En España, el género zombi tiene dos hitos difíciles de obviar: Apocalipsis Z, que prácticamente abrió la veda en nuestro país, y Los Caminantes, que terminó de consolidarlo al llevarlo a un público mucho más amplio. Dos obras que, además, evidencian la flexibilidad de este tipo de historias a la hora de adaptarse a distintos formatos. La primera dio el salto al cine en 2024 con Apocalipsis Z: El principio del fin, mientras que la segunda ya había expandido su universo once años antes mediante una precuela en formato cómic: Los Caminantes: Orígenes.
Un título, por cierto, algo engañoso. Porque más que narrar el origen de la plaga, este cómic se centra en los orígenes del propio universo narrativo, proponiendo una historia de supervivencia zombi bastante reconocible. Bajo la evidente influencia de George A. Romero, la acción traslada los códigos clásicos del género —centros comerciales, hospitales, espacios cerrados— a un escenario poco habitual: una ciudad deportiva en Málaga.
A partir de ahí, el planteamiento no busca reinventar la rueda. Un grupo de supervivientes se enfrenta al día a día en un mundo colapsado: búsqueda de armas, escasez de recursos, misiones de rescate y, cómo no, la aparición de esos antagonistas humanos que confirman una de las máximas del género: los vivos pueden ser más peligrosos que los muertos. No conviene esperar grandes giros argumentales ni sorpresas estructurales. Orígenes funciona más bien como esas películas de zombis que uno reconoce desde el primer minuto, en las que casi se puede anticipar quién sobrevivirá y quién caerá en el camino.
Y, sin embargo, ahí reside parte de su eficacia. Porque el cómic no pretende ser otra cosa. Se lee como una pieza ligera, directa, muy consciente de sus códigos y de sus límites. En ese sentido, resulta especialmente interesante que, pese a su condición de precuela, funcione de manera autónoma: no es necesario haber leído las novelas de Carlos Sisí para disfrutarla, aunque quienes sí lo hayan hecho encontrarán un complemento que enriquece el conjunto.
Mención aparte merece el apartado gráfico de Enric Rebollo. Su estilo, deliberadamente sucio, con un acabado que remite al boceto a lápiz y prescinde del color, aporta una textura muy particular a la obra. Lejos de empobrecerla, esta estética refuerza la sensación de inmediatez y crudeza, encajando a la perfección con el tono de la historia.
En última instancia, Los Caminantes: Orígenes ofrece exactamente lo que promete: acción constante, tensión, violencia, carreras, disparos y sangre, mucha sangre, con un trasfondo ligero que evita caer en moralinas evidentes. Porque no todo dentro del género necesita aspirar a la densidad temática de The Walking Dead. A veces basta con una historia bien ejecutada que entienda sus propias reglas y sepa jugar con ellas.

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