Si a algo tiene que aspirar el tráiler de una película es a ser memorable. Y si el de 28 años después lo consigue es gracias al poema «Boots» de Rudyard Kipling, publicado en The Five Nations en 1903, sonando en un viejo y rayado tocadiscos. Esta inquietante versión del poema grabada por el actor Taylor Holmes en 1915, con su calidad sonora desgastada y rota, evoca un paisaje sonoro escalofriante, al tiempo que le da a los versos una dimensión fantasmal, como si el poema estuviera siendo leído desde el más allá, tal vez por uno de los innumerables soldados caídos en el campo de batalla.

Al fin y al cabo, Kipling escribió «Boots» durante la Segunda Guerra de los Bóers, un brutal conflicto colonial entre el Imperio Británico y los colonos bóers en Sudáfrica. Aunque Kipling fue visto a menudo como un imperialista acérrimo, sus escritos sobre la guerra no siempre glorifican la causa británica. El autor se vio profundamente afectado por pérdidas personales, especialemente la muerte de su hijo en la Primera Guerra Mundial, lo que dio una dimensión más oscura e introspectiva a sus escritos sobre la guerra. En Boots Kipling evoca la marcha penosa e interminable de los soldados, con un tiempo que parece suspendido.

Los versos repetitivos, apagados y distantes, imitan tanto los pasos arrastrados y mecánicos de los soldados como la decadencia psicológica de los hombres atrapados en un conflicto interminable. Lejos de resultar hipnótica, la repetición actúa como una llamada a la alienación: la mente del soldado se fragmenta, atrapada en un bucle sin sentido. Por otra parte, Kipling altera la sintaxis y la ortografía, introduciendo pausas abruptas, vocabulario coloquial y un tono casi incoherente. Esa ruptura imita los pensamientos intrusivos del combatiente cansado, y refuerza la sensación de desconexión consigo mismo y con el entorno. Vista así, la guerra no es heroica sino enloquecedora, cíclica y profundamente alienante.

En del contexto del tráiler, «Boots» se convierte en una banda sonora no solo para el horror, sino también para el profundo trauma de la deshumanización y la desorientación que trae cualquier conflicto bélico, y en el caso concreto de la película, la violencia postapocalíptica.

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