Julie Doucet (Montreal, 1965) ha vuelto, momentáneamente, al medio del cómic. Para grata sorpresa de todos y todas los amantes de la historieta y del dibujo irreverente y caleidoscópico de la canadiense, la editorial Fulgencio Pimentel nos trae la última obra de Doucet traducida al español. Tras los dos tomos integrales que recogen los cómics de la artista desde 1986-1993 y 1994-2016 (una verdadera joyita, si me lo permiten), la editorial independiente trae la edición en español de su última obra: El Río, un cómic autobiográfico en blanco y negro, sin viñetas y que se articula como un splash horizontal que fluye de forma continua al compás de sus recuerdos y de sus pensamientos en el acto de dibujar. Doucet visitó Madrid y, en el marco del programa Documentos, presentó su obra en un encuentro en el museo Reina Sofía, el pasado 30 de abril.

Julie Doucet, referente canónico del cómic canadiense desde los años noventa, ha regresado al medio tras un parón de más de dos décadas. La artista, enmarcada en la escena del cómic postunderground y alternativo, fue una de las primeras autoras de cómic del momento en adentrarse en la narración autobiográfica a través de una estética punk, del do it yourself, como también hicieron sus coetáneas Aline Kominsky-Crumb o Joyce Farmer. La autora rompió todos los moldes, los estereotipos y sus historias, entre lo real y lo onírico, entre lo visceral y lo sexual, eran, y son, descaradamente feministas sin pretensión inicial de serlo. Doucet, una historietista mujer en un mundo eminentemente masculino de los años noventa cuyo arte y maestría puede equiparse sin ninguna duda al de Robert Crumb o Harvey Pekar. Su New York Diary se entiende hoy no sólo como una de sus historietas más canónicas y representativas de la autora, sino que, lo es de todo el medio, en especial del cómic alternativo.

Collage, animación, poesía y escultura, la artista multidisciplinar canadiense ha estado probando y trabajando todo tipo de registros en lo que llevamos de siglo XXI. En 2022, decidió regresar al mundo de la historieta, no como acto simbólico, tampoco a modo de reconciliación con el medio, sino porque entendía que la historia que quería narrar encontraba su sentido y su ser en el cómic. Un regreso y una obra que le valió el Gran Prix del festival de cómic de Angoulême 2022, uno de los más importantes y reconocidos en territorio europeo, de hecho, es EL festival. Antes que Doucet, sólo dos mujeres habían recibido el galardón: la francesa Florence Cestac (2000), una de las fundadoras de Futuropolis, y la mangaka japonesa Rumiko Takahashi.

El Río (2022), o en su título original Time Zone “J” para la editorial de cómics canadiense Drawn and Quarterly, es un cómic ensayístico, autobiográfico y experimental, dibujado en un sentido de abajo a arriba y plasmado originalmente en un cuaderno japonés cuyas páginas formaban un desplegable, a modo de acordeón, que se ha mantenido en su edición francesa de l’Association titulada Suicide Total. El marco espaciotemporal en el que se desarrolla es 1989 y el escenario fluctúa entre Canadá y París.

La historia es sencilla, pero tiene todos los ingredientes para enganchar al lector: un amor por carta con un joven admirador francés que se encuentra realizando su servicio militar obligatorio, que desembocará en un encuentro romántico, pasional y… obsesivo. La Julie de 23 años tímida, pero atrevida, nos relata en primera persona cómo se embarca en un viaje europeo con su amiga Cath para visitar París, Bruselas y Ámsterdam. Evidentemente, los futuros amantes, van a conseguir encontrarse y dar rienda suelta a sus pasiones. Sin embargo, la relación que plantea Doucet es sórdida, pasional y visceral. De hecho, la autora no muestra el París, lugar del encuentro, engalanado, chic ni tampoco la ciudad del amor: presenta al lector el París más bohemio, trágico, donde las citas y el sexo se disfrutan en la casi intimidad del cementerio de Père-Lachaise y se hacen pactos de sangre “en plena epidemia de SIDA, estupenda idea”.

El dibujo de Doucet para este cómic sigue destilando su impronta y su sello personal: blanco y negro, lleno de contrastes, y con todo lujo de detalles, con un control envidiable del dibujo anatómico menos cartoon y más realista que a lo que nos tenía acostumbrados. El horror vacui impregna cada página, inspirado por su etapa creativa en el collage: sin viñetas, ni calles, las figuras, los rostros humanos y de animales se superponen sin posibilitar la perspectiva, ni el dibujo de ningún escenario. El lector se encuentra fluyendo entre ideas y dibujos sin saber dónde va a llegar y sin espacio para pensarlo. De hecho, sólo si se hace un esfuerzo por separar este continuum, se pueden apreciar los tres ejercicios de Doucet: el primero, narrar la historia que tenía pendiente de su amor por carta y su encuentro en París en 1989; segundo, dibujarse (aunque se esfuerza en dejar claro que no quiere “me había jurado no volver a dibujarme nunca más”) como mujer de cincuenta años que se sienta delante del papel para hacer un cómic; y, tercero, un ejercicio de dibujo, (¡un diario dibujado!) de múltiples rostros, interraciales y de todas las edades, así como un ejercicio de la anatomía animal.

Las 144 páginas de El Río, traducidas por Joana Carro, son un viaje tumultuoso por los pensamientos de Doucet que piensa a través del dibujo y que fluye y deja fluir sus historias a través de él. Un cómic que es merecedor de su regreso puntual, o al menos por el momento, de la siempre sorprendente, experimental y brillante artista multidisciplinar Julie Doucet.

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