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El 30 de noviembre de 2022, OpenAI lanzó ChatGPT, un innovador chatbot de IA que puede comprender y generar texto como si fuera un humano. Desde entonces una pregunta ha devanado los sesos de escritores de todo el mundo: ¿puede una IA reemplazar su trabajo creativo? Autores como Salman Rushdie se han pronunciado quitándose hierro al asunto: solo los autores poco originales deberían estar preocupados. Sin embargo, en cuestión de meses hemos visto cómo la IA puede tener un impacto real sobre la literatura y cómo Amazon ha tratado de poner cartas en el asunto para evitar situaciones fraudulentas.

Ahora bien, ¿es posible darle la vuelta a la tortilla y convertir un instrumento que a todas luces parece ser un peligro potencial en un aliado que nos permita generar contenido útil? Como con tantas cosas, la herramienta en sí no es ni mala ni buena sino que son los usos que se hacen de ella, correcto o incorrecto, los que permiten generar un contenido de valor que se complemente o no con la creatividad del escritor..

Para empezar habría que plantearse qué entendemos por contenido útil. Según describió Danny Goodwin en un artículo de 2022, antes del lanzamiento de ChatGPT, esta clase de contenido es el que está creado para una audiencia específica, está escrito por alguien que se puede considerar un experto en la materia o al menos a quien le entusiasme aquello sobre lo que escribe, transmite una información creíble y de confianza y que después de haberlo leído genera la sensación de haber aprendido algo o de haber obtenido algún tipo de ayuda.

Una vez definido esto, es importante tener en cuenta qué pueden y qué no pueden hacer los modelos generativos de IA. Sí, es posible que generen un texto coherente y fluido, pero es posible que no siempre se produzca un contenido objetivamente preciso o de alta calidad si no hay una supervisión y una edición humana (la misma IA reconoce esto y recomienda verificar siempre la información). La IA generativa, que carece de sentido común, comprensión emocional y experiencia del mundo real, puede generar contenido sin sentido o engañoso sin la guía adecuada.

Para lo que sí puede ser muy útil la IA es para tareas de escritura específicas, como la lluvia de ideas, la investigación y recopilación de información, el desarrollo de borradores, la ampliación de ideas o incluso la mejora de determinados contenidos. Los chatbots de Ia pueden generar ideas o esquemas sobre cualquier tema, ayudando a los escritores a superar posibles bloqueos y exploran diferentes puntos de vista de una misma idea. También puede analizar grandes conjuntos de datos y resumir información compleja, permitiendo identificar fuentes relevantes o sugerir temas interesantes, lo que ahorra tiempo de investigación. Otras de las funciones posibles son generar descripciones objetivas, producir contenido en varios idiomas, generar resúmenes, identificar errores gramaticales, sugerir frases alternativas o comprobar si hay plagio. En definitiva, es una herramienta para perfeccionar la escritura, no para automatizarla.

En un artículo Sara Lebow, analista de Insider Intelligence, advirtió que aunque la última actualización de Google apunta directamente al spam de la IA generativa, se centra en los sitios que la utilizan para producir contenido en masa y de baja calidad. Para evitar penalizaciones sería necesario no publicar contenido tal y como lo redactan estas herramientas, sino editando, verificando y perfeccionando el contenido para garantizar la calidad y la precisión.

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