El escritor mexicano Carlos Fuentes (1928-2012), es un connotado intelectual y uno de los más conspicuos representantes de la narrativa en su país y fuera de este. Se considera, junto a Gabriel García Márquez, M. Vargas Llosa y Julio Cortázar, uno de los principales exponentes del llamado boom literario latinoamericano. Su obra escrita abarca novela, cuento, teatro y ensayo que ha sido objeto de numerosos premios. Entre estas obras ocupa lugar de importancia, la novela Cristóbal nonato, 1987 (Nuestra edición de Penguim Random House, 2016). La obra se inscribe dentro del marco histórico del descubrimiento de América, con motivo de la cercanía de su quinto centenario, en honor a la celebración de este suceso. El autor dedica su novela al escritor e intelectual español Juan Goytisolo (1931-2017), quien a su vez se expresó de ella como un texto donde proliferan personajes proteicos, quiebras y rupturas del relato, juegos verbales, ritmo acelerado de la frase, variedad de registros y sintonías, cruces de ondas, escenas delirantes, sainetes, mofas (1988: 4. Citado por S. Poot H. Universidad de California. USA). De allí que genera múltiples dificultades. Es una obra densa, de largo aliento, voluminosa. Consta de 548 páginas.

El personaje principal es Cristóbal, un niño nonato, no ha nacido, está en el vientre, pero tiene voz. Es consciente del mundo que le espera con todos sus vicios, virtudes y problemas, incluyendo la violencia. Además, tiene visión de la historia que concentra la expresión de muchos males y gran angustia hacia el porvenir Quizá por este rasgo algunos autores la han calificado de fantástica con cercanía a la ciencia-ficción (Ángeles Rodolfo, 2021). Sin embargo, esos mismos autores reconocen que la novela se asienta en la grande y compleja realidad de la nación mexicana, como es ser el producto de un gran mestizaje en todos los sentidos; los desastres medioambientales; la corrupción política; la megalomanía de ciertos sectores dominantes; la manipulación mediática; los asesinatos políticos; las revueltas callejeras; la incapacidad del Estado para controlar y dirigir. Es una realidad que abruma, al sentir que el país se proyecta hacia un desmoronamiento y fraccionamiento total. Resulta muy significativa la frase con la cual Fuentes inicia el primer párrafo y que repite a lo largo del libro: <<México es un país de hombres tristes y de niños alegres>>.

La obra se inicia con el proyecto de una pareja matrimonial mexicana -Ángel y Ángeles- que deciden tener un hijo, y que su nacimiento ocurra el 12 de octubre de 1992, de manera que coincida con la fecha del descubrimiento de América, y así optar al concurso promovido en el país, cuyas condiciones son: <<El niño de sexo masculino que nazca precisamente a las 0:00 del día 12 de octubre de 1992 y cuyo nombre de familia, aparte del nombre de pila(seguramente lo estimamos bien, Cristóbal), mas semejanza guarde con el Ilustre Navegante, será proclamado Hijo Pródigo de la Patria, su educación será proveída por la República y dentro de dieciocho años le serán entregadas las llaves de la República>>(p.16)..

Sin embargo, Angeles, la madre, tiene serias dudas de asignar el nombre de Cristóbal al hijo. En tal sentido, ella interroga al padre sobre tres asuntos: ¿Cómo le vamos a poner al niño?; ¿Qué idioma va a hablar?; ¿En qué país va a nacer? (p. 27). Ángeles tiene una fuerte vinculación intelectual con Platón, señalada desde la primera página de la obra: <<y ella se colocó su edición de los Diálogos de Platón, publicada por el rector José Vasconcelos en los años veinte, sobre la cara>> (p. 13). Por ello, Ángel, el padre le dijo: <<Tu lee a Platón, yo leo a Ramón López Velarde>> (p. 27). A lo cual Ángeles contesta más adelante: ¿Cómo crees que no me voy a leer completito el Crátilo, que es un libro sobre los nombres?(p.61). Precisamente el nombre del personaje constituye uno de los ejes del relato, surge en gran parte de los elementos creativos, simbólicos y lingüísticos que caracterizan al heterogéneo cuerpo narrativo de la novela. La figura de Platón y su posición filosófica sobre los nombres y el nombrar, expuesto en el diálogo Cratilo, es citado catorce veces, a lo largo de la obra, por la madre, Ángeles, ella dice: <<¿Los nombres son intrínsecos o son convencionales?>> (p. 92), <<la única razón de ser de los nombres era usarlos para llegar a la naturaleza de lo que indicaban>>, (p. 106), ¿Un nombre existe porque la cosa exige ser nombrada? (p. 333). Es decir, Ángeles está buscando una justificación razonada para aceptar el nombre de Cristóbal que quiere imponer su marido.

El Cratilo —<<O sobre la rectitud de los nombres>>— es un diálogo escrito por Platón en el año 360 a.C., aproximadamente. Los intérpretes lo ubican en la transición entre su periodo juvenil y su período maduro (Wikipedia). De acuerdo con uno de sus más reconocidos intérpretes, el profesor J.D. García Bacca, en sus Obras completas sobre Platón (Universidad Central de Venezuela 1982, Tomo 6), el propósito de Platón es advertirnos que <<el nombre es un instrumento cuya función es doble: instruirnos unos a otros y discernir en las cosas su naturaleza. Así que Nombre es un instrumento instructor y discernidor de la esencia>> (p. 156). De allí surge la controversia de si la propiedad de los nombres es natural o de pura convención, la cual trata de aclarar Platón en el diálogo, mediante la discusión entre tres filósofos: Cratilo, Hermógenes y Sócrates. La posición de Crátilo expone que el nombrar depende de la naturaleza de las cosas, es decir, existe una relación entre la cosa real y la palabra con la que se denomina. La visión de Hermógenes expresa que la naturaleza no es la que asigna los nombres, sino que es un acto sólo del hombre a quien no le importa la exactitud de las palabras o el parecido que tengan con las cosas que nombran.

El caso es que Ángeles se vio envuelta en esta controversia, para justificar el nombre de su hijo, próximo a nacer, pero en la novela este tema se trata como un dato escondido. Es decir, no aparece en ninguna parte de la novela alguna referencia sobre si la decisión y opinión de Ángeles para asignar el nombre a Cristóbal, fue tomada en cuenta, después de haber completado el estudio del Diálogo.

Lo antes expuesto nos conduce a concluir que el autor Carlos Fuentes, al tratar el tema de Ángeles en relación a este diálogo de Platón, lo presenta como un dato escondido. En tal sentido, Fuentes se vincula al concepto de ambigüedad y a la teoría del lector cómplice, como recurso literario en el desarrollo de su narrativa en la novela en referencia. Ambos temas están estrechamente vinculados. Son dos caras de una misma moneda. La ambigüedad consiste en usar una información que se puede entender de varias maneras, de tal forma que la interpretación quede en manos del lector, según sean las habilidades o destrezas de este y de sus patrones de conocimientos individuales para arribar a sus propias conclusiones. La ambigüedad es el resultado de la múltiple y/o variable proyección conceptual de los enunciados del texto. Es una propiedad inalienable del lenguaje literario que refleja la intención del autor e invita al lector a la reflexión y a una actitud participativa (Orlova, I. Universidad de Kiev. 2013)

De allí que Carlos Fuentes en su novela Cristóbal nonato, deja en manos del lector, las conclusiones, opiniones y decisiones que pudo tener Ángeles sobre la designación del nombre de su hijo frente a las propuestas de su esposo y padre del niño próximo a nacer.

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