A finales de los ochenta el artista y espía Jay Jaroslav llevó a cabo una obra que lo llevó ante los tribunales y que lo enfrentó a una posible condena a prisión pero que, sin embargo, recibió muy poca atención por parte del público y de la crítica. John Richard Dallas, Robert Francis Phillips Jr., Wayne Costa o Joseph Cirillo eran solo cuatro de las treinta y una personalidades que Jaroslav creó para su proyecto titulado Extended Credentials: Creating Born Criminals.
La idea se inició en 1968, cuando era simultáneamente miembro del Grupo de Inteligencia Artificial del MIT y alumno de la facultad de la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston. Lo que hizo Jaroslav fue asumir las identidades de treinta y una personas que habían muerto siendo bebés, utilizando la información de esas personas como base para construir sus identidades a través de documentación oficial como certificados de nacimiento, tarjetas de la seguridad social, permisos de conducir y pasaportes. La obra de arte se materializó en pinturas que presentaban esos documentos como prueba de la existencia de esas personas.
Las pinturas, organizadas en dos series, fueron creadas a partir de las treinta identidades que Jaroslav inventó mientras trabajaba como agente encubierto (de hecho, su verdadera identidad solo la conocía un agente de la CIA). El problema que plantea esta obra es que todo el proceso de elaboración es ilegal, aunque Jaroslav aclara que el objetivo de esas identidades no era en ningún caso hacer nada ilegal sino solo demostrar que algo así es posible de hacer.

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