Pedro Fresco lo ha vuelto a hacer. Ha logrado por segunda vez condensar buena parte de una realidad energética extremadamente compleja en forma de libro accesible al público generalista. En El nuevo orden verde: Cómo la transición energética cambiará el mundo (Barlin Libros, 2020), Fresco consigue tomar una perspectiva actualizada del presente y futuro inmediato del uso de la energía.

libro 'el nuevo orden verde', de Pedro Fresco

Una sociedad es el tipo y volumen de la energía que genera, almacena y consume. Esta huella identitaria, única e indistinguible a lo largo del tiempo, es lo que nos permite mirar atrás y evaluar el potencial tecnológico y social de las diferentes civilizaciones que nos han precedido. Y, por qué no, evaluar también la dirección en la que nos desplazamos, aunque esto sea más complicado.

El año 2020, dice Fresco en su epílogo, ha sido atípico. Hace años que sabemos que vendrá una pandemia, pero no nos hemos preparado por su coste aparente, y ahora pagamos el coste real. Hace años que sabemos que necesitamos descarbonizar tantas actividades humanas como seamos capaces en el periodo más corto posible. Algunos estados, como Kiribati, ya están pagando el precio.

En su último libro, Pedro Fresco es capaz de explicarnos con sencillez y un vocabulario accesible, pero con profundidad y desde una más que notable profesionalidad, conceptos complejos que con frecuencia se trasladan de forma vaga a la ciudadanía; cuando no a través de medias verdades o directamente mediante con mensajes dirigidos a sembrar la duda y fomentar el inmovilismo.

Muchos descubriremos la complejidad del mercado de CO2 o por qué la tríada ‘tasa de carbono, dividendo y arancel de CO2’ probablemente formen parte de nuestra fiscalidad estatal más pronto que tarde a la hora de descarbonizar la economía de la que dependemos. Así como el impacto de estas medidas en la población en base a la ruta a seguir.

Este es un tema particularmente fascinante del libro. En países democráticos en los que las políticas ambientales dependen del apoyo de los votantes, diseñar una economía del carbono óptima tendrá que seguir un delicado equilibrio. A un lado, un reloj de arena mundial que funciona con grados de temperatura a no superar y que sigue acelerando, con consecuencias devastadoras; al otro, la delicada contabilidad personal de las familias y sus respectivas voces.

Tanto en el informe de la ONU Progresos realizados para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2020) como en el informe Sustainable Development Report (2020) de la Universidad de Cambridge, se analiza el inadecuado esfuerzo en materia de ODS de los últimos años, así como el probable retroceso que sufriremos cuando los recursos se centren en paliar la futura recesión.

El volumen de El nuevo orden verde menciona en muchas ocasiones la falta de adecuación entre coste económico y coste ambiental, cuya diferencia son las externalidades que esos impuestos pigouvianos a los que antes se hacía mención tratan de recortar. A pesar de todo, Fresco es optimista y el libro inspira una posible salida a través de la transición energética.

Alguno de los países más contaminantes del mundo ya han declarado la guerra a la contaminación, como es el caso de China en su último plan quinquenal. Nuevas tecnologías y una fiscalidad más responsable que grave la contaminación empiezan a implantarse tímidamente; y lo que hace unos años era impensable, como evitar tomar un vuelo por vergüenza, es una realidad.

“En muy poco tiempo consideraremos el despilfarro, tan frecuente en otras épocas y culturas como símbolo de tener una situación socioeconómica solvente, como una falta a la convivencia. Quienes lo practiquen serán objeto de miradas que los juzguen precisamente por su falta de compromiso, dejando de constituir un símbolo de estatus”

En La Piedra de Sísifo | El futuro de la energía en 100 preguntas

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