Guía visual de la Editorial Bruguera.

Hay editoriales cuya historia se confunde con la de un país. Bruguera es una de ellas. Su influencia en la cultura popular española resulta difícil de exagerar: durante buena parte del siglo XX fue el gran referente del cómic infantil y juvenil, pero su legado va mucho más allá de las viñetas. Revistas, novelas populares, colecciones juveniles, libros ilustrados, humor gráfico y personajes que hoy forman parte del imaginario colectivo salieron de una editorial que marcó la educación sentimental de varias generaciones de lectores. Aunque la historia de Bruguera como tal comienza en 1940, sus raíces se remontan a la década de 1920, cuando la empresa inició su andadura bajo el nombre de El Gato Negro. En total, más de seis décadas de actividad incansable que dieron lugar a cientos de publicaciones y miles de páginas imprescindibles para comprender la evolución de la industria editorial española. Poner orden en semejante entramado dista mucho de ser una tarea sencilla.

Son varios los trabajos que han intentado cartografiar ese inmenso legado, pero es imposible hablar de ellos sin detenerse en la figura de Antoni Guiral. Su contribución al estudio de Bruguera ha sido, sencillamente, monumental. No solo es autor de buena parte de los escasos estudios de referencia dedicados a la editorial, sino que su labor divulgativa se ha extendido mucho más allá del ámbito académico. Basta recordar la coordinación de la colección Clásicos del Humor de RBA, una auténtica joya que permitió recuperar planchas que llevaban décadas sin reeditarse y que contribuyó decisivamente a poner en valor un patrimonio cultural que durante demasiado tiempo permaneció olvidado. A día de hoy, Guiral continúa trabajando para rescatar, estudiar y difundir el legado de Bruguera, una labor que merece tanto reconocimiento como la de los propios autores a los que ha contribuido a mantener vivos.

En esa misma voluntad de preservar la memoria de la editorial se inscribe Guía visual de la Editorial Bruguera (1940-1986), de Tino Regueira, publicada por Glénat en 2005 dentro de su colección Viñetas. A diferencia de otros ensayos que analizan la historia de Bruguera desde una perspectiva más académica o documental, Regueira propone exactamente lo que promete el título: una guía eminentemente visual que permite recorrer de forma rápida y muy intuitiva buena parte de la producción de la editorial. No me atrevería a decir que toda, porque probablemente sería imposible abarcar un catálogo tan gigantesco en un solo volumen, pero sí una parte muy representativa de él.

De hecho, el recorrido comienza incluso antes del periodo anunciado en la cubierta. El libro abre con un capítulo cero dedicado a El Gato Negro entre 1920 y 1939, recordando los orígenes de la empresa y tomando como uno de sus grandes puntos de referencia una publicación tan emblemática como Pulgarcito, cuya importancia para entender el posterior desarrollo de Bruguera resulta incuestionable. Es un acierto porque ayuda a comprender que la historia de la editorial no surge de la nada en 1940, sino que hunde sus raíces en una trayectoria previa que explica buena parte de lo que vendría después.

La propia estructura del libro responde a esa vocación divulgativa. Las imágenes dominan claramente sobre el texto y convierten la lectura en un recorrido casi museístico. Cada página reúne reproducciones de portadas, cubiertas, ilustraciones y materiales gráficos de gran tamaño, acompañados por breves textos que aportan la información imprescindible para contextualizarlos. La organización combina tres grandes ejes —revistas, colecciones y personajes— siguiendo siempre un criterio cronológico. Cada capítulo corresponde a una década concreta, mientras que el último se reserva al periodo comprendido entre 1980 y 1986, el año en que Bruguera cerró definitivamente sus puertas.

Ese planteamiento tiene una consecuencia evidente: el libro renuncia deliberadamente a profundizar en exceso para privilegiar una visión panorámica. Algunas publicaciones poseen un peso histórico mucho mayor que otras, pero Regueira procura conceder un espacio relativamente equilibrado a todas ellas. Solo cuando se detiene en auténticos buques insignia como Pulgarcito amplía el foco para mostrar su evolución a lo largo de las décadas y explicar cómo fue transformándose una revista que acompañó a varias generaciones de lectores.

Precisamente ahí reside la principal virtud de esta guía. No pretende convertirse en la obra definitiva sobre Bruguera ni competir con estudios mucho más exhaustivos. Su objetivo es otro: ofrecer una herramienta de consulta rápida y enormemente visual que permita hacerse una idea de conjunto de la producción de la editorial, localizar una colección concreta, resolver dudas sobre la fecha de aparición de una publicación o, sencillamente, disfrutar contemplando la extraordinaria riqueza gráfica de un catálogo que parece inagotable. En ese sentido, cumple su propósito con nota.

Quizá lo que más llama la atención al terminar el libro no sea tanto la cantidad de información que contiene como la que todavía queda por investigar. Resulta inevitable comparar la situación española con la de otros países europeos. Pienso, por ejemplo, en el lugar que ocupa una revista como Spirou dentro de la cultura francobelga, objeto de constantes reediciones, estudios, exposiciones y reivindicaciones. Frente a ello, da la impresión de que en España seguimos estando en pañales a la hora de valorar el enorme impacto que publicaciones como Pulgarcito, DDT, Tío Vivo o Mortadelo tuvieron en la formación cultural y emocional de varias generaciones. No hablamos únicamente de entretenimiento infantil, sino de un fenómeno editorial y social cuya importancia todavía está lejos de recibir el reconocimiento que merece.

Por eso libros como Guía visual de la Editorial Bruguera siguen teniendo plena vigencia dos décadas después de su publicación. No aspiran a cerrar el debate, sino a abrirlo; no pretenden sustituir los grandes estudios, sino despertar la curiosidad del lector y ofrecerle un mapa desde el que comenzar a explorar un territorio inmenso. Y, tratándose de una editorial cuya producción se cuenta por cientos de colecciones y miles de publicaciones, disponer de un mapa como este ya es, en sí mismo, una aportación de enorme valor.

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