser capital.

En fin, Andrea Hormaechea firma con Los cómics de superhéroes en los movimientos sociales (Los libros de la Catarata, 2024) una gran aportación a los estudios sobre el noveno arte y una puerta de entrada notable a un estudio novedoso e interesante. Libros de la Catarata presenta unas publicaciones pertinaces e inteligentes y editadas con gusto.

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