Cubierta de Román López-Cabrera

Creo que esta reseña de Nevadahonda de Román López-Cabrera, editada por Dolmen, va a ser más corta de lo habitual. En parte, porque terminar el libro me ha costado tanto que apenas recuerdo cómo comenzó. También, porque no tengo demasiadas cosas buenas que decir. Tampoco es que quiera machacar el libro, porque lo cierto es que lo empecé a leer con muchísimas ganas. La premisa de esta novela de terror es un caramelo para cualquier lector de género, atentos: en un pueblo de la Valencia más profunda comienzan a suceder fenómenos extraños que se vuelven tan habituales que el gobierno tiene que habilitar un programa para familias desplazadas que ya no pueden vivir en sus casas. Le añadimos un programa chusco de televisión al estilo Cuarto Milenio (pero sin gracia) y una funcionaria que, de repente, se ve obligada a creer en lo increíble y yo no sé ustedes, pero a mí me pone los dientes largos para devorar la novela de cabo a rabo.

Una pena que el desarrollo de la misma naufrague de forma irrecuperable.

Lo hace desde la primera página: Nevadahonda está bastante mal escrito. Sorprendentemente, de hecho, pues el autor viene con el pedigrí de ser dibujante de cómic y haber participado en algunas producciones interesantes y de atreverse incluso con la poesía. No me esperaba encontrarme con unos diálogos tan pobres, una voz narradora tan soporífera, tantos chistes sin gracia y una estructura narrativa tan caótica. Casi desde la primera página no me ha funcionado nada en este libro, y he avanzado en la lectura por el mero placer de la premisa. De la poderosa sinopsis. Pero claro, también cae de bruces contra otro problema que le resta: lo larga que es. No hay nada peor que un libro de terror innecesariamente largo, y Nevadahonda, con sus casi quinientas páginas, se me ha hecho inmenso. La trama no se sostiene, los personajes se revelan hechos de cartón piedra y el narrador es tan insoportable que a ratos parece que estoy ante un libro de humor y a veces ante una novela de terror. No he sabido por dónde cogerlo, y al final he naufragado yo de la misma manera que lo ha hecho la trama. He querido empezar por lo malo y seguir por lo bueno para que nadie que lea esto se quede con la idea de que he querido defenestrar el libro porque sí.

Nada más lejos.

Pero es que no encuentro casi nada bueno que decir.

La trama tiene su gracia las primeras doscientas páginas, pero después, aburre. Es cierto que hay algo interesante en cómo le coge el tono a la jerga diaria; que los personajes hablan como si fueran personas reales. Pero, ¿eso es una virtud? Tal vez lo sea en una película, pero esto es literatura. Los personajes no son literarios, el libro no es literario, el narrador tampoco. Esta es, hasta donde he indagado, la segunda novela del autor. La segunda siempre es la más difícil, creo yo, y no haremos más leña del árbol caído. No he leído la primera, Calapobre, ambientada en el mismo universo que Nevadahonda, pero no creo que lo haga. Escribir literatura es difícil, muy difícil, y una buena sinopsis no hace un libro. Me temo que Nevadahonda fracasa en todo lo que intenta. Pero lo que sí le concedo son dos cosas: la premisa es realmente buena, tan buena que fui con muchísimas ganas a leerlo. No es fácil tener una buena idea, las buenas ideas no son baratas. Román López-Cabrera parece un autor en ciernes con muy buenas ideas, solo queda trabajarlas. Quizás con el tiempo y el ensayo y error una de esas ideas resulte en un libro espectacular, tengo fe.

Lo otro que le concedo es una ilustración de cubierta increíble, un auténtico vende libros. Ilustración que es obra del autor, así que no todo van a ser críticas a su trabajo. De hecho, he estado ojeando su portfolio en su página web y me parece un dibujante sobresaliente. Pero me temo que escribir no es dibujar y escribir un libro no es escribir un guion, y en este caso una sinopsis cojonuda se convierte en una mala novela. Espero que la práctica haga al maestro y a la siguiente le leamos una sinopsis estupenda cuya ejecución esté a la altura.

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