Desde un punto de vista lógico y cognitivo, lo más común es que primero se aprenda a leer y luego a escribir, porque la lectura implica reconocer y comprender símbolos antes de producirlos de manera autónoma. Sin embargo, algunos enfoques educativos, como el método Montessori, priorizan el desarrollo de la escritura antes que la lectura, debido a que escribir implica una producción activa, formar letras y palabras, mientras que leer requiere una decodificación más compleja. Según este sistema, los niños comienzan a experimentar con la escritura antes de reconocer plenamente las palabras escritas, aprendiendo, por ejemplo, a formar letras, a escribir su nombre o incluso a copiar palabras sin comprender completamente su significado.

Aunque dudo que sería este el enfoque de Mildred Olsen cuando el 20 de abril de 1972 presentó en la revista New Scientist su máquina de escribir para la gente que no sabe leer. En teoría, o al menos así lo defendió Olsen en su momento, su invento tenía como objetivo ayudar a los analfabetos a aprender a mecanografiar (aunque no aclaraba por qué se iban a necesitar mecanógrafos analfabetos). En la patente, Olsen explicó que creía que su invento podría ayudar a los estudiantes a aprender a leer, al tiempo que se familiarizaban con el uso de la máquina de escribir.

El invento consiste en lo siguiente: se divide las teclas de un teclado de máquina de escribir en ocho secciones, cada una de los cuales incluye varias teclas. Cada sector tiene un color diferente. El aprendiz de mecanógrafo lleva anillos de colores en sus dedos y observa un indicador visual, que muestra un color con o sin una flecha. Donde no hay flecha, el mecanógrafo presiona su dedo con el color asociado directamente. Donde hay una flecha, el mecanógrafo mueve el dedo del color correcto hacia arriba, hacia abajo o a lo largo de una tecla en la dirección de la flecha.

El invento no tuvo demasiada trayectoria y parece ser que incluso la propia New Scientist fue bastante crítica con la idea.

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