El poeta y escritor nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento, mejor conocido en el mundo literario como Rubén Darío (1867-1916), está considerado el precursor y máximo representante de la corriente modernista en la literatura hispanoamericana y en la lengua española en el siglo XX. Su obra literaria de un alto nivel cuantitativo y cualitativo en poesía y prosa –12 y 13 obras respectivamente– se estima que está significativamente influida por el estilo literario del notable poeta francés Charles Marie René Leconte de Lisle (1818-1894), fundamentalmente en su concepto del arte, en el compendio de símbolos y metáforas de uso y significados nítidos, hechos estos documentados por varios críticos e investigadores literarios (Baños Gallego, P. Universidad de Murcia. 2016), quienes sostienen que la estancia en París de Rubén Darío, en 1893 –entonces considerada la capital cultural de Occidente– y su contacto con la cúpula parnasiana, de donde rescata el ideal de Belleza como principio fundamental del ejercicio poético, fue una transformación decisiva en cuanto a la evolución y madurez de la poética de este, lo cual es comprobable en la posterior publicación por Rubén Darío de su poemario Prosas profanas y otros poemas (1896). Poemario escrito y publicado justo después de la estancia en París, donde se refleja gran parte del cuerpo simbólico, metafórico, imaginario y alegórico de la antigua Grecia, elementos desarrollados por Leconte de Lisle en sus Poèmes Antiques (1852).

Al regreso de su viaje en Paris, Rubén Dario publica un libro fundamental en el género de la prosa crítica, titulado Los raros (1896), el cual es un compendio de ensayos basados en su visión personal sobre artistas, intelectuales y escritores, con las que pudo vincularse en París, en su mayoría franceses, de tendencia parnasiana y simbolista, caracterizados por un talante raro, extravagante, anómalo, bohemio, diabólico, de singularidad poética y hasta patológico, donde se mezclan diferentes tendencias estéticas y emocionales que adquieren una significación polivalente, lo cual desembocan en un panorama de confusión y complejidad, pero que dejó fuertes influencias en el quehacer literario posterior (Rojas J. 2023).

El texto que desarrolla Rubén Darío en Los raros sobre Leconte, se centra en la exposición del concepto de arte de este, así como sus obras más importantes y su vida social, sustentado en sus opiniones personales y la referencia de otros poetas franceses que lo conocieron de cerca. En el cuerpo general, la organización y ordenamiento del texto se nota una preferencia muy especial de Darío hacia Leconte, el cual ocupa un lugar privilegiado en la galería de los raros. Al punto que este último es el primer autor francés que Darío considera en sus juicios, antes que el otro gran poeta frances Paul Verlaine.

Desde el primer párrafo de Los raros, Darío, le profesa su admiración a Leconte, lo cual no deja lugar a dudas sobre su veneración y respeto al poeta: <<Ha muerto el pontífice del Parnaso, el Vicario de Hugo; las campanas de la Basílica lírica están tocando vacante. Descansa ya, pálida y sin la sangre de la vida, aquella majestuosa cabeza de sumo sacerdote, aquella testa coronada —coronada de los más verdes laureles—, llena de augusta hermosura antigua y cuyos rasgos exigen el relieve de la medalla y la consagración olímpica del mármol» Más adelante expresa: «Quien como su sacrocesáreo antecesor, fue jefe de escuela, y de escuela que tenía por fundamento principal el culto de la forma» (p.15). «El fué, él es aún, nuestra conciencia poética misma» (p.21).

La obra de Leconte de Lisle está fundamentada en un núcleo poético constituido por tres poemarios centrales:: los Poemas antiguos (1852), los Poemas bárbaros(1862) y los Poemas trágicos (1884). Como dice Ruben Dario: «La Leyenda de los siglos refleja su luz cíclica sobre los poemas antiguos, bárbaros.y trágicos» (p.22) De esta colección los más estudiados han sido los dos primeros, los cuales son más accesibles en materia de traducción, análisis y difusión, no así en el caso de los Poemas trágicos, por ello son objeto de nuestro escrutinio.

Como se puede observar los Poemas trágicos, son una obra de madurez. Un poemario muy completo de gran eficacia y brillante elaboración, con gran énfasis, tanto en lo formal como en lo temático. Fueron escritos a los 64 años de edad. Por esta colección, Leconte recibió el premio Jean-Reynaud de la Académie française. Constan de 37 poemas que recorren un gran espectro poético que abarca, lo épico, histórico, lírico, exótico, la epopeya, de la cual emana su gran influencia debido a su estilo depurado, selecto, muy bien trabajado. Rubén Darío aludió a ellos en Los raros como: «Los Poemas trágicos completan la trilogía. Hay como en los anteriores una rica variedad de temas, predominando los paisajes exóticos, reconstrucciones históricas, o fantásticas y brillantes pinturas de asuntos legendarios» (p.18). Además, Darío le dedicó un poema a Leconte titulado Medallones (1890), vinculado a los Poemas trágicos. Así que la influencia de estos poemas conexos, no escapó a la poética de Rubén Darío, al contrario, es notoria y evidente, tal como comentamos a continuación.

La variedad de temas que integran los Poemas trágicos, se concretan en varios subtemas que influyeron claramente en la poética de Ruben Darío. Uno de ellos es su exposición sobre la vida de la naturaleza y los fenómenos del instinto, donde nos presenta las selvas y los desiertos poblados de animales con toda sus vivencias intensas e instintivas De allí surge un auténtico bestiario en continua perfección que le otorga una superioridad sobre los demás poetas franceses (Biblioteca Miguel de Cervantes 2002). En este bestiario recrea el comportamiento de animales, tales como, la serpiente, el águila, el lobo, el albatros, a los cuales les dedica un poema en particular, todos cargados de simbolismo. En el género lírico, Leconte agrupa una cantidad importante de poemas. En casi todos ellos está presente el mar como símbolo y la referencia al cielo y las flores en calidad de metáfora, tema frecuente en el mundo poético parnasiano, así como el aspecto cromático concentrado en el color rojo y el azul (azur). En el género épico, histórico y de epopeya, Leconte expone con un estilo objetivo, la historia de las hazañas, acciones bélicas, con carácter heroico, protagonizados por personajes de alto nivel, tales como, reyes, nobles, emires, califas, o héroes destacados de una región particular, subrayando con énfasis la figura del hombre fuerte y audaz.

En este contexto, Rubén Darío participa de la obra de Leconte, en el bestiario, a través de dos animales, el águila y el lobo.En el poema Estival (1887), Darío expone un bestiario, con animales coincidentes con los de Leconte. El águila como símbolo es una de las figuras más usadas y representativas en el mundo literario y cultural de nuestros tiempos, está incluida en casi todos los poemas de Leconte y este le dedica uno en particular: La Chasse de l’Aigle La caza del águila– construido en la forma de estrofas de tres versos o tercetos, estructurados en estilo de arte mayor. El primer tercero dice: El águila negra de ojos dorados, príncipe del cielo mongol / Se abre desde el primer rayo del claro amanecer / Sus alas parecen una gran sombrilla oscura. En este orden, la influencia de Leconte en Ruben Dario, se manifiesta claramente con esta figura del águila. Ruben Dario, en su poema Augurios, recoge la semblanza de este animal: Hoy pasó un águila sobre mi cabeza / lleva en sus alas la tormenta / lleva en sus garras / el rayo que deslumbra y aterra¡ / Oh águila! / Dame la fortaleza de sentirme en el lodo humano». También en el poema El porvenir, aparece el águila: El águila altanera y voladora / que es ave de los héroes, allí mora, también en su relato El rey burgués (1888), y en muchos otros poemas con bastante frecuencia. Este simbolismo del águila también está presente en poetas de la talla de Paul Verlaine (1884-1896) y el poeta romano Ovidio (8 d. C). En el caso del lobo, Leconte le dedica el poema titulado L’Incantation du Loup –El encantamiento del lobo–, el cual es una ardorosa defensa de su vida y de su hábitat, por el acoso del cual es objeto por parte del hombre. El poema en su estructura formal está constituido en cuartetos o estrofas de cuatro versos de arte mayor. Rubén Dario se conecta con el tema del lobo con su poema Los motivos del lobo, escrito en París en 1913, obra de madurez, de gran valor narrativo, y complejidad estructural, que consta de casi cincuenta versos, todos compuestos por un solo hemistiquio de seis sílabas, y terminaciones agudas o graves, que se estima como una metáfora de la existencia de la maldad y la bondad en la naturaleza humana y la dificultad de su convivencia y comprensión.

En el tema lírico, Leconte desarrolla aspectos como el simbolismo del mar–presente en casi todos los Versos trágicos.Dicha presencia es una constante en el mundo poético de la cúpula parnasiana, como en Rimbaud, Verlaine y Mallarme. El tema del mar, Leconte lo considera en extenso en el poema, L’Illusion suprême– La ilusión suprema–, un largo poema, compuesto en estrofas de 24 cuartetos, de arte mayor. En este tópico, también se distingue la influencia poética de Leconte en la obra de Ruben Dario. Este en su poema Tarde del Trópico destaca la presencia del mar: La armonía el cielo inunda, y la brisa va a llevar / la canción triste y profunda del mar.

En cuanto al simbolismo del cielo y las flores, y el tema cromático: el rojo y el azul, el caso del cielo también es un tema presente en casi toda la serie de los poemas trágicos de Leconte y los poetas parnasianos. Representa la metáfora de lo absoluto, estético o metafísico.Leconte desarrolla el tema del cielo en dos poemas: La lámpara del cielo,y En el cielo claro, escritos con la misma estructura formal de cinco estrofas de siete versos de arte mayor, cada uno, como septetos. El tema del cielo está asociado al color azul, muy frecuente también en casi todos los poetas parnasianos, como elemento cromático y simbólico emblemático de la cúpula parnasiana.El simbolismo de las flores y las rosas como metáfora, y parodia son un referente de importancia en toda la poesía parnasiana, por el valor plástico, formal y cromático que significan las flores, siendo la rosa, la flor más clásica de la poesía. Este simbolismo del color azul, las flores y el cielo, adquirió tal prestigio que significó una enorme influencia en la poética posterior, particularmente en los poetas modernistas, como el caso Rubén Darío, el cual incluye en su dilatada obra poética la conocida obra Azul (1888), de alta difusión y arraigo en el mundo literario. Así mismo desde sus primeros poemas, como Epístolas y poemas(1885), ya está presente la figura del mar y el abismo del cielo: doy al viento mi cantar / viendo bellos espejismos /que decoran los abismos /de los cielos y del mar/. En el poema Ecce Homo (1885): El cielo siempre azul, el mar sonante, / en el bosque cantando Filomena. En cuanto a la rosa y la flor está la referencia en el poemario Rimas (1887): Amo la luz, el pico de la tórtola / la rosa y la campanula. Igualmente en Azul (1888) inicia el poema así: Mes de rosas, van mis rimas / en ronda de la vasta selva. En el poema Autumnal (1887), también alude al tema de las flores de manera amplia.Y al final de su vida Rubén Darío escribió el poema Flores(1915), especialmente dedicado a ellas.

El género épico, histórico y de epopeya está ampliamente desarrollado en los poemas trágicos. Un aspecto que destaca en estos poemas es la intención de Leconte de subrayar la figura del hombre fuerte y audaz. Leconte presenta en este género cuatro poemas dignos de mención, siendo el más resaltante, a los efectos de este artículo, el poema titulado, Le Lévrier de Magnus –El galgo de Magnus– inspirado en la vida y obra del llamado duque de Magnus, el más largo de todo el poemario. Consta de 237 estrofas, estructuradas en tercetos, de estilo arte mayor, con el tipo de verso alejandrino, de 14,15 y 16 sílabas. Con este personaje Leconte resalta la figura del hombre fuerte y audaz.Tal como lo expresa en el terceto de la estrofa 76 del poema: ¿Y cuántos funcionarios electos pensaban que estaban malditos? / ¡Adelante!¡Adelante! Alza la espada y la lanza / No importa el Diablo! Después de todo el mundo es para los audaces. En este sentido Rubén Darío también se hace eco de este tema, ya que destaca en tono admirativo en muchos de sus poemas, las grandes figuras de la historia en todos sus órdenes, tales como Platón, Cicerón, Homero, Shakespeare, y en especial su poema dedicado a Simon Bolivar (1884) que destaca como emblemático en este género poético: Allí Bolívar: su perfil enorme /se pierde en lo grandioso, iluminado por el brillo del genio /aparece Simón, alta la frente, /azote de relámpagos su espada.

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