El frágil orden del universo de Eduardo Quijano Sánchez.

Peter Bagge debutó en el mundo del cómic con Mundo idiota en 1985, un momento determinante en el que la industria estaba experimentando una transformación en la que había una demanda cada vez mayor de contenidos que se alejaran de los superhéroes tradicionales y exploraran temas más sociales, personales, irreverentes y alternativos. Bagge, con su estilo inconfundible y su agudo sentido del humor, se convirtió pronto en una de las grandes voces de ese movimiento. Su obra impactó en toda una generación de lectores que buscaban algo más allá del convencionalismo y ayudó a definir la dirección del cómic independiente durante las siguientes décadas.

No, esta reseña no es sobre Peter Bagge, sino sobre la ópera prima de Eduardo Quijano, El frágil orden del universo, pero basta con echarle un vistazo a la cubierta del libro, lleno de personajes de expresiones histriónicas y situaciones estrambóticas, que incluyen desde referencias irreverentes hacia la muerte hasta una versión bukowskiana a ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, para darse cuenta de cómo planea la sombra del maestro del cómic underground norteamericano sobre este pequeño libro de poco más de cien páginas.

Lo que encontraremos al abrir sus páginas está, de hecho, muy en la línea de Mundo idiota. Son un conjunto de relatos desquiciados, con un sentido del humor bastante oscuro y ácido y brutalmente honesto por momentos. El título del libro proviene del segundo de los relatos, en el que la pérdida de una apuesta pone a dos personajes en la tesitura de que uno de ellos tenga que cortarle el brazo al otro. Porque, ¿si no se respetan las condiciones de una apuesta, por más despiadadas o absurdas que sean, cómo mantener la confianza en los demás, en la sociedad o en el orden del mundo? Este es uno solo de los relatos, pero ese sentido de orden incoherente, sostenido sobre un pilar de barro que en cualquier momento puede derrumbarse, es el espíritu que sobrevuela por los nervios de todas las historias y es por eso que tiene mucho sentido como elección de título para todo el conjunto.

Ese orden subversivo lleva a una serie de situaciones disparatadas que son asumidas por los personajes con la más absoluta normalidad, como si de una suerte de realismo mágico se tratara. El autor no teme abordar los aspectos menos glamorosos de la vida, presentando a personajes imperfectos, que comenten errores, tienen fracasos y luchan por encontrar su camino. A través de ese variopinto grupo de personajes se tocan temas como la desilusión o la apatía generacional, con un agudo sentido de la ironía, ofreciendo una crítica incisiva de la cultura juvenil con una perspectiva que bien podría ser de los años noventa pero que no ha perdido ni un ápice de actualidad.

A lo largo del libro encontramos varios niveles de lectura simbólica que van desde relatos en los que hay que escarbar mucho para encontrar algo que vaya más allá del absurdo por el absurdo hasta otras en las que personajes como la muerte o el universo nos dan una idea de por dónde van los tiros. En cualquier caso, al lector se le otorga un papel activo que más allá de la mera recepción de ficción. Uno de los grandes denominadores comunes de gran parte de las narraciones es que los finales no se cierran, sino que se dejan en el aire, a veces con últimas frases irrelevantes, un recurso usado evidentemente de forma intencionada para que sean los propios lectores los que aten cabos y concluyan las historias.

En resumen, El frágil orden del universo es una bomba de oxígeno en una época gobernada por la dictadura de lo políticamente correcto. Con una aguda sátira, personajes enmarcados dentro del absurdo y un estilo inconfundible, Eduardo Quijano ofrece una mirada inquebrantable y humorística a las complejidades de la vida. Desconozco si acabará resonando, pero de lo que no tengo ninguna duda es que algún día podría leerse como un testimonio de la cultura popular alternativa de la segunda década de los 2000. Algo así como la manera en la que ahora leemos a Bagge respecto a los 90.

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