Que los cánones de belleza varían dependiendo de la cultura, el tiempo y el espacio es algo bien sabido. Uno de esos sorprendentes rituales para impulsar el atractivo femenino explica por qué en las pinturas, los grabados y las fotografías japonesas antiguas aparecen mujeres con los dientes negros. No era simplemente un detalle para crear contraste de color o de luz, sino que era el resultado de una costumbre común en la época llamada ohaguro: ennegrecerse los dientes con una solución de limaduras de hierro y vinagre fue especialmente popular entre los períodos Heian y Edo, desde el siglo X hasta finales del siglo XIX.
Esa costumbre, considerada símbolo de belleza, estuvo vigente durante cientos de años. Su origen no está claro, pero sin duda influyó el hecho de que los objetos de color negro intenso y brillante, como los lacados, se consideraban de gran belleza. De hecho, se utilizaban muchos tonos de negro para teñir los kimonos y cada uno de ellos tenía un significado diferente. ¿Por qué aplicar negro a los dientes? La representación de los dientes en los demonios como grandes colmillos blancos y quizá el que sean la única parte visible del esqueleto, los vincula a la muerte y los convierte en tabú en la cultura japonesa.
Las primeras referencias escritas en Japón al ohaguro aparecen en el Cuento Genji del siglo XI y en el relato Mushi Mezuru Himegimi (La dama que amaba los insectos) del siglo XII, incluido en el Tsutsumi Chunagon Monogatari. En la historia se describen los dientes sin teñir de una dama como «orugas sin piel» y aunque un capitán de la guardia se siente atraído por ella, le repugnan sus dientes que «brillaban horriblemente cuando sonreía».
La tradición, que comenzó como un ritual de madurez de adolescentes, apareció por primera vez no solo entre mujeres sino también entre hombres de la aristocracia entre los siglos IX y XI, y no tardó en extenderse a todas las clases sociales. Incluso los samuráis solían teñirse los dientes, estando en este caso el color negro asociado a la idea de lealtad: cuando un samurái se teñía los dientes de negro, reflejaba su decisión de no servir a otro señor durante el resto de su vida. Finalmente, su uso exclusivo por parte de las élites sociales acabó diluyéndose y llegó a considerarse aceptable en toda la población, especialmente entre las mujeres casadas y las geishas, a excepción de los marginados y vagabundos.
La apertura del país a las costumbres occidentales durante el período Meiji provocó su desaparición gradual. En 1870 el gobierno prohibió la práctica en los hombres, y poco a poco se volvió obsoleta, especialmente a partir de 1873 entre las mujeres casadas y nobles. Hasta los últimos años del período Meiji, el ohaguro todavía era una costumbre popular entre las clases medias y bajas, pero a partir de ese momento prácticamente desapareció, excepto entre las mujeres mayores en las áreas rurales.
En la actualidad, solo se puede ver el ohaguro en algunos festivales japoneses, en películas de época, en kabuki y en algunas aprendices de geishas, que lo hacen durante la última etapa de su aprendizaje, antes de graduarse. Como rastro de esta tradición ha quedado la actual costumbre femenina japonesa de cubrirse la boca al sonreír.




No hay comentarios