REC. Historias inéditas.

Si El proyecto de la bruja de Blair dio a conocer al gran público la técnica del metraje encontrado dentro del cine de terror, otras producciones como Paranormal Activity o REC contribuyeron a perfeccionarla, integrándola en relatos donde su uso no solo resultaba eficaz, sino plenamente justificado. En ese contexto, la combinación de este recurso formal con el auge del subgénero zombi convirtió a REC en un auténtico acontecimiento cinematográfico.

El rumbo que tomó la saga en sus sucesivas entregas es, sin embargo, más discutible. El paso de un planteamiento claramente vinculado al terror zombi hacia otro centrado en demonios y posesiones generó no poca polémica. Aun así, si hubiera que condensar las claves de su éxito, uno de los elementos imprescindibles sería, sin duda, el personaje de la niña Medeiros, encarnado por Javier Botet, cuya presencia contribuye decisivamente a la potencia inquietante del conjunto.

La franquicia se cerró con cuatro entregas —la tercera, estrenada en 2012, funcionaba como historia paralela, mientras que la cuarta, en 2014, ponía punto final—, pero entre ambas apareció REC. Historias inéditas, un cómic concebido para ampliar el universo narrativo en un momento en el que los seguidores reclamaban nuevo material. La obra reúne varios relatos breves que desarrollan tramas secundarias apenas esbozadas en las películas: una continuación directa de REC 2, dos historias centradas en los orígenes de la niña Medeiros y otras dos que profundizan en el episodio del perro infectado mencionado en la primera entrega (incluyendo la figura del veterinario que aparecerá posteriormente en la tercera película).

Sobre el papel, estas historias no encajan mal dentro del universo original. El problema surge en su ejecución. Desde su propia concepción, el cómic se percibe como una obra menor. Cada relato se abre con una falsa página de periódico que presenta los hechos desde una supuesta perspectiva periodística que resulta más bien ridícula. A esto se suma la presencia de la niña Medeiros como maestra de ceremonias, introduciendo las historias con un humor negro que remite directamente a Historias de la cripta y a su icónico Guardián.

Este recurso no solo desentona, sino que traiciona el espíritu original de REC. Convertir a la niña Medeiros en un personaje que interpela al lector o que exhibe un sentido del humor explícito supone desactivar buena parte de su fuerza como figura perturbadora. Lo que en las películas funcionaba precisamente por su ambigüedad y su carácter ominoso queda aquí trivializado.

El problema del tono se extiende al conjunto de la obra. El humor, aunque negro, no termina de casar ni con la identidad de REC ni, en general, con el tipo de terror que la saga había construido. El ejemplo más evidente es el episodio del “Copito de Nieve” poseído, un guiño que se aleja tanto del universo de referencia que resulta difícil integrarlo sin ruptura.

En el apartado gráfico, la situación no mejora sustancialmente. A pesar de contar con dibujantes experimentados, el resultado carece de verdadero peso visual. El arte cumple, pero rara vez destaca, y no logra compensar las debilidades del guion. Paradójicamente, lo más llamativo a nivel gráfico son algunas ilustraciones puntuales, siendo la más potente de todas la que aparece en la cubierta. Una elección que incluso puede interpretarse como engañosa, ya que genera unas expectativas que el interior del volumen no llega a satisfacer.

En definitiva, REC. Historias inéditas es una ampliación prescindible de un universo que, en sus mejores momentos, se caracterizó por una identidad muy definida. Puede despertar cierta curiosidad entre los seguidores más completistas de la saga o del género, pero incluso para ellos difícilmente pasará de ser una lectura menor, incapaz de aportar un valor significativo al conjunto.

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