Louis-Sébastien Mercier (Fuente).

Escrita por Louis-Sebastien Mercier en 1771, El Año 2440 fue publicada de forma anónima en Holanda debido tanto a su crítica hacia la religión y hacia la aristocracia francesa, como por su rechazo en general a las normas sociales de la época. Pasaron años hasta que Mercier se atrevió a reclamar públicamente su autoría, y lo hizo en gran medida porque algunos la estaban atribuyendo a Rousseau y a Voltaire. A pesar de ser una obra prohibida en muchos países (en España estuvo incluida en el Índice de Libros Prohibidos de la Inquisición), alcanzó bastante popularidad en su momento.

La historia comienza en el año 1768. El narrador, sin nombre, discute con un amigo sobre los supuestos derechos y errores de la Francia de la época. Después de quedarse dormido, despierta increíblemente envejecido y se encuentra en el año 2440. En este siglo se han abandonado muchas ideas que el narrador consideraba ya anticuadas para 1768, y su descripción de los nuevos valores fue considerada blasfema y revolucionaria hasta el punto de llamar a una insurrección.

El sistema judicial es cuestionado para prescindir de los privilegios de las antiguas clases dominantes. Quedan muy pocos abogados, aunque las penas pueden ir desde una simple censura pública hasta la pena de muerte. Los hospitales se rigen por estándares científicos, no por supersticiones. Lo mismo se aplica a la educación, ya que se ha establecido una separación entre ciencia y estado para evitar que los políticos poderosos impongan sus ideas a la sociedad. Otro aspecto positivo es que se proporciona asistencia para los discapacitados.

Mercier entró en un territorio más controvertido cuando se trataba de conceptos e instituciones que estaban prohibidos en 2440. En ese futuro se consideran inútiles, anticuados o inmorales los ejércitos permanentes, los sindicatos y gremios, los miembros del clero, las prostitutas, los mendigos, los profesores de danza, los esclavos, los impuestos y el comercio exterior. Quizás lo más desconcertante de todo sea que también se incluyen en esta lista los pasteleros, el café, el té y el tabaco, que están prohibidos.

En cuanto a la lectura, Mercier considera positivo que la sociedad del futuro desprecie gran parte de la literatura del pasado. De hecho, se produce tal eliminación de libros que la biblioteca más grande de París consiste en una sola sala, al tiempo que son los bibliotecarios mismos quienes se encargaron de seleccionar los libros antiguos que debían ser destruidos. Si bien es admirable que el autor haya indignado a las autoridades religiosas, a los ricos y poderosos con El Año 2440, es imposible pasar por alto que estaba de acuerdo con gran parte del pensamiento opresivo que el Antiguo Régimen, próximo a caer, habría aplaudido.

En lo que respecta al mundo en general, Japón abrió sus brazos a otras naciones y la literatura francesa (todo lo que no fue eliminado) se estudiaba en todas partes, incluso en China. La cultura francesa fue abrazada e imitada a nivel mundial. Las antiguas colonias de Francia y Gran Bretaña se convirtieron en naciones independientes.

Atendiendo a los avances científicos y tecnológicos del siglo XXV, los medicamentos se han desarrollado tanto que la cirugía es prácticamente cosa del pasado. Se ha inventado la piedra transparente y ha reemplazado al vidrio para muchos usos. También se han inventado luces que iluminan eternamente.

El destino del alma después de la muerte ha pasado al ámbito de la ciencia en lugar de la religión, con un sistema científicamente establecido de reencarnación. Ese sistema describe el curso exacto que tomará un alma después de la muerte al reencarnarse en cada planeta del sistema solar. (Los lectores habituales recordarán que este concepto de reencarnación interplanetaria se usaba bastante a menudo en la ciencia ficción antigua).

Además, Louis-Sebastien les dice a los lectores que el divorcio se obtiene fácilmente, pero que las familias están muy unidas. También parece pasar por alto exactamente qué tiene en mente su sociedad futura para las mujeres. Los matrimonios forzados ya no están permitidos, pero las mujeres no parecen ser consideradas ciudadanas de pleno derecho, ya que Mercier se refirió solo a los hombres adultos como aquellos que firmaban un documento afirmando que entendían las leyes, sus derechos y sus responsabilidades como ciudadanos.

Aunque el contenido científico del libro de Mercier haya que cogerlo con pinzas y su futuro utópico esté lleno de ideas absurdas que hacen imposible su realización, como por ejemplo que todo el trabajo desagradable lo hagan voluntarios, merece la pena conocer esta obra por su importancia histórica y por su valiente atrevimiento de explorar territorios sociales inexplorados.

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