Astrabán.

Pocos autores españoles de cómic han logrado generar una comunidad tan fiel a su mundo de ficción y, en general, hacia toda su obra como Óscar Martín. Para muestra un botón: cualquiera de sus proyectos en crowdfunding alcanza en pocas horas el objetivo y al acabar la campaña lo sobrepasa en miles de euros. Su universo, con ese toque Disney en un mundo postapocalíptico, lleno de brutalidad y violencia, es inconfundible. Esa historia, en la que lleva trabajando más de dos décadas, comenzó a abrirle puertas en el primer lustro del siglo XXI. Entre las muchas ofertas que el dibujante recibió había una de Casterman (publicada en España por Norma) que bautizarían como La hermandad y que incluía ladrones, alquimistas, magia y ciudades medievales. Si a todos estos ingredientes se le añade el estilo de dibujo de Solo, ¿qué podría salir mal?

Prácticamente todo. El dibujo es el de Óscar Martín, lo que ya de por sí podría ser una garantía de éxito. En cierto sentido, se siente como si los personajes de La hermandad pudieran aparecer en cualquier momento en Solo o como si ambas historias compartieran universo en distintos tiempos. A pesar de que se nota una cierta contención, en el sentido en el que de alguna forma parece que Óscar Martín no puede dar rienda totalmente suelta a su creatividad, el nivel gráfico es insuperable, como cabe esperar de un genio como él. Sin embargo, La hermandad es la demostración palpable de que, incluso con el mejor de los dibujos, una historia no se sostiene si no tiene detrás un guion que la respalde, si no a su misma altura, sí al menos a un nivel aceptable.

Y es que el guion de La hermandad, a cargo de Miroslav Dragan, hace aguas por todas partes. El argumento en sí es bastante simple y estereotipado: el protagonista, un joven aprendiz de alquimia, ve cómo su mundo se derrumba y su familia es asesinada después de que decide ayudar a una joven misteriosa que huye de unos sicarios. A partir de ese momento, Astrabán, que así se llama el joven, entrará en una guerra mafias en la que se convertirá en un simple peón en manos de los poderosos. Este resumen, que bien podría estar sacado de la contraportada de los libros, se ejecuta de una forma sorprendentemente torpe y caótica.

Lucius.

Lo primero que cuesta entender es por qué el protagonista tiene tanta importancia de cara a la historia. ¿Por qué tanto interés en él? ¿Por qué no ser efectivamente un peón más del que se puede prescindir en cualquier momento? Cuesta entender qué es lo que hace que entre en ese mundo de bandas. Y, en general, cuesta entender las motivaciones de los personajes y cuesta empatizar con ellos y esto ocurre precisamente por falta de destreza diseñando los perfiles psicológicos. La historia es tan caótica que en algunos momentos parece que se hayan cambiado páginas de lugar y hay que estar constantemente volviendo atrás para revisar lo leído. Algo que ocurre porque se abusa del procedimiento de elipsis, dando por hecho que es el lector el que tendrá que unir la línea de puntos para formar el dibujo, incluso cuando esos puntos están demasiado alejados unos de otros. El planteamiento del guion es claramente erróneo, como si quisiera encapsularse una historia que debería ocupar un número mayor de páginas en un un espacio demasiado reducido, y por tanto se obligara a omitir información importante para la comprensión de la trama.

La historia original parece ser que en principio estaba pensada para desarrollarse en cuatro tomos, siendo cada uno de esos tomos un arco narrativo relativamente cerrado pero continuado en tomos posteriores. Cada uno de esos tomos llevaría el título de uno de los personajes y se dedicaría a profundizar en él. Después de los dos primeros tomos, «Astrabán» y «Lucius», la serie no llegó a cuajar y acabó cancelándose. Después de esta experiencia, Oscar Martín volvería a Solo, proyecto al que seguiría dedicándose en cuerpo y alma en los siguientes años, hasta llegar a la actualidad. Esta sería la última incursión del artista, que yo sepa, en el sistema editorial tradicional. En 2012 Óscar Martín fundaría su propia editorial, Ominiky, para evitar que la historia volviera a repetirse.

En definitiva, quien lea La hermandad no solo leerá una historia con un guion terriblemente mal planteado sino encima leerá una historia inconclusa (con un final, todo dicho sea de paso, bastante abrupto). ¿Merece la pena? Bajo mi punto de vista, incluso después de hacer balance negativo, la respuesta es que sí. Siempre estoy dispuesto a comprar y a disfrutar libros de arte de Óscar Martín, como el de Sketchbook de Trinquétte Publishing o el más reciente The Art Of Oscar Martin. Solo Cannibal Universe, así que un par de libritos como los de La hermandad, que se leen de una sentada, son muy disfrutables a nivel gráfico. Recomendables para cualquier seguidor de Óscar Martín, aunque se disfruten incluso sin leer los bocadillos.

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