Teresa de la Parra

Teresa de la Parra es el seudónimo de la escritora venezolana, Ana Teresa Parra Sanojo (1889-1936), nacida en París, de padres venezolanos, calificada como una de las narradoras más sobresalientes de su época. Compartió su vida entre sus estadías en el extranjero y su entorno familiar y de amistades en la sociedad caraqueña de principios del siglo XX, magistralmente narrado en un ambiente circunstanciado en su obra literaria, compuesta de dos novelas: Memorias de mamá blanca 1929) e Ifigenia (1924). Esta última obtuvo en 1925, en París el primer premio de autores americanos. Su forma poética conquistó todo el mundo hispánico. Se leía, simultáneamente, en México, en Bogotá, en Montevideo, en Santiago de Chile (Picón Salas.1951).

De acuerdo con muchos críticos y seguidores de su obra, lo que más se destaca de su estilo literario es ese rasgo singular para expresar los sentimientos, que dentro de un marco de moderación y equilibrio, llegan a su máxima expresión en el tono conversatorio familiar, reforzado por la seguridad, y precisión de una estructura impecable, la armonía y belleza de la prosa, el ritmo secreto y el sentido evocador de los diálogos y descripciones de rasgos proustianos, provenientes de una sensibilidad especial de la autora (Biblioteca Ayacucho: p.4). De esta sensibilidad especial, que trasluce una angustia subyacente por el presentimiento de la muerte, es donde consideramos que se origina la proximidad de la autora con el sentimiento trágico de la vida.

El sentimiento trágico de la vida, es uno de los conceptos fundamentales del pensamiento del destacado escritor y filósofo español Miguel de Unamuno(1864-1936), en su obra más importante: El Sentimiento trágico de la vida (1912). Unamuno en esta obra elabora una antropología donde surge una concepción del hombre concreto, con todos sus problemas intrínsecos, sus angustias y además sus regocijos, en definitiva todo lo más íntimo de su ser y conjuntamente una preocupación por la muerte y la inmortalidad, siendo dicha preocupación sentida o vivida más que razonada, la cual implica a todos los hombres concretos (Jaramillo Lugo, J. 2012 :1). Unamuno parte de la necesidad de no morir o de la inmortalidad en función de la creencia religiosa, en términos de asumir la existencia de Dios, o sea, creer en él nos hace inmortales Esta inmortalidad se entiende como que no se debe romper con la continuidad y la unidad de la vida, es decir, seguir siendo, lo que somos ahora, después de la muerte, Según Unamuno, la cuestión de la inmortalidad o mortalidad no puede ser resuelta sobre bases racionales, de allí lo que expusimos antes, que este tema es una preocupación sentida, vivida más que razonada (Cfr. Oya, Alberto.2017). La inmortalidad para Unamuno está en un infinito, que se expresa en un Dios, en un más allá.

De acuerdo con esta metodología, Unamuno puede ser clasificado dentro la tendencia irracionalista de la filosofía, concretamente en el marco de la llamada filosofía de la vida. La mayoría de estos conceptos están expuestos desde el capítulo I del texto El Sentimiento trágico de la vida: <<El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere -sobre todo muere>> (p.1); <<El hombre, dicen, es un animal racional. No sé por qué no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental>> (p.2); <<el Dios sentimental o volitivo, es la proyección al infinito de dentro del hombre por vida, del hombre concreto, de carne y hueso>>(p.3); <<El imperativo categórico nos lleva a un postulado moral que exige a su vez, en el orden teológico, o escatológico, la inmortalidad del alma, y para sustentar esta inmortalidad aparece Dios>> (p.3).

En cuanto a la novela Ifigenia, Teresa de la Parra refleja, a lo largo de toda esta obra, de una manera profunda y sentida, sus estados afectivos de tristeza y de muerte. Desde el comienzo de la obra expresa: <<Qué triste es llegar para siempre a cualquier sitio! . . . Yo digo que será́ por eso sin duda por lo que la muerte nos espanta ¿verdad?>> (P.13)(….) <<Desde lo alto de una atalaya miraba mi vida entera, la pasada y la futura, y no sé por qué tuve un gran presentimiento de tristeza>> (P.20)(….) <<Pero semejantes soliloquios se paralizan inmediatamente en mi cerebro al recordar que esta malhadada propensión a la filosofía es causa de mi desdicha, fuente de mi tristeza, y origen de mi reclusión en San Nicolás>>(….)<<Me acosté sobre la hierba a la sombra de los sauces llorones, pensé con envidia en el silencio eterno de los cementerios, fingiéndome muerta, inmóvil bajo los sauces>> (P161) (….) <<Las campanadas de los relojes en la noche son las voces del silencio que se queja … y el tic-tac de los relojes en la noche son los pasos . . . ¡ah! los pasos de la muerte>> (p.231) (….) <<Ah! ¡La muerte! . . . No es el silencio quien camina en la noche, no, ¡mentira! es ella … es la muerte . . . ¡Sí! ¡La muerte! … Y los relojes son los únicos que tienen oídos para escuchar sus pasos>> (p.232) (….) <<Sin más tensión en el alma, que esta tensión que vive siempre en acecho, erguida y temblorosa, escuchando los pasos de la muerte, que camina, y camina, y camina, siempre cerca, y siempre, siempre, sin llegar a llegar>> (p.238).

Ante lo expuesto nos preguntamos: ¿Por qué esa alusión tan frecuente y sentida de la autora hacia la muerte? Eran ansias o deseos de inmortalidad del alma en el sentido unamuniano o era que presentía su muerte o ambas? De lo primero es muy probable que haya sido objeto de sus sentimientos y reflexiones, dado su continua referencia a la muerte, su indulgencia del alma, su frecuente melancolía filosófica que parecen la expresión de una gran angustia subyacente, así como su ortodoxa y estricta formación dentro de los códigos cristianos de su núcleo familiar De lo segundo, el presentimiento de la cercanía de su muerte, tenemos testimonio de la destacada escritora venezolana, gran admiradora y estudiosa de la vida y obra de Teresa de la Parra, Ana Teresa Torres, quien a pesar de que alude a la etapa final de la escritora, nos confirma que mucho antes, Teresa de la Parra había internalizado el advenimiento de su muerte prematura (46 años de edad). Al respecto Ana Teresa expresó: <<En la medida en que Teresa sabía su fin próximo, la urgencia la invade. No tiene ya la paciencia para escribir en su cuidada prosa, ni preocupación para otra cosa que no sea la vida que se le escapa>> (Aproximación a Teresa de la Parra en tres lecturas. Versión digital).

Es probable que el temperamento triste y la angustia subyacente en Teresa de Parra, la llevaron a esa gran aproximación con la idea de la muerte, al considerar la vida como una continuada pérdida de todo lo que se ama; que dejamos detrás de nosotros la huella de los dolores y el destino nos castiga con multitud de sufrimientos insoportables, por ello la muerte es la posibilidad de vencer el caos. La victoria del espíritu sobre la materia y el reconocimiento posterior de los verdaderos valores universales. Aquí coincidió con Emma Bovary de Flaubert, como sostienen algunos autores (Ana T. Torres. Ob. Cit.). Dice Emma: << Ahora sentía un cansancio incesante y total (…)Hubiera querido no seguir viviendo o dormir ininterrumpidamente>> (Madame Bovary p.172).

En tal sentido, y aun cuando no lo supo, la alta calidad y la jerarquía de los valores literarios de la obra de Teresa de la Parra,que la llevaron casi a la perfección narrativa, y la colocaron en el sitial de las figuras inmortales y universales, por el éxito y la admiración general que hoy detenta como autora. Cumplió a cabalidad el proceso de la dialéctica finito-infinito del filósofo alemán G.W.F. Hegel (1770- 1831) tratada en su obra la Enciclopedia de la ciencias filosóficas (1817) y en La Ciencia de la lógica (1812’1816) Esta dialéctica sostiene que lo que es distinto no lo es en virtud de algo externo, sino de una identidad interna que, para distinguirse, necesita negarse a sí misma–consumirse, perecer–. Lo finito está ligado al todo sólo por el movi­miento de su propia superación, de su propia muerte, y en dicha negación halla lo distinto; esa identidad que se niega es finita, de tal manera que la negación de su finitud da como resultado algo afirmativo: la infinitud. Esta infinitud está expresada en el legado de la obra escrita de Teresa de la Parra, en las novelas antes señaladas que le dieron la entrada a nuestra memoria colectiva, a nuestra infinitud.

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