Un retrato de Alan Turing realizado por un robot con Inteligencia Artificial ha sido recientemente vendido por 1,08 millones de dólares, convirtiéndose en la obra de arte más valiosa jamás subastada en estas condiciones, lo que supone un episodio más en el debate sobre el papel de la IA en el mundo del arte. El precio de venta superó con creces la previsión de la subasta, que se movía entre los 120.000 y los 180.000 dólares. Después de 27 ofertas, la subasta se cerró a favor de un comprador no revelado, según Sotheby’s.

La pintura, titulada «AI God: Portrait of Alan Turing», fue creada por Ai-Da, un robot artista con forma humana, que fue inventado por el galerista británico Aidan Meller. Ocho décadas después de que Turing predijera el surgimiento de los ordenadores y de la IA, Meller planteó Ai-Da para que sus obras de arte fueran una «especie de espejo de hacia donde nos dirigimos», un mundo en el que los algoritmos son cada vez más importantes en la toma de decisiones.

Según Meller, lo que supone la irrupción de la IA dentro del mercado del arte es comparable con la invención de la cámara de fotos. Al fin y al cabo, hay una visión un tanto apocalíptica de que la IA está acabando con el arte, de una forma un tanto similar a cómo la cámara también supuso un cambio. Sin embargo, no todo el mundo lo considera un hito. Para Alastair Sooke, crítico de arte jefe del periódico británico The Telegraph, representa sólo una «versión muy sofisticada y elegante de esas noticias periódicas sobre animales de granja que supuestamente pueden pintar como Pablo Picasso».

Ai-Da se lanzó en 2019 en colaboración con una empresa de robótica de Cornwall, Inglaterra. Antes de comenzar a pintar sus obras, el robot habla con sus creadores sobre todo aquello que le gustaría pintar. En el caso de esta pintura, todo se inició con una conversación sobre la propia IA, lo que llevó a Ai-Da a mencionar a Alan Turing como una persona que quería pintar. Después de todo, además de ayudar a los aliados a descifrar las comunicaciones alemanas durante la Segunda Guerra Mundial, el trabajo de Turing sentó las bases para el desarrollo de los primeros ordenadores.

Tras responder a distintas preguntas sobre el estilo, el contenido, el tono y la textura de la pintura, Ai-Da utilizó las cámaras de sus ojos para observar una imagen de Turing y creó varios bocetos previos. Luego hizo quince pinturas individuales de partes del rostro de Turing, cada una de ellas diferentes, dependiendo de cómo el algoritmo hubiera interpretado la foto. Cada una de ellas le llevó al robot unas seis u ocho horas y luego se le pidió que las montara. Al final, eligió tres, además de un cuadro del dispositivo de descifrado de códigos que construyó, que aparece al fondo.

Como el brazo de Ai-Da solo puede pintar sobre un lienzo pequeño, la imagen final se imprime en un lienzo más grande utilizando una impresora 3D. Sotheby’s remarcó que no se produce ningún cambio en la imagen durante este proceso. Meller añadió que la forma en que Ai-Da pinta ha cambiado a lo largo del tiempo porque su tecnología se actualiza constantemente. «AI God: Portrait of Alan Turing invita a los espectadores a reflexionar sobre la naturaleza divina de la IA y la informática, al tiempo que considera las implicaciones éticas y sociales de estos avances. Alan Turing reconoció este potencial y nos mira fijamente mientras corremos hacia ese futuro», dijo Ai-Da en un comunicado.

Comentarios

comentarios