Para un lector ideal. – A veces, la escritura se dirige a un público específico. ¿Pero realmente se logra eso? No. Escribir es el placer de unos pocos, mientras la lectura es el disgusto de muchos. Por esta razón, el público ideal no existe. La reducción de lectores se debe a la información y a la “sabiduría” de las redes sociales. Basta mirar un “TikTok” para ser experto en casi todas las artes. Afortunadamente, escribir no es un arte ni puede enseñarse. Es una manifestación de la comunicación. Se mantiene en la dignidad de oficio, está lejos de ser controlada por unos pocos. Por eso, se debe analizar la escritura oscura, críptica; la escritura académica. Estoy seguro, y lo digo por las lecturas a varios artículos, que los académicos, algunas ocasiones, son incapaces de escribir claramente para exponer una sola idea a favor de sus convicciones. ¿A qué me refiero? Me permito desarrollar un ejemplo: los estudiosos críticos de la clase burguesa escriben con el afán de presentar teorías revolucionaras, de mostrar erudición y novedad, pero su finalidad expositiva se entorpece por su modo de vida. Académicos, políticos o burgueses aburridos creen conocer la vida del proletariado. ¿Acaso no es esto ridículo? Es como si un pobre supiera con certeza cómo es la vida de los ricos, sus relaciones personales, su cultura, sus pretensiones. Con esto volvemos a la aseveración del principio: no existen los lectores ideales.

Posible fisonomía actual. – La persona más vulnerable y ridícula es la vanidosa. A veces, puedes hacerle creer que ella es inteligente, hermosa o la más importante del mundo y poco a poco comenzará a desenmascararse. Detrás de sus actitudes solo hay autocompasión con una mezcla de orgullo. Además, es un ego herido. Siempre va a temer ser descubierta, sabe que en su fondo no hay nada. Mostrará ser sabihonda, pero lo hace para no ser una inútil. El mundo gira a su alrededor solo porque existe como masa, como lugar, como algo. En realidad imagina su vida en situaciones y contextos específicos. Debe expresarlo de una forma u otra, por eso habla mucho.

Crítica de la ignorancia. – ¿Cuál es el mensaje oculto en la figura del Rey David? Se sabe de su insaciable atracción a las mujeres, su convicción de lucha y exageración al exterminar enemigos. Fue sanguinario. Aunque practicaba la indulgencia con sus agresores, no se sabe con certeza si era tolerante. Su vida no se puede justificar como un modelo de bienaventuranza, sin embargo, en la biblia se le reconoce como un gran rey. Constantemente se le alaba y se espera de su linaje la llegada del mesías. ¿Por qué no es posible borrar su imagen de la memoria histórica? Porque su vida no se puede imitar, incluso la narrativa bíblica jamás incita a eso. Quien realmente puede vivir la magnificencia es la imaginación ilimitada. A nuestros ojos su vida, gustos y lujos solo pueden ser especulaciones. Y, sin embargo, no tenemos elementos suficientes para suponer dónde radica su grandeza, evitando hablar de sus logros militares.

El Otro no es una amenaza. – El sentimiento de satisfacción jamás se corresponde con los hechos respetables. No se puede advertir en el prójimo qué sentido tiene para nuestra existencia. El altruismo es un fraude. Esto podría ser trágico. Y, sin embargo, este misterio desciende a nosotros tomando la forma de una responsabilidad inevitable. Aquí, respetar al otro reaparece con la careta del significado y valor. Pero, queremos dirigir nuestro interés, someterlo bajo nuestra voluntad. Así, la vida es la expresión de un poder individual, cuyo alimento requiere de experiencias. El otro, desde esta perspectiva, no puede ser catalogado como atroz, incómodo. Eso recae en la emoción, nosotros no confiamos en el sentimentalismo. ¿Acaso olvidan que lo que no destruye te hace más fuerte?

¿Contra el privilegio? – Vale la pena analizar las redes sociales, especialmente Facebook, para observar el lugar que ocupan los privilegiados. Su descanso en la tranquilidad que aporta el dinero y el poder crea en ellos esa dulce careta con la que enfatizan la felicidad y la abundancia; además, lo que menos les importa es dirigir una crítica áspera contra aquel que está a su “nivel”. No por nada el lenguaje coloquial resumió su forma de operar en un refrán: “entre gitanos no se leen la mano”. Vaya que es cierto: si hay privilegios no hay quejas; sin quejas no hay enemigos. Me gustaría ejemplificar su modo de operar con la siguiente imagen: a veces, inclinan su cabeza para oír de cerca las penas de los desafortunados y su indignación es tan ingenua que publican en sus perfiles de Facebook la simpatía que sienten por ellos. Esto es claramente un acto hipócrita. Ciertamente no es cinismo, sino hipocresía, porque fingen que es una ofensa oprimir a los desdichados. Saben que es gracias a ellos que su lugar privilegiado nunca estará amenazado; saben que es gracias al privilegio por el que pueden burlarse de ellos; saben que es gracias al poder por el que pueden considerarlos subordinados. De todo esto obtienen un material pseudoexplosivo con el que señalan los «errores» y las «incoherencias» de sus privilegios.

Reflexión sesgada. – Uno podría imaginar que los grandes pensadores eran personas respetables, notables, tanto que uno debería aprender de sus vidas como de sus comportamientos, cuando realmente representan todo lo contrario. En Nietzsche hay muy pocas actitudes admirables, únicamente el cariño y el amor que sentía por el padre. Ciertamente, lo que hacía era insultar a sus amigos, señalarlos de traición y de algunas otras cosas más. Mientras se vanagloriaba por su gran capacidad con la pluma, por sus expresiones ruidosas contra todo lo venerable, al mismo tiempo dudaba de su genio. A Malwida von Meysenbug, amiga de juventud, la catalogaba de “idealista” porque apreciaba la música de Wagner. Nietzsche también poseía ese rasgo inconsciente de los grandes pensadores: en tanto que se creen dioses se reconocen como los más estultos de la tierra. Algunas veces, su vida retrató ambos papeles. El enigma del ingenio consiste, tal vez, que en el rincón más oscuro del intelecto humano siempre habrá un lugar donde alojar lo menos asombroso y venerable.

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