En 2013 se estrenó Guerra Mundial Z, dirigida por Marc Forster y protagonizada por Brad Pitt, una película basada en la novela homónima de Max Brooks. Recuerdo que en su momento me despertó bastante curiosidad. Se había optado por una gran superproducción, incluyendo a un actor de primera fila, para versionar un libro que como novela resulta muy atípica, ya que está planteada como una serie de entrevistas realizadas por el narrador, sin que exista un personaje protagonista como tal. La idea, más que seguir las vicisitudes de unos personajes, como se haría con una historia al uso, era hacer una radiografía de los comienzos y de la expansión del virus zombi, observando (con un ojo que no estaba exento de crítica) cómo cada gobierno reacciona ante esta situación tan insólita como extrema. Para versionar algo así en un lenguaje cinematográfico digerible por el gran público, por supuesto, fue necesario sacrificar la fidelidad con la historia original y aunque había mucho del libro en la película se optó por una narración más tradicional.
No era la primera vez que se hacía este tipo de experimentos con una obra de zombis de Max Brooks. Tres años antes del estreno de Guerra Mundial Z se publicó la versión en cómic de Zombi. Guía de supervivencia, que todavía rizaba más el rizo, ya que este libro tiene más de ensayo que de novela. El libro original se divide en siete secciones y un apéndice. La primera sección contiene información sobre la naturaleza del virus zombi, mientras que las cinco siguientes analizan técnicas prácticas de supervivencia y ofrecen consejos para afrontar un brote, incluyendo combate, defensa y métodos de transporte y supervivencia. El último apartado enumera ataques zombi registrados a lo largo de la historia, mientras que el apéndice es una especie de diario de un brote.
Precisamente de esta última parte del libro es de donde se ha sacado la idea de adaptar un universo en una obra cuyo subtítulo es «Ataques registrados». Cada uno de los doce ataques que componen el libro se abren con un mapa en el que se indica localización exacta y fecha. Los ataques comienzan ya en el 60.000 a.C., como indicando que forman parte de la Humanidad desde sus comienzos, y acaban en la cercana fecha de 1992, con un infectado dirigiéndose a Los Ángeles, lo que conectaría directamente con Guerra Mundial Z. En cuanto a geografía, la variedad también es bastante amplia, dando a entender que se han dado casos en los puntos más remotos del planeta.
Con este presupuesto encontramos doce historias cortas de longitud variable, que ronda entre las cuatro y las veinte páginas, una extensión que no da pie a florituras narrativas más allá de una pincelada rápida y, como ocurre en el microrrelato, un sobresalto final. La calidad de las historias es irregular, sin estar todas al mismo nivel, pero hay que reconocer que en general se disfrutan bastante, ya que casi todas ellas parten de supuestos originales y muestran inicios de brote zombi en contextos muy atípicos, con protagonistas que tienen escaso o nulo conocimiento sobre zombis.
Una característica narrativa por la que se ha optado es que no hay ni un solo bocadillo de diálogo en todo el libro. La voz en off de un narrador externo aparece con bastante frecuencia, aportando contexto o datos que nos ayudan a comprender lo que ocurre, como si se tratara de la voz de un estudioso experto en historia zombi. De esta forma, lo que vemos son más recreaciones de lo que pudo pasar que lo que pasó en realidad, como si estuviéramos presenciando un documental. La decisión refuerza el vínculo de la adaptación con el original, que recordemos que era un ensayo, y lo aleja del género narrativo tradicional.
Sin ser una obra magna, como suele ocurrir con las antologías de relatos breves, Zombi. Guía de supervivencia: Ataques Registrados se puede disfrutar bastante, siempre y cuando se sea amante del género. Si se es conocedor de la temática zombi sin duda el nombre de Max Brooks será familiar pero no es necesario conocer sus obras, ni mucho menos su guía de supervivencia, para poder entenderla, algo que no ocurre con otras obras, como por ejemplo con la adaptación en cómic que hicieron de Rec.

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