A mediados del XX una perturbadora posibilidad inquietó a cierto sector del mundo académico. ¿Qué pasaría si, por lo que fuera, un día, de repente, vieras todo lo que te rodea al revés? ¿Podrías acostumbrarte a esta nueva y singular forma de percibir el mundo y, en caso de hacerlo, cuánto tardarías en acostumbrarte? El profesor de Filosofía y Psicología de la Universidad de Innsbruck Theodor Erismann, se hizo esta pregunta y después de experimentar con unas gafas especialmente diseñadas en uno de sus alumnos, Ivo Kohler, llegó a la conclusión de que se tardarían diez días.

Pero Erismann no fue el único en poner en práctica este curioso experimento. En 1950, el estudiante de posgrado Fred Snyder, de la Universidad de Wichita, pasó 30 días usando otras gafas especiales que invertían su visión. Este experimento había sido diseñado por el Dr. NH Pronko, jefe del departamento de psicología, para ver si una persona podía adaptarse a ver todo al revés. La respuesta también fue positiva: Snyder se fue adaptando paulatinamente a la visión invertida y cuando terminó el experimento tuvo que readaptarse a ver el mundo al revés. Sin embargo, en el caso de Snyder, fueron necesarios treinta días para adaptarse a la nueva visión.

Snyder y Pronko describieron este experimento en su libro de 1952, Vision with Spatial Inversion. En la introducción del libro se dice:

«Supongamos que colocamos gafas en los ojos de un niño recién nacido, gafas que tienen la propiedad de invertirse de derecha a izquierda y de arriba a abajo. Supongamos, también, que el niño usó las gafas durante la niñez y la adolescencia. ¿Qué pasaría si finalmente le quitaran esas gafas invertidas cuando cumpliera veinticinco años? ¿Tendría náuseas y no podría caminar o leer?

Por supuesto, un experimento así está fuera de discusión. Pero se hizo otro experimento: se convenció a un joven para que usara gafas invertidas durante treinta días, y aquí se cuenta su experiencia. Su progreso continuo, después de un malestar inicial, sugiere que las nuevas percepciones se desarrollan de la misma manera que las originales. Las situaciones de la vida sugieren lo mismo. Los dentistas aprenden a trabajar a través de un espejo en la boca del paciente hasta que la acción es automática. En los primeros días de la televisión, los camarógrafos tenían que hacer «panorámicas» con sus cámaras con una vista invertida. Posteriormente, se corrigió la imagen de la cámara para que correspondiera con la escena que se estaba tomando. El cambio causó una considerable confusión a los camarógrafos hasta que aprendieron las coordinaciones visomotoras apropiadas. Fred Snyder, el sujeto de nuestro experimento al revés, se encontró en una situación similar, al menos por un tiempo».

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