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Publicada semanalmente desde el 12 de octubre de 1931, la lista de los más vendidos del New York Times está considerada como la enumeración de los libros más vendidos en Estados Unidos más importante. Lo lógico sería pensar que se tiene en cuenta el volumen de ventas y ya está, pero, lejos de eso, el método por el cual el diario elabora su célebre su lista está envuelto en tanto misterio como la receta de la Coca Cola. Según el propio New York Times, los datos de la lista se obtienen de fuentes relacionadas con el mundo del libro que permanecen, en su mayor parte, confidenciales y que tienen en cuenta las ventas que se producen en toda clase de puntos, desde cadenas nacionales, regionales y locales a cientos de minoristas independientes, universidades, quioscos o supermercados.
Sin embargo, no es suficiente con vender mucho, ya que también aplican otros criterios propios, desconocidos, lo que añade una parte subjetiva a la elaboración de la lista. Algo que sí se sabe es que además del volumen de ventas es importante el factor tiempo. Para entrar en la lista no solo hay que vender mucho en total, sino de vender mucho en poco tiempo. Aunque los números no están verificados, se cree que la cifra de lo que se tiene que vender en la primera semana se sitúa entre los 5.000 y los 10.000 libro, por lo que las editoriales que tratan de lograr tan ansiado puesto intentan concentrar el mayor número posible en ese periodo.
Aquí es donde entran en juego estrategias muy diversas, algunas legítimas y otras de una moralidad cuestionable. En el primer grupo estarían, por ejemplo, las preventas. Cuando alguien compra el libro antes de que salga, esa venta cuenta para la semana de lanzamiento. De esta forma, se pueden acumular muchas ventas de golpe para debutar con fuerza. Las estrategias empleadas por las editoriales para inflas el pico de ventas de la primera semana incluye, en una promoción previa al lanzamiento, entrevistas concentradas en poco tiempo, apariciones en medios de comunicación y podcasts muy seguidas o publicidad sincronizada. Todo ello se acompaña obviamente de presentaciones del libro justo en la semana de salida y de firmas y otros eventos que empujan a la compra inmediata. No hay problema en movilizar a los seguidores de un autor en concreto para que compren su libro en cuanto salga.
En el otro extremo se encuentran las estrategias que tratan de manipular las listas para que muestren libros que se ponen ahí de forma artificial. Una de las prácticas más habituales para conseguirlo es que empresas, instituciones o grupos de personas organizados compren grandes cantidades del libro, eso sí, no de golpe en un solo sitio sino repartiendo las compras en distintos puntos para que las ventas parezcan orgánicas. A veces ocurre incluso que se compran miles de copias de un mismo libro solo para regalarlos en un evento o usarlos como material promocional, lo que también figura como ventas a pesar de que en estos casos no tenemos lectores como tal. Para evitar que esto ocurra el New York Times trata de detectar patrones raros, comprobando si se han realizado muchas compras iguales en muy poco tiempo o ventas concentradas en canales poco habituales. Si el diario cree que un libro ha entrado en la lista de una manera que parece sospechosa, coloca junto a su título el pequeño símbolo de una daga (†). Estas dagas son importantes, porque indican que alguien está pagando mucho dinero para asegurarse de ciertos libros aparezcan en la lista.
No hay que olvidar que entrar en una lista de bestsellers tiene un efecto enorme. Cuando un libro aparece en ella, gana visibilidad y prestigio, y eso hace que más gente lo compre. Es decir, la lista no solo mide el éxito, sino que contribuye a crearlo y multiplicarlo. Se produce entonces un efecto de bola de nieve: cuanto más éxito parece tener un libro, más éxito acaba teniendo.
Pero para conseguir estar ahí es necesario entender que estas listas no son un simple reflejo del gusto de los lectores y de lo que compran, sino que son una combinación de datos, estrategias comerciales y decisiones editoriales. En cierta medida, no es exagerado decir que los bestsellers no solo nacen sino que también se construyen.
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