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Imagina una librería donde cualquiera pueda vender sus libros siempre y cuando alquile una estantería. Esta idea, que ya está funcionando en comunidades donde muchas librerías estaban cerrando, pone a disposición de los lectores una oferta mucho más ecléctica, diferente a las propuestas de los algoritmos de las grandes librerías virtuales, que se basan en las estadísticas de ventas y excluyen todos los libros que no se venden bien.
Según la Fundación de la Industria Editorial Japonesa para la Cultura, una cuarta parte de los municipios de Japón no tienen librerías físicas, y en los últimos 18 meses cerraron más de seiscientas. Teniendo en cuenta estas cifras, decenas de librerías tratan de sobrevivir a cualquier precio ante gigantes como Amazon, añadiendo desde cafeterías hasta gimnasios. Lo que a la larga puede ser incluso contraproducente, porque si la nueva línea de negocio que se abre para apoyar a la librería resulta más rentable, al final se potenciará frente a la venta de libros.
El resultado es que en Tokio cientos de estanterías están siendo ya alquiladas en varias librerías por particulares y empresas (entre las que se incluyen pequeñas editoriales) por una cantidad que oscila entre los 30 y los 55 euros aproximadamente. En este modelo de negocio son los arrendatarios los que se encargan de promocionar sus libros y atraer a clientes, a menudo a través de las redes sociales. De esta forma, las librerías tienen un flujo constante y asegurado de ingresos y se liberan de la presión por tener que vender sí o sí libros para mantenerse abiertas.
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