Domenico Rossetti, Pelea en un puente en Venecia, 1660–1736 (Fuente).

Antes de ser conocidos por sus elegantes carnavales y sus románticos paseos en góndola, en Venecia triunfó un tipo de diversión más basta y violenta: las batallas de puentes. La ciudad estaba dividida en facciones que trataban de imponerse unas a otras a través de los combates callejeros. Incluso en el mito del origen de la ciudad encontramos ese enfrentamiento. Se dice que la ciudad fue fundada por gente de la tierra y gente del mar.

Es probable que desde sus comienzos las batallas callejeras a palos estuvieran presente en la ciudad. Los primeros enfrentamientos documentados datan del año 800 aproximadamente, aunque fue en el Renacimiento donde esta costumbre estuvo más arraigada. La facción de Castellani estaba compuesta en gran parte por constructores navales del este de Venecia, mientras que el núcleo de los Nicolotti lo componían pescadores del oeste. A menudo se enfrentaban en las calles por la posesión de un puente, sobre todo los domingos y los días festivos.

Según el historiador Robert C. Davis, estas batallas de puentes iban desde pequeñas peleas uno a uno hasta combates de tamaño medio o verdaderas guerras que se alargaban horas y que congregaban decenas de miles de espectadores. Estos bulliciosos y violentos enfrentamientos fueron parte de una larga historia de batallas civiles venecianas, organizadas alrededor y sobre las sinuosas vías fluviales de la ciudad. Los puños eran las armas principales, por eso eran conocidas como guerras de puños, aunque los participantes también arrojaban piedras o llevaban dagas. Curiosamente, en lugar de prohibir estos enfrentamientos, las autoridades locales velaban a través de ordenanzas por que no se llevaran piedras o cuchillos a los combates y castigaban a aquellos que trataban de que los disturbios se salieran del espacio del puente. Como es lógico, los participantes a menudo resultaban heridos mientras luchaban por el control de uno u otro de los de puentes de la ciudad, llegando incluso a morir en muchas ocasiones. En cada pelea se coronaba a un campeón, generando nuevas rivalidades y futuras venganzas que servían de alimento para las próximos combates.

Joseph Heintz el Joven, Ponte dei Pugni en Venecia, 1670s (Fuente).

Para entender estas batallas hay que tener en cuenta el valor simbólico de los puentes, que eran espacios fronterizos entre barrios. Así mismo, ese espacio limitaba la afluencia de combatientes, impidiendo que la batalla llegara a mayores.

En el siglo XVII, este tipo de violencia se había convertido en una de las señas de identidad de Venecia. Su popularidad atrajo a un incipiente turismo y llamó la atención de escritores y pintores. Gracias a las pinturas conocemos en gran medida el desarrollo de estas peleas: los combatientes se encuentran en el puente y luchan en una confusión de puños y brazos, sujetándose y derribándose al agua, mientras la multitud lo presencia desde ventanas y góndolas. El ambiente es más festivo que bélico.

La última de las grandes batallas tuvo lugar en 1705. Posteriormente hubo otras, pero poco a poco su importancia se fue atenuando. Tal vez, escribe Davis, el público veneciano simplemente fue perdiendo el interés. Quizá la pérdida de los Castellani en las guerras turcas había alterado el equilibrio tradicional entre las facciones combatientes. O puede que las pasiones partidistas de Venecia pasaran a dirimirse en la regata de remos. Sea cuales fueren los motivos, lo único que nos queda de los combates de puentes es a través de la mirada de los artistas que los presenciaron.

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