
Melvil Dewey (Fuente).
A principios de la década de 1870, Melvil Dewey era un estudiante del Amherst College que trabajaba en la biblioteca universitaria para pagar sus facturas. Amante de los libros, Dewey se sentía como en casa en ese oficio. Solo había un problema: los libros estaban tan desorganizados que encontrar un volumen en concreto podía resultar casi imposible.
Un domingo de primavera en 1873, tuvo una idea. Estaba sentado en la capilla de la universidad, escuchando un largo sermón del decano, cuando encontró la solución al problema del desorden. La idea era maravillosamente simple: «Usar decimales para numerar una clasificación de todo el conocimiento humano impreso». Así nació el sistema de clasificación que ahora lleva su nombre. Su plan lograba poner en orden en el caos creado por un número cada vez mayor de libros. Un plan que permitía manejar el crecimiento exponencial del conocimiento, algo cada vez más representativo de la era moderna.
Nacido y criado en una familia bautista devota, internalizó el espíritu de la reforma religiosa de su era. Aunque pronto se desvió de la iglesia, nunca abandonó la convicción de que el mundo podría ser un lugar mejor y más ordenado. Y la biblioteca de Amherst fue su conejillo de Indias. Al igual que otras bibliotecas de todo el mundo, utilizaba un sistema improvisado de clasificación, aglutinando libros por tema general o incluso por tamaño. Después de visitar la biblioteca del Ateneo de Boston, Dewey escribió en su diario sobre su forma de clasificación: «Pone los libros de caballos bajo la etiqueta ‘caballo’ y no bajo ‘zoología’». Además, a medida que las colecciones crecían, con una velocidad asombrosa después de la invención de las prensas de impresión a vapor, los fondos cada vez eran más difíciles de controlar.
El sistema de Dewey imitaba el sistema métrico, construido alrededor del número diez. Habría diez áreas principales de conocimiento, desde Obras Generales básicas (000-099) hasta Geografía e Historia (900-999). Cada una podría dividirse en diez subdivisiones potenciales por temas, con infinitas subdivisiones adicionales. Así, entonces, el sistema podía categorizarlo todo.
Como Dewey escribió en una propuesta publicada en 1873: «Las subclases pueden aumentar en cualquier parte de la biblioteca sin límite; cada lugar decimal adicional aumenta la minuciosidad de la clasificación diez veces». Esto generó problemas: Algunas áreas de estudio crecieron más rápido que otras, creándose cadenas de números difíciles de manejar. Otras, en cambio, apenas crecían.
Parece que Dewey no fue capaz de anticipar estos problemas. Así, continuó perfeccionando sus clasificaciones en Amherst y en 1883 se convirtió en bibliotecario jefe en la Universidad de Columbia, donde organizó la colección bajo su esquema. Otras bibliotecas, dentro y fuera de Estados Unidos, copiaron su sistema. En 1900, un reconocido bibliotecario británico concluyó que el Sistema Decimal Dewey era «con mucho el más utilizado e influyente de todos los sistemas de clasificación».
Dewey estableció la primera escuela de bibliotecas del mundo, en Columbia en 1887 y alentó a las mujeres a unirse a la profesión. Sin embargo, la sombra de la cancelación acabó empañando una carrera que podría haber sido impecable. Acusaciones de acoso sexual, así como sus prejuicios contra judíos, afroamericanos y otras minorías llevaron a la American Library Association a cambiar el nombre de su premio más importante, que llevaba su nombre, en 2019. Estas acusaciones, así como la obsolescencia de lo físico en las bibliotecas, han hecho que la presencia de Dewey sea menos relevante. Sin embargo, su legado permanece: frente a la perspectiva de una expansión casi infinita del conocimiento, su sistema anticipó que hay un lugar para todo.
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