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Amazon acaba de anunciar a través de un correo electrónico a sus clientes que a partir del 20 de mayo de 2026, cualquier dispositivo Kindle anterior al 2012 ya no podrá «comprar, pedir prestado o descargar nuevo contenido a través de la Tienda Kindle», independientemente del estado en que se encuentre el dispositivo.

Esta decisión no hará que estos modelos de Kindle quede completamente obsoletos. Los usuarios seguirán teniendo la posibilidad de leer los libros ya descargados e incluso podrán descargarlos manualmente a través de un cable USB. Ahora bien, si los dispositivos tienen algún problema y hay que restablecerlos de fábrica, los usuarios no podrán volver a registrarlos.

Después de descubrir que sus Kindles pronto serán prácticamente inutilizables, muchos usuarios están expresando su indignación por redes sociales. Hay quejas de que con esta jugada Amazon trata de aumentar sus ventas obligando a comprar un dispositivo nuevo, incluso aunque no sea necesario. Otros usuarios han comenzado a compartir el proceso de jailbreaking, que elimina las restricciones de software de Amazon para que los usuarios puedan instalar aplicaciones, temas y herramientas personalizados y evitar anuncios. Por último, también los hay destacando el valor de los libros en físico, ya sea comprando o sacándolos prestados de una biblioteca.

Este caso del Kindle en funcionamiento que se vuelve inutilizable es solo un ejemplo más de obsolescencia programada y de la cada vez mayor cantidad de desechos electrónicos. Lo estamos viendo constantemente con los teléfonos móviles. Sin embargo, con estos dispositivos la excusa es que las aplicaciones nuevas que se van lanzando son cada vez más exigentes con la tecnología del dispositivo en el que se ejecutan. En un Kindle, en cambio, esta explicación está lejos de ser satisfactoria. Para simplemente leer libros y nada más que para leer libros no parece necesario utilizar dispositivos más potentes, sino que parece, de forma descarada, una estrategia para desechar aparatos más antiguos y obligar a los usuarios a comprar nuevos. La indignación, por tanto, está más que justificada.

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