
Picasso en Milán en 1953. Foto de Paolo Monti (Fuente).
Luigi Lo Rosso solía pasar sus días recorriendo casas abandonadas y vertederos en busca de tesoros para vender en la casa de empeños que su familia tenía en Pompeya. En 1962, encontró en el sótano de una villa de la isla de Capri un lienzo enrollado con el retrato asimétrico de una mujer, con un vestido azul y lápiz de labios rojo, al estilo de Picasso. Según Luca Gentile Marcante, experto en arte y presidente honorario de la Fundación Arcadia, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la restauración de arte con sede en Suiza, la pintura podría ser una imagen distorsionada de la fotógrafa y poeta francesa Dora Maar, amante de Picasso.
Con apenas 24 años, Lo Rosso no le dio importancia al hecho de que la firma, en la esquina superior izquierda de la obra, pusiera «Picasso». Lo Rosso, que murió en 2021, lo había puesto en un marco barato y se lo había regalado a su esposa, a la que no le gustaba nada el cuadro, al que había bautizado como «el garabato». De hecho, como le parecía que no podría vender un cuadro tan feo, lo colgó en casa durante cinco décadas, para pasar más tarde a un restaurante que tenían.
Cuenta Andrea Lo Rosso, el hijo de Luigi Lo Rosso, que su padre había recuperado dos lienzos en Capri, que solo uno de los dos estaba firmado por Picasso, que ambos estaban cubiertos de tierra y cal y que su madre los había lavado con detergente, como si fueran alfombras. En la década de 1980, cuando Andrea estaba en la escuela, vio un retrato de Dora Maar hecho por Picasso en un libro de texto de historia del arte y descubrió que el pintor había pasado un tiempo en Capri en la década de 1950. Así fue como descubrió que el cuadro podría tener valor.
Lo siguiente fue comenzar un viaje que duró décadas para autentificar la firma del cuadro. Muchos de los expertos e historiadores de arte con los que se pusieron en contacto afirmaron que no era original, pero al mismo tiempo se ofrecían a quedarse con el cuadro. Sospechando un posible engaño, decidieron registrar el cuadro. En un primer momento la policía pensó que podía ser robado, pero como en ese momento no estaba autentificado, se permitió a la familia conservarlo.
Finalmente, la autenticidad de la firma del cuadro, que desde 2019 se encuentra guardado en una bóveda de Milán, fue certificada por Cinzia Altieri, grafóloga del Tribunal de Patrimonio de Milán. Altieri trabajó en la pintura durante meses, comparándola con otras obras de Picasso, y realizando pruebas forenses para asegurarse de que estaba firmada aproximadamente en la misma fecha en que fue pintada. «No hay duda de que la firma es suya», declaró a los medios italianos.
Según las estimaciones de Altieri y del experto en arte Marcante, basadas en el mercado del arte actual, el cuadro podría valer unos seis millones de euros, duplicándose su valor incluso si su autenticidad es certificada por la Fundación Picasso de París. Esa es el próximo paso de la familia Lo Rosso. Si finalmente lo consiguen subastarán la obra en honor a su padre, que pasó buena parte de su vida luchando para ello.
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