Sylvia Beach de Emilia Cinzia Perri y Silvia Vanni.

Pocas librerías hay en el mundo más emblemáticas que la parisina Shakespeare and Company. Fundada en 1919, se convirtió durante el periodo de entreguerras en un centro neurálgico para escritores y artistas, especialmente para intelectuales de la Generación Perdida, incluyendo a figuras como Ernest Hemingway, Gertrude Stein o Scott Fitzerald. Además de ser famosa por su ambiente acogedor y su espíritu bohemio, esta librería desempeñó un papel fundamental en la publicación del Ulises de Joyce en 1922, novela rechazada por otros editores debido a su controvertido contenido. Y la figura que se encuentra tras esta librería es Sylvia Beach, protagonista de la biografía guionizada por Emilia Cinzia Perri y dibujada por Silvia Vanni.

La historia recurre a un recurso clásico en las biografías noveladas: el punto de partida es una Sylvia Beach anciana y es una joven que entra a trabajar a su casa como asistenta la que actuará a la manera de resorte del recuerdo. A partir de ahí, una serie de flashback que comienzan con Sylvia de niña y que van avanzando de forma lineal, se van alternando con el tiempo presente, estableciendo una especie de paralelismo entre la joven Sylvia y Nicole, que es como se llama la joven que entra a trabajar en la casa de la anciana Sylvia.

Como biografía, el relato entra dentro de lo correcto, deteniéndose en todos aquellos momentos clave en la vida de la librera, desde el momento en que se atreve a hacer realidad por primera vez su sueño de abrir una librería, tras la visita a Adrienne Monnier en su librería de Rue de L´Odéon, hasta que se ve obligada a cerrar Shakespeare and Company debido a la invasión alemana. El libro es sobre todo prolijo en dos detalles: por una parte todas aquellas celebridades intelectuales que cruzaron las puertas de la librería y con las que Sylvia tuvo ocasión de entablar amistad y por otra la publicación de Ulises de Joyce, que fue uno de los mayores caballos de batalla a los que se tuvo que enfrentar en su negocio.

Aunque realista, un elemento que da un toque singular a la historia son las concesiones que se hacen a la realidad, en virtud del amor por los libros y de la imaginación. Así, Sylvia tiene aparentemente una particularidad que se integra dentro de la narración y que es reconocido y admitido por todos aquellos que la rodean y es que es capaz de levitar cuando entra en trance al estar en contacto con buenos libros. El amor por la literatura y por los libros es uno de los grandes motores de la vida de Sylvia Beach y, como no podía ser de otra forma, de este libro. Tanto este, como el resto de detalles que aparecen de forma fugaz en alguna viñeta (vemos a personajes con la cabeza de conejitos o en algún momento Sylvia baila entre las nubes de la mano de Monnier o es arrastrada por un huracán que es el Ulises y que hace que se ahogue) tienen un evidente carácter simbólico.

El dibujo de Silvia Vanni, naif por momentos, podría calificarse de delicioso. Pero es precisamente ahí, cuando ese dibujo se une al guion de Emilia Cinzia, donde radica el que para mí ha sido uno de los grandes inconvenientes del libro. La galería de intelectuales y artistas famosos que desfilan por las páginas del libro es interminable (y aún así no hace justicia a la realidad) y cada vez que aparece un nuevo personaje, como el estilo de dibujo no permite acabar de singularizarlos, las autoras se ven obligadas a estar constantemente añadiendo presentaciones del estilo de «soy Fulanito de Tal», algo que en la realidad o que con otro estilo de dibujo no hubiera sido necesario. Pero es que en muchos momentos hay diálogos que quedan artificiales porque se dicen cosas que o bien son evidentes o bien se presuponen y de los que se percibe que están ahí solo para que las autoras se explayen en lo biográfico.

A pesar de todo, leer este libro es una gozada. Quizá no es la fuente de conocimientos de la figura de Sylvia Beach más profunda que exista, quizá ante ensayos como el de Mujeres y libros publicado por Stefan Bollmann en Seix Barral quede muy escaso, pero a pesar de todo se disfruta mucho. Como primer acercamiento a la figura de Beach y a la existencia de Shakespeare and Company a mí me vale. Y si este cómic logra despertar el gusanillo de la curiosidad, siempre habrá tiempo para pasar a lecturas más sesudas. Ante todo, este libro de Emilia Cinzia y de Silvia Vanni es un canto de amor infinito por los libros. Y ya solo por eso merece la pena leerlo.

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