Algo que mucha gente desconoce, sobre todo si no son norteamericanos, es que existen billetes de dos dólares, popularmente apodado «Tom» por representar al presidente Thomas Jefferson en el anverso. Y es que a pesar de su valor relativamente bajo, este billete es probablemente el menos utilizado y el más raro de ver de todos los que existen en circulación. Su producción, de hecho, es bastante escasa: solo un 1% de todos los billetes que se fabrican en Estados Unidos. Esa rareza ha hecho que existan toda una serie de creencias y de mitos urbanos alrededor de esta moneda, a menudo destinados a explicar el porqué de su singularidad.

Una leyenda urbana afirma, por ejemplo, que durante la época en la que el fraude electoral era común la recompensa por un voto favorable era de 2 dólares. Se creía entonces que los políticos compraban votos por 2 dólares, por lo que tener uno de estos billetes podía considerarse como evidencia de haber vendido el voto. Aunque es bastante probable de que solo fuera una leyenda urbana, este mito contribuyó a alimentar la mala reputación del billete.

Otras transacciones de dudosa moralidad en las que se supone que el billete de 2 dólares podía verse implicado era en un servicio de prostitución durante la década de 1920 o también era el pago común en las apuestas.Además, este billete solía considerarse de mala suerte, por lo que muchas personas supersticiosas trataban de contrarrestar esa mala suerte arrancándole una esquina, lo que hizo que muchos billetes fueran retirados de circulación. Por no mencionar que estos billetes son los más propensos a tener defectos de fabricación.

El caso es que la Reserva Federal dejó de imprimirlos en 1966 y diez años después, en 1976, los recuperó con una nueva imagen que representaba la presentación de la Declaración de Independencia al Congreso Continental, realizada por John Trumbull, en el reverso. Como Thomas Jefferson fue uno de los hombres a los que se atribuye la redacción de la Declaración, se consideró adecuada esa imagen en el reverso. Se pensó que esta reimpresión aumentaría el uso y el interés por el billete, pero en realidad se logró el efecto contrario. Muchos estadounidenses pensaron que el billete de nuevo diseño iba a ser una impresión especial, por lo que se guardaron como artículos de colección, con la esperanza de que aumentaran su valor en el futuro.

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