«Blue Plank» (1969).

John McCracken desarrolló sus primeros trabajos escultóricos mientras estudiaba pintura como estudiante de posgrado en el California College of Arts and Crafts a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. Mientras experimentaba con lienzos cada vez más tridimensionales, comenzó a producir objetos de arte hechos con técnicas y materiales industriales. Sus primeras piezas estaban hechas a mano, con madera contrachapada y revestidas con fibra de vidrio y capas de resina reflectante y colorida mezclada a mano, con técnicas similares a las utilizadas en la construcción de las tablas de surf. Sus colores colores y superficies reflectantes, además, evocaban el sol de California.

«Don’t Tell Me When to Stop» (1967).

En 1966, McCracken creó su forma escultórica más característica: el tablón. Este formato estrecho, monocromático y rectangular, de madera contrachapada, recubierto de fibra de vidrio y capas de resina de poliéster, se apoya en ángulo contra la pared del mismo lugar donde se pinta, creándose un ámbito tridimensional. La idea del tablón la concibió en una época en la que muchos artistas combinaban pintura y escultura, experimentando con superficies elegantes e impersonales. Como señaló el artista: «Veo el tablón como una existencia entre dos mundos: el suelo representa el mundo físico de los objetos en pie, árboles, coches, edificios [y] cuerpos humanos, … y la pared representa el mundo de la imaginación, el espacio pictórico ilusionista [y] el espacio mental humano».

«Think Pink» (1967).

En la obra de McCracken, el color también se utilizaba como material. Los colores sólidos, intensos y con un acabado pulido, reflejan la singular luz californiana o reflejan al observador. Su paleta incluía rosa chicle, amarillo limón, zafiro intenso y ébano, generalmente aplicados de forma monocromática. En ocasiones, la aplicación de múltiples colores se desliza por la superficie de la escultura, como un flujo de lava fundida. McCracken solía fabricar cada pieza de resina o laca a mano, en lugar de hacerlo industrialmente. Las superficies eran lijadas y pulidas repetidamente hasta alcanzar tal grado de reflectividad que parecían translúcidas.

El precio más alto alcanzado por algunas de sus obras en subasta superan los 150.000 euros. Su récord fue Black Plank, de casi dos metros y medio, hecho en 1972 en resina de poliéster, fibra de vidrio y madera contrachapada, que se vendió por más de 300.000 euros en Phillips de Pury & Company en Londres en junio de 2007. Más recientemente, Flash, de 2002, una pieza de tablón rojo fuego, se vendió por más de 250.000 euros en Christie’s en Nueva York en noviembre de 2010.

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