Soy Frankelda. Crédito: Cinema Fantasma.

Se quiera admitir o no, el arte se está perdiendo progresivamente. No es que la gente haya dejado de sentir; más bien, cada vez más voces creativas están siendo sustituidas por producción rápida, algoritmos y asistentes que generan imágenes, texto y música en segundos. 

Yo estudio ingeniería, paso mis días entendiendo cómo funciona la Inteligencia Artificial, y estoy convencido de que puede ser una herramienta útil si se usa con responsabilidad y sin olvidar que la mente humana debe seguir al volante. Sin embargo, observo también el costo: en nombre de la eficiencia, se está limando aquello que vuelve humano al arte, y eso incluye la literatura, la narración, la forma íntima de contar.

Ahí entra Soy Frankelda, una historia que le pone cuerpo y rostro a este dilema. Llegó a salas el 23 de octubre de 2025 como la primera película mexicana realizada íntegramente en stop-motion, producida por Cinema Fantasma y distribuida por Cinépolis. Asimismo, el 5 de enero de 2026 fue nominada a Mejor Película Independiente en los Annie Awards (Pacheco, 2026). 

Desde ese punto, conviene detenerse en algunas preguntas esenciales: ¿quiénes son los creadores y cómo nació Frankelda? ¿Cómo, con un presupuesto limitado, alcanza tal precisión en animación, música y actuaciones? Y, sobre todo, si en pleno auge de la IA, un fantasma mexicano tiene que recordarnos que la creatividad no se automatiza: ¿seguirá siendo el cine un territorio de la humanidad?

Entre jabalíes, sustos y los hermanos Ambriz

Detrás de la cinta está la dupla formada por los hermanos Arturo y Roy Ambriz Rendón, fundadores del estudio Cinema Fantasma, creado en 2011 como proyecto universitario y marcado por una obsesión por el stop-motion y la artesanía. Su primer gran fogueo fue Revoltoso (2016), cortometraje protagonizado por un jabalí tuerto en plena Revolución, que llamó la atención de Guillermo del Toro y los llevó a más de 70 festivales internacionales. Después vinieron encargos y videoclips hasta desembocar, en 2021, en Los sustos ocultos de Frankelda, donde nació la narradora espectral que dejó una pregunta abierta: ¿quién era antes de volverse fantasma?

De jabalíes a fantasmas, el hilo es la artesanía: Arturo “Vonno” y Roy Ambriz forjan mitologías que pueden tocarse. Créditos: El País, MUBI, El Heraldo de México.

La respuesta adquirió forma en un filme ambientado en Real del Monte, en el México virreinal del siglo XIX, donde vive Francisca Imelda, una joven con un talento prodigioso para los relatos oscuros. En una sociedad que espera que las mujeres se limiten al hogar y al silencio, sus creaciones son rechazadas sistemáticamente. Todo cambia cuando se reencuentra con Herneval, un misterioso príncipe que le confiesa la existencia del Reino de las Pesadillas, un universo paralelo poblado por los monstruos que ella misma ha imaginado. 

A través de un hechizo, Francisca se transforma en Frankelda, una escritora fantasmagórica que asume el rol de pesadillera real, desplazando a Procustes, su predecesor, quien se rebela y amenaza con apoderarse de la ficción y la realidad. Ante esta ruptura, la protagonista debe reclamar el poder de su voz interior y transfigurar su ingenio en la única defensa posible frente al caos inminente.

De acuerdo con Velázquez (2025), Soy Frankelda recaudó 7.9 millones de pesos en sus primeros tres días, un debut sólido para la ópera prima de los Ambriz. Pero más allá del logro taquillero, el largometraje se distingue por una atmósfera cargada de tensión sensitiva y sentido del asombro. Porque entre espantos y criaturas ficticias, asoman temas que cruzan la literatura y la vida cotidiana.

Voces que no caben en el lecho

Uno de los ejes temáticos más claros es la reivindicación del derecho creativo femenino en tiempos que confinaban a las mujeres al matrimonio, la sumisión y el cuidado del hogar. Francisca construye tramas macabras en un entorno que no la reconoce como autora; de niña, cuando contaba sus historias en la escuela, la tachaban de exagerada o “loca”, como si la atención fuera su única motivación. Su imaginación era descalificada por el simple hecho de venir de una mujer.

Lo que la chica escribía a escondidas de su abuela hoy se oye en voz alta, pese a las burlas y a los mandatos. Créditos: Fandom, Excélsior.

Al convertirse en su alter ego, se adueña por fin de lo negado: su voz. No obstante, alzarse con la palabra también la obliga a enfrentarse a lo que habita en su interior; ahí empieza la batalla real.

Como consecuencia, Frankelda no avanza con seguridad desde el principio: se sabotea, se repliega, teme no estar a la altura. Su arco narrativo la aleja del molde idealizado y la esculpe con matices, impulsos y contradicciones. Esa libertad emocional es uno de los mayores aciertos del guion, ya que le permite existir fuera del molde en que tantas veces se encierra a los personajes femeninos. La chica no está diseñada para agradar, sino para sentirse auténtica, y esa naturalidad es la que verdaderamente hace que trascienda.

Herneval, por su parte, lidia con su grieta individual. Decide confiar el futuro del Topus Terrentus a una humana, aun cuando eso le gana el desprecio de los líderes de los siete reinos. Si bien no está seguro de sí mismo, se mantiene firme, pues cree que incluso el error merece lugar.

Líder antes de tiempo y con una carga feroz, el joven búho toma una decisión inaudita: confiar el Reino a una mortal. Crédito: Entre Medios.

Ambos protagonistas avanzan sin certezas, con temblores, aunque también con convicción. Y si hay quienes dudan de sus capacidades incluso con motivos para creer, existen otros que irradian una seguridad tan desmedida como vacía, y eso, llevado al extremo, puede desembocar en amenaza.

Esa soberbia se encarna en Procustes. Condena a Herneval y Frankelda a la conciencia de una casa embrujada —él mismo—, un encierro usado como medida de control. Su carácter remite al mito griego de Procusto: el bandido que “ajustaba” a los viajeros a un lecho de hierro, cortando o estirando hasta forzar la medida (Armas, 2022).

En este contexto, el lecho es la tradición rígida que impone a sus pesadillas: si el público no aplaude, el defecto nunca está en la obra; se proclama el mejor pesadillero de la historia y desprecia cualquier desviación. Envidia la energía nueva y rechaza lo distinto, de ahí su estallido cuando el príncipe búho apuesta por una mente joven e innovadora —Frankelda— para resguardar el Plano de los Sustos. Más que perseguir a la pareja, Procustes busca someter la inventiva a una plantilla fija, negando el riesgo y la renovación que mantienen viva esa civilización, como sucede más allá del relato, en el mundo que habitamos.

Relacionado con este personaje, el síndrome de Procusto nombra a quien, al verse superado por el talento ajeno, lo menosprecia y lo recorta para que “encaje”, como Procustes a Frankelda (Armas, 2022). Crédito: Animation Magazine.

Con tópicos de verdadera profundidad, la película ha suscitado dudas respecto a su idoneidad para niños. Puede que no esté concebida en específico para la infancia; aun así, los más jóvenes pueden disfrutarla con intensidad: el relato los respeta, evita la condescendencia y confía en su propio criterio. En esa misma línea, es casi obvio pensar que un factor decisivo está en la animación.

Indie hasta la yema de los dedos

Antes de cualquier fotograma, la cinta dependió de capital propio y decisiones financieras arriesgadas. Arturo Ambriz lo declaró en Hablando de Cine con (2025):

Esta película es lo más indie que se puedan imaginar y, por mucho, los dueños mayoritarios somos Roy y yo. Porque tuvimos que invertir no solo lo que teníamos de ganancias de otros proyectos, sino todo lo que habíamos ganado en la vida hasta ese punto, hipotecas y préstamos. Si la película es un fracaso, hasta vamos a tener que dar nuestras chamarras.

Este punto de partida económico la coloca en el mapa indie, y la emparenta con una ola reciente que compite por calidad, no por costo. Filmes recientes como Memorias de un caracol, Robot Dreams o Flow, y apuestas de estudio pequeño como El asombroso circo digital (Glitch), muestran que la personalidad autoral y las elecciones de diseño pueden pesar más que el tamaño del presupuesto.

Gato, Dog y Robot, Grace y Pomni dialogan con la recién llegada, Frankelda. Créditos: Film Club Café, The Movie Database, Cinembrollos, Proceso, Glitch.

En ese paisaje, Soy Frankelda se afirma con stop-motion artesanal: marionetas y maquetas reales, sets construidos y una cámara que los recorre con fluidez. La atmósfera se reconoce al instante: gótico con acentos locales; paletas intensas (morados, naranjas, rosas); claroscuros cálidos; y texturas con costuras, rugosidades y pinceladas.

Por si fuera poco, al ritmo animado se le suman pinturas en acuarela, ilustración 2D en forma de garabatos y esculturas de piedra que irrumpen a modo de guiños expresivos. Lejos del acabado impecable de otras producciones, aquí se ven las manos que lo hicieron: imperfecciones buscadas, marcas de taller y juegos puntuales que amplían el registro sin perder la presencia física del plano.

Sets en miniatura, cabezas y bocas intercambiables: Frankelda se arma pieza por pieza, fotograma a fotograma. Créditos: La Jornada, Liz Basaldúa.

El conjunto configura una identidad visual inmediata que acerca lo fantasioso a lo tangible y se potencia al encontrarse con lo sonoro, donde música y voces terminan de sellar la inmersión.

Melodías en penumbra, palabras en foco

Las canciones respiran con aire de ópera: entradas bien medidas, crescendos que empujan la emoción y un color orquestal que le sienta a su ambiente sombrío. Entre mis favoritas se cuentan “Tinta invisible” y “El príncipe de los sustos”, dos piezas donde la melodía sostiene el peso dramático de las escenas. Dicho esto, en varios pasajes la mezcla tapa parte de la dicción y las letras se entienden poco. El clima musical funciona, pero se agradecería mayor claridad verbal.

En contraste, las voces habladas entran nítidas y con fraseo natural; el reparto calza con cada figura. Destaco a Mireya Mendoza (Frankelda), Arturo Mercado Jr. (Herneval) y Luis Leonardo Suárez (Procustes), perfectamente ajustados al temperamento de sus personajes. Impresiona además que, al tratarse de un producto mexicano, ellos sean las voces originales —no un doblaje sobre otro idioma—. Esa apuesta aporta textura local y una cercanía que el relato agradece.

Arturo Mercado Jr., Mireya Mendoza y Luis Leonardo Suárez, respectivamente. Crédito: Diario del Istmo.

Lo vivo pesa más que el algoritmo

Cuando terminó la función y la sala quedó a oscuras, salí con una idea dando vueltas: la distancia entre Frankelda y cualquiera de nosotros no es tanta. En cada persona conviven dos fuerzas en tensión constante: una que acompaña y empuja (Herneval), y otra que sabotea y busca forzar el patrón (Procustes). Escribir, o crear, no sirve para escapar de la realidad, sino para entrar mejor en ella: tomar lo que imaginamos y enfrentarnos al miedo con esas armas. El valor no llega cuando el temor desaparece; surge cuando, a pesar del temblor, damos el siguiente paso.

En una época que celebra la IA y la velocidad de los procesos, esta obra recuerda que el arte respira al ritmo de la mano y la voz. Más que competir con la máquina en rapidez, lo hecho a pulso propone otra cadencia y otra ética de creación: imprime huella, se expone, insiste. Entonces, el “fantasma” de Frankelda deja de ser un personaje y se vuelve un emblema: la persistencia de un latido que se niega a parar. Mientras no dejemos de contar nuestras historias —con criterio propio, con errores, con la terquedad de sostenerlas en pie—, la humanidad seguirá teniendo algo que decir.

Calificación: 5 de 5

Imagen de portada: Sopitas

Referencias

Armas, P. (2022, 9 de enero). El mito de Procusto. La Voz de Galicia. https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2022/01/09/mito-procusto/0003_202201G9P14993.htm

Hablando de Cine con. (2025, 21 de octubre). HDC #158: SOY FRANKELDA | Preferimos PERDERLO TODO antes de dejar de ANIMAR [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=8SRNmkbYP90 

Pacheco, B. (2026, 5 de enero). ‘Soy Frankelda’ logra nominación en los Annie Awards 2026. Excélsior. https://www.excelsior.com.mx/espectaculos/soy-frankelda-logra-nominacion-annie-awards-2026 

Velázquez, J. (2025, 28 de octubre). “Soy Frankelda” recauda 7.9 mdp en taquilla durante primer fin de semana. Mundo Ejecutivo Puebla. https://cutt.ly/ztxxFCai

Comentarios

comentarios